Españoles jovenes en Berlín Europa es la oportunidad, Berlín el futuro

Carlos en el Trespassers
© Jonas Freist-Held

Lo que Carlos quería era ser profesor en España. Años después, y tras algunos rodeos, está a punto de convertirse en profesor en Berlín.

“¿Por qué Berlín?”, le pregunto mientras tira mi cerveza detrás de la barra. Lleva ya más de dos años y medio trabajando en el bar latinoamericano del distrito berlinés Mitte. Carlos tiene 31 años y vive en en Berlín desde hace tres.
 
Se crió en Aguilar de Campoó, un pequeño pueblo de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, en el norte del país. Para sus estudios le atrajo Salamanca, a 250 kilómetros, una de las ciudades unversitarias más antiguas de Europa.
 
En 2007 terminaba la carrera de Sociología, a la que añadió un máster en Pedagogía; aprobó también, y con la mejor nota, el “Curso de Adaptación Pedagogica”, similar al Referendariat (formación en prácticas) alemán. La intención de Carlos era enseñar Geografía e Historia. Tras aprobar un examen de la ciudad de Madrid, pasó a una lista de espera de la capital española. Faltaba poco tiempo para su nombramiento como funcionario público. Sin embargo, todo iba a suceder de otra forma.

Por primera vez en lista de espera

En 2008, el Estado congeló la contratación de nuevo personal docente. La crisis había golpeado duro a España, y el Estado tenía que economizar donde fuera. El sector educativo se llevó un golpe particularmente fuerte. Para hacer tiempo mientras tanto, Carlos decidió ceder a su pasión por la música. Empezó estudios de Musicología en La Rioja.
 
Una vez terminados, seguía aún en la lista de espera. Se mudó a Madrid, donde se mantuvo a flote con pequeños trabajos ocasionales de todo tipo y con la ayuda de sus padres. Todos los días esperaba que lo convocaran. Pero en vano. “Fue duro, una época muy difícil para mí”, recuerda. La sociedad entera padecía el mandato europeo de austeridad.
 
El 15 de mayo de 2011 surgió en Madrid uno de los mayores movimientos de protesta de la reciente historia europea: el 15-M. Millones de personas salieron a las calles al mismo tiempo en más de 50 ciudades españolas. Protestaban contra la corrupción rampante en la clase política española, contra el sistema capitalista-financiero y los bancos que, tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, exigían a cientos de miles de personas el reembolso de créditos que nadie estaba en condiciones de pagar. Los desahucios y embargos estaban a la orden del día.

Manifestación del 15-M en la Puerta del Sol, en el corazón de Madrid, 2011 Manifestación del 15-M en la Puerta del Sol, en el corazón de Madrid, 2011 (Fotografía: Carlos)

“La gente en España despertó de repente, todos a la vez”, cuenta Carlos. “Todos los días había manifestaciones.” Carlos fue uno más en muchas concentraciones y en las denominadas “asambleas”. Las asambleas fueron reuniones según los principios de la democracia de base, en las que la gente compartía su enojo con el Estado español y sus problemas personales. Entre la población, la solidaridad fue enorme. “Allí donde se podía ayudar, allí se ayudba”, refiere Carlos.

“Aquello me cambió totalmente la vida”

En junio de 2012 llegaron a su fin los largos años de relación entre Carlos y su novia. A los cinco años de haber terminado su primera carrera, seguía aún en la lista de espera para trabajar de profesor. “Quería salir de allí”, afirma. En agosto compró un billete para Berlín, con el vuelo de vuelta para tres meses después. “Siempre había querido conocer Berlín.” Se inscribió en el curso de alemán.
 
“Los primeros meses fueron difíciles”, reconoce. “No tenía trabajo, no entendía el idioma... Me dio muchísimos quebraderos de cabeza. Pero era una aventura.” Dejó pasar el vuelo de vuelta. Al preguntarle su familia cuándo iba a volver, respondió: “No lo sé.”
 
En la primavera de 2013 encontró a través de la Oficina de Empleo un trabajo en el bar Trespassers. Hizo amistad con su jefe, un guatemalteco. “Me ayudó a saber arreglármelas en Alemania”, refiere Carlos. “El invierno en Berlín era un gran desafío. Hacía frío y estaba oscuro.” A ello se añadió el trabajo intensivo: trabajaba 65 horas a la semana en el Trespassers, a las que se sumaban los cursos de idioma diarios. “No tenía prácticamente nada de tiempo libre. El jefe era flexible, pero la Oficina de Empleo no.” Para seguir percibiendo la ayuda tenía que demostrar progresos en la academia de idiomas.
 
El contacto con alemanes también parecía ser difícil. “La vida aquí es menos espontánea, todo está organizado. No deciden simplemente en cualquier momento ir a tomar una cerveza al bar que está doblando la esquina.” Los alemanes, añade, son muy directos. Es algo a lo que Carlos necesitó tiempo para acostumbrarse. “Pero tiene también su lado bueno”, considera hoy.
 
Cuando se decidió a quedarse en Berlín, se había puesto el objetivo de aprender alemán con nivel C1. Con el certificado de idioma pretendía volver a España y dar clase de música en algún centro de enseñanza bilingüe. Y tampoco ha olvidado todavía el sueño de ser profesor en Madrid. “Aprender el idioma puede ser un punto extra para que te contraten de profesor. El alemán en particular tiene mucha demanda en España.” Durante los dos primeros años en Berlín esperó añorante que le llamaran desde Madrid. En vano.
 
En su segundo año, Carlos dudó de si tenía sentido haberse mudado a Alemania. Su objetivo de trabajar en la enseñanza había ido postergándose a una lejanía cada vez más remota. Quería más estabilidad, y algo de vacaciones de vez en cuando. Aparte de en Navidades, durante los últimos tres años ha estado en España solo dos veces. Pero entonces se le ofreció de repente una nueva opción: la Oficina de Empleo iba a darle una colocación de profesor en Alemania. Requisito: nivel de alemán C2.

De visita en el Trespassers. Carlos lleva ya más de dos años y medio trabajando en el bar latinoamericano del distrito berlinés Mitte. De visita en el Trespassers. Carlos lleva ya más de dos años y medio trabajando en el bar latinoamericano del distrito berlinés Mitte. (Fotografía: Jonas Freist-Held)

Sin Europa no habría sido posible nada de esto

En otoño de 2015 Carlos empieza el curso de alemán C2. Y en el siguiente curso escolar podría empezar ya a trabajar de profesor en Berlín. La Oficina de Empleo está traduciendo ahora sus certificados españoles. Lo rápido que pueda ir el proceso dependerá de que se reconozca la validez de todos los documentos. Puede ser que tenga que aprobar el proceso alemán de formación en prácticas, o quizá pueda empezar directamente como profesor adjunto. “Lo que más me gustaría sería dar clase de música y geografía en un centro de secundaria en Berlín”, explica.
 
“Que llegaría a trabajar de profesor en Alemania –dice con una mueca–, eso no me lo habría podido imaginar.” Hoy da una impresión de equilibrio, de estar feliz. Después de tres años tiene ya aquí en Berlín el corazón y la cabeza, y ha hecho muchas amistades. Y se ha echado otra novia: una chica griega. Me intereso para saber si hay entre ellos discusiones políticas sobre la UE.
 
Se ríe: “Por desgracia, a mi novia no le gusta discutir de política tanto como a mí. Pero sin la UE no estaríamos hoy viviendo donde estamos viviendo.” Le gusta ser europeo, añade. “La Unión Europea es una construcción única en su género y algo particular. Aunque no estoy de acuerdo con la ideología política predominante ahora mismo en Europa.”
 
Hoy Carlos sigue en la lista de espera en España. Pero ya le da igual. Piensa que su futuro está en Alemania. “Berlín –dice levantando la vista del grifo de la cerveza–, Berlín, ya se sabe en todo el mundo, tiene fama de ser una ciudad de libertad donde cualquier locura se hace posible.” Justamente por eso, Berlín.

segunda publicación
original en: sagwas.net