Entrevista con Sebastian Schoepp Lo que Europa debería aprender de España

Imagen: Manifestación para una Europa social en la Plaza del Reina Sofía en Madrid en octubre de 2015
Manifestación para una Europa social en la Plaza del Reina Sofía en Madrid en octubre de 2015 | © Jonas Freist-Held

Sebastian Schoepp estudió en Italia y España, lo que le permitió conocer el sur en todas sus facetas, las mejores tanto como las peores. Más que la playa y el sol, lo que le entusiasma de la Europa del sur es el contacto entre las personas. A la persona allí, según Schoepp, se la percibe por su ser en medida mucho mayor que por su función. Desde 2005, Schoepp tiene a su cargo España y Latinoamérica en su puesto de redactor de política exterior en el Süddeutsche Zeitung. En 2014 se publicó su libro “Mehr Süden wagen” (o sea “Atreverse a ir más al sur”), en el que aboga por matizar la manera de ver los países mediterráneos y reclama que sus puntos fuertes sean tomados mejor en consideración en el proceso europeo de unificación.

Sr. Schoepp, ¿cuál es el papel de Europa y la política europea en el ámbito público español?

Un papel enorme. España probablemente fue en el pasado el país de toda la UE que más simpatizaba con Europa. Los españoles fueron en 2005 los únicos europeos que votaron en referéndum a favor de la constitución europea, y además con un resultado del 76 por ciento. Situado en el margen de Europa durante mucho tiempo, el país en 1986 celebró con júbilo su incorporación a la Comunidad Europea. La gente tenía muchas esperanzas puestas en el ingreso: no solo dinero, también, y sobre todo, progreso económico y social. Y ambas cosas llegaron, sin duda. El progreso social está siendo muy sostenido; el económico, por desgracia no.
 
¿Por qué España fue el país que más simpatizaba con Europa? ¿Qué ha cambiado?

Europa ha desempeñado en España un papel positivo siempre. Eso no cambió hasta aparecer la crisis. Pero no tanto por la crisis misma, sino por la manera en que los españoles consideran que Europa los trata. Se sienten tutelados, dominados desde fuera por la austeridad impuesta, de modo semejante a Grecia. Europa ha dejado de ser el portador de esperanza, para convertirse también en un poder que obliga a España a adoptar determinada forma de vivir y a renunciar a avances sociales. Por ello la imagen que se tiene de Europa ha sufrido daños permanentes.

¿Significa eso, pues, que en España se considera hoy a Europa una fuente de desesperanza?

De desesperanza no, en ningún caso. Sí es cierto que los españoles habían concebido esperanzas de ocupar un rango mejor. Esperaban que los problemas se resolviesen mediante diálogo, no por un decreto impuesto desde Bruselas. En España desean estar menos dominados desde el exterior. Les gustaría que el proceso se negociara entre socios leales.

¿Cómo ubican los españoles a su país dentro de la UE? ¿Se ven formando parte del sur europeo y se solidarizan con Grecia, o más bien fijan distancias respecto a otros países en crisis?

Al principio, cuando empezaba la crisis, fijaron distancias muy claramente. No pasaba ni un día sin que algún periódico español publicase el titular ¡España no es Grecia! En cualquier caso, España terminó luego incluida en la etiqueta “países en crisis”. La prensa financiera inglesa utilizaba aquel acrónimo tan feo, PIGS (Portugal, Italia, Gecia, España). Y de repente España se encontró formando parte de ese “sur” al que en al fondo ya no se quería pertenecer de ninguna manera. La gente había dado por hecho que habían enlazado con los puestos de cabeza de Europa.

¿Puede hablarse en general de “el sur”?

“El sur” dicho así es algo que nunca existió. Fue a partir de la crisis cuando hubo motivos para descubrir de repente puntos en común. La solidaridad está allí enraizada en el plano social, y es practicada ante todo mediante el intercambio y en redes de contacto social. La gente se da cuenta de que, en virtud de evoluciones históricas similares, la afectan mucho los mismos problemas sociales y económicos. En todo caso, esta percepción no se ve reflejada en la política actual. Esa es la razón de que tampoco se haya formado hasta la fecha ninguna alianza del sur. Los distintos ámbitos políticos son demasiado diferentes para que eso ocurra.

¿Fijan distancias entre ellos?

Los conservadores que mandan en España tienen terror, igual que los conservadores griegos, a ser barridos por un movimiento izquierdista de protesta, que también es muy fuerte en España. Por ello durante los meses pasados han intentado fijar claras distancias frente a Syriza. Entre la población, en cambio, mi impresión es que hay una intensa solidaridad con Grecia. En diciembre se podrá comprobar en qué medida este ambiente se traduce en votos en las inminentes elecciones al parlamento.

¿Qué le parece el ambiente previo a las elecciones? ¿Qué se exige: menos Europa, más Europa, otra Europa?

Otra Europa, está totalmente claro. El país no cuestiona a Europa en sí misma. Europa sigue siendo un portador de esperanza. Pero el país quiere otra forma de tratar con ella. No es euroescéptico ni siquiera el partido de la protesta, Podemos. Lo único que querrían son reglas distintas. La gente desearía una Europa que funcione según reglas con criterios sociales, no con las del capitalismo de los mercados financieros.

¿Qué percepción hay en España acerca del papel de Alemania en la crisis del euro?

La gente percibe que Alemania tiene un papel absolutamente dominante. Es así en todo momento, todos los días, en cualquier lugar, por todas partes. La gente se siente oprimida. La actitud de España ante Alemania había sido siempre de hecho entre neutral y positiva. Los españoles nunca han conocido la faceta de ocupantes de los alemanes, sino siempre la de turistas. En mi opinión, los españoles tampoco es que tengan tanto, de ninguna manera, en contra de un papel dirigente de Alemania. Hay cierta confianza en la capacidad alemana. En cualquier caso, los españoles querrían verse tenidos en cuenta. No les gusta sentirse periferia.

¿Hay demasiado poco interés por España en las noticias alemanas en medios de comunicación?

Si hubiera en España un giro a la izquierda, el país volvería a centrar de inmediato la atención. En este momento, las noticias han dejado totalmente de discriminar entre los países del sur que no están a la altura del modelo económico alemán. Al haber llegado resistencia desde Grecia, el país ha pasado a un puesto de cabeza en el ámbito público Alemán. Mientras en España –digámoslo tajantemente– reine la tranquilidad, se mantendrán dentro de sus límites la crítica y la publicación de noticias. De la crisis inmobiliaria se informó generosamente. También se escribe mucho sobre la migración laboral de jóvenes académicos. Y sin embargo: más allá de las playas, no se sabe gran cosa sobre España. La imagen que los alemanes tienen de España se define por Mallorca y otros clichés.
El libro que publicó hace poco se titula Atreverse a ir más al sur.

¿A qué quiso referirse con ello?

Por lo que hace a economía, cultura y sociedad, España ha tenido una evolución completamente distinta a la de Centroeuropa. La revolución burguesa y la revolución industrial no se produjeron de la misma forma. La Ilustración llegó con retraso, algo que tuvo que ver con el papel predominante de la Iglesia católica en España. Todo ello llevó a que se desarrollase un modelo socioeconómico distinto. El filósofo español Goytisolo dijo una vez que en España nunca terminó de llegar del todo el homo oeconomicus. Pensar en términos económicos y el progreso económico son cosas que nunca han llegado a desempeñar en España ningún papel fundamental. El éxito individual no es aquí un patrón para medir si la vida es buena o tiene éxito.

¿Qué otro criterio es entonces característico de la sociedad española?

La idea comunitaria desempeña en España un importante papel. Así se puede ver, en particular, en la fuerza de la cohesión familiar. Muchos jóvenes viven aquí en casa de los padres mucho más tiempo que en otros países europeos. Eso constituye una diferencia cultural fundamental. Es algo que nos lleva a mirar a España de cerca con actitud ligeramente crítica. Pero, en cualquier caso, la solidaridad familiar, la idea comunitaria y una vecindad estrecha tienen también ventajas significativas. Han ayudado a España a ir sobrellevando la crisis. Hay que decirlo así con toda claridad.

¿Cuál puede ser la aportación de España a la prosperidad futura de la UE?

En España, el estado social no ha sido más que un fenómeno transitorio. Exactamente con la misma rapidez con que se construyó, se ha procedido luego a desmontarlo durante la crisis. Y si España lo soportó, fue solamente porque podía contar con su intensa solidaridad familiar. Ese es un gran valor que entre nosotros goza de muy escasa estima. Y de ello se podría aprender alguna que otra cosa. Entre nosotros predominan el éxito individual y cierta mentalidad de meter el codo. La intensa idea comunitaria española cala positivamente en la cohesión social. Y eso en último término podría hacer que Europa tuviera más éxito.
  S. Schoepp | © Sebastian Schoepp
Sebastian Schoepp, redactor de política exterior del Süddeutsche Zeitung, dio clase muchos años en un programa formativo para periodistas en la Universidad de Barcelona.

Esta entrevista fur publicada originalmente en octubre de 2015 en: sagwas.net