Creando tendencia Nuevos espacios de representación

El salón rojo
El salón rojo | © La Casa De La Portera | Photo: © La Casa De La Portera

Desde hace pocos años, en la ciudad Madrid, se están abriendo nuevas salas de teatro en sitios poco convencionales. La Casa de la Portera y La Pensión de las Pulgas han conseguido crear tendencia dentro del panorama teatral.

A mal tiempo, buena cara.

La situación socio-económica ha traído consigo la apertura de espacios dedicados al teatro en lugares que no eran los habituales de representación. Algunos han sido capaces de crear y alimentar un tejido teatral al margen de lo convencional partiendo de condiciones adversas. Creadores escénicos, cansados de la falta de oportunidades, han puesto en marcha la mayoría de estas iniciativas.
José Martret, impulsor de La Casa de la Portera y La Pensión de las Pulgas, explica que estos proyectos “son viables, pero no rentables”, no pueden contratar personal y “tienen fecha de caducidad”. La Casa de la Portera cierra sus puertas en verano de 2015. “No nos vamos a hacer ricos pero nos dan otras cosas, tanto a nosotros como a los actores: es una manera de visibilizar nuestro trabajo”.
Hacer teatro en casas, o convertir tu propia casa en una sala de teatro, no es un fenómeno nuevo. En 1903, el hijo de la marquesa de Hoyos, organizó en su casa una velada a la que acudió la plana mayor de la literatura madrileña y en la que se representaron obras de Valle-Inclán, Emilia Pardo Bazán y Jacinto Benavente. El caso más conocido tuvo lugar durante la crisis argentina: el director y dramaturgo Claudio Tolcachir transformó su salón en Timbre 4 y allí mostró, por primera vez, La omisión de la familia Coleman que más tarde cautivaría al público latinoamericano y europeo.
Pequeñas salas, con escasos recursos técnicos y sin apoyo institucional donde el espectador, que también forma parte del espacio de representación, tiene una experiencia más íntima y cercana. No obstante, y a pesar de la nueva situación del público, las obras suelen ser montajes convencionales en lugares más reducidos y aún no se ha desarrollado una forma diferente de entender el teatro para estos lugares.

Comunidad de espectadores en tiempos de Internet

Pocas personas, sentadas alrededor de una habitación, mirándose a la cara y mirando a los ojos de los actores, establecen un contacto más directo entre ellos. Conviven con las vidas desconocidas de los vecinos del bloque. Puede que las nuevas salas no hayan llegado al gran público; pero los espectadores que acuden a ver sus obras han creado cauces de información alternativos en blogs y redes sociales, haciéndose participes de su sostenibilidad y llamando la atención de grandes medios. Además, tienen un efecto positivo en los pequeños comercios cercanos y son capaces de revitalizar parte del barrio.

Estar como en casa: La Casa de la Portera y La Pensión de las Pulgas

En un bajo que antes había sido utilizado como hogar de la portera, local de un grupo anarquista y piso patera para inmigrantes, José Martret y Alberto Puraenvidia, abrieron La Casa de la Portera en marzo de 2012. Buscaban un local para estrenar su versión de Chejov, Ivan-off, y al final aquella casa se ha convertido en uno de los espacios independientes más importantes y singulares de Madrid.
Atravesando un estrecho pasillo, con la taquilla al fondo, se llega a dos espacios para poco más de 20 espectadores que poco tienen que ver con una caja negra: una sala está pintada de rojo y la otra de verde; en sus techos cuelgan lámparas y en sus paredes, cuadros. Un ambiente particular, creado por Puraenvidia, que no desentona con la energía del edificio y “hace que el público tengo una experiencia teatral única”.
Manteniendo las señas de identidad de La Casa de la Portera, sus fundadores pusieron en marcha La Pensión de las Pulgas en 2013 en la antigua casa de una célebre cupletista. “La Pensión” cuenta con tres espacios, uno más que “la Portera”, y se inauguró con una particular versión de Shakespeare, MBIG (Mc Beth International Group), dirigida por Martret. Estos dos espacios han propiciado alianzas entre actores, dramaturgos y directores; y aunque todavía no son muchos, algunos están presentes tanto en el circuito off como en el convencional, creándose así puntos de unión que conectan dos mundos que no tendrían por qué permanecer separado. Otros proyectos de estas características son La Gatomaquía, las comidas del Nyamnyam en Barcelona o el Living Room Festival (Madrid/Berlín) diseñado por Juan Domínguez, Cuqui Jerez, María Jerez y Luis Úrculo. Si bien es cierto que estas salas no solucionan la crisis del sistema teatral, sí son capaces de insuflar aire fresco al panorama artístico madrileño.