Juegos de mesa Un maravilloso pasatiempo

Alemania es el país de los juegos de mesa
Foto (recorte): © ebednarek - Fotolia.com

En la era de los videojuegos, los juegos tradicionales de mesa distan mucho de tener los días contados. Todo lo contrario, los juegos alemanes sin ir más lejos son muy populares incluso fuera de sus fronteras.

Poco a poco, el grupo de jugadores se aproxima. Las personas se saludan, hablan un poco, el pequeño perro Luna se acomoda debajo de la mesa. Las cuatro mujeres, de entre cincuenta y ochenta y tantos años, enseguida se enfrascan en el juego de cartas. “Nos conocimos hace veinticinco años a través de un anuncio del periódico. Desde entonces, nos encontramos cada dos semanas para jugar Doppelkopf”, dice Barbara Böhlke, haciendo referencia al popular juego de cartas alemán para cuatro jugadores. Desde hace un cuarto de siglo, la noche de cartas es una cita importante que anotan en sus agendas.

La pasión por el juego... Esta partida de Doppelkopf del norte de Alemania no es la única de su especie: el 47% de los alemanes pasan su tiempo libre, al menos de vez en cuando, con tableros, cartas u otros juegos de mesa, como constató el Instituto de Investigación de Mercado Ipsos en 2015.

El Encanto y el enigma del juego

La necesidad de jugar está profundamente arraigada en el ser humano. El juego es una diversión, motiva y facilita procesos de aprendizaje. El dramaturgo y poeta alemán Friedrich Schiller ya reconoció la importancia de los juegos: “El ser humano sólo juega cuando hace gala de su verdadera naturaleza como ser humano, y sólo es plenamente humano cuando juega”.

Sin embargo, hasta ahora no existe una definición unánime de lo que puede entenderse como un juego. La pregunta de por qué el acto de jugar es divertido aún no ha sido aclarada de forma concluyente. El hecho de que el juego sea tan difícil de aprehender quizá tenga que ver con las contradicciones inherentes a su naturaleza: si, por un lado, ofrece un escape de la vida cotidiana, por otro, sólo funciona si los jugadores se sometan a unas reglas. Y el hecho de que jugar sea divertido no excluye que se juegue con gran seriedad. Por último, el juego permite muchas cosas que no son posibles en la realidad: asumir diferentes papeles y arriesgarse sin sufrir las consecuencias, además de triunfar y lograr el reconocimiento de forma relativamente fácil.

Para Harun Maye, investigador en el Instituto Internacional de Investigación sobre Tecnologías Culturales y Filosofía en los Medios (IKKM) de la Universidad Bauhaus de Weimar, un buen juego necesita ante todo ser ‘resistente’ a las repeticiones. Si un juego no vale la pena para ser jugado varias veces tampoco sirve para ser jugado unun par de ellas".

El juego como factoR económico

Alemania podría considerarse el país de los juegos. No sólo porque quedar a echar una partida sea una parte integral del ocio, como en el caso de Barbara Böhlke y sus amigas forofas de Doppelkopf. En Alemania también se concede el más importante premio del sector, una suerte de premio anual al juego. SPIEL, la mayor feria internacional de juegos abierta al público, se lleva a cabo anualmente en la ciudad de Essen. En la Alta Franconia se publica Spielbox, la revista sobre juegos de mesa de mayor tirada y proyección mundial. “Con la venta de más de treinta millones de juegos, se genera una facturación anual de 400 millones de euros”, dice Hermann Hutter, presidente de la Asociación de Fabricantes de Juegos, para explicar la situación del mercado. Por otra parte, los juegos alemanes son un éxito de exportación: entre el 20% y el 50% se venden en el extranjero.

Típicamente alemÁN

El éxito internacional surgió a raiz de Los colonos de Catán, un juego de culto desarrollado en Alemania. Antes de su vigésimo cumpleaños, en 2015, el juego ya se había vendido más de 22 millones de veces y se había traducido a más de treinta idiomas. Desde entonces, juegos de mesa alemanes como Catán y Carcassonne han adquirido un gran prestigio internacional. Es más, los juegos de mesa que se conocen como de “estilo alemán” crearon escuela: se trata de juegos de autor, temáticos, con reglas relativamente fáciles y una duración razonable. La expresión German style (estilo alemán) ya no se refiere al país de origen sino que se utiliza como sinónimo de juegos sofisticados y de gran calidad.

la Competencia digital

El sector de los juegos analógicos asegura no temer la competencia digital. Después de todo, en 2015 la demanda de juegos de mesa y de cartas en Alemania aumentó un 11 % en comparación con el mismo período del año anterior. Hermann Hutter confía en una “buena convivencia” de los juegos analógicos y digitales. Además, los nuevos juegos híbridos (la combinación de un juego de mesa clásico con algún componente electrónico) ahora constituyen un nuevo género que posibilitan experiencias fuera de lo común: por ejemplo, que en el smartphone se expliquen las reglas, se puedan seguir las jugadas y se cuenten los puntos, o que una tablet sirva como tablero. También se tiende cada vez más a hacer aplicaciones basadas en juegos de mesa de toda la vida para poder reproducirlos en el smartphone.

Pero también existen otras reglas que salvaguardas a los juegos de la competencia digital: por ejemplo, los juegos de rol conocidos como de con papel y lápiz, si bien los participantes asumen personalidades ficticias y viven una aventura juntos que se desarrolla gracias a una narrativa, el papel y el lápiz que se utiliza para hacer las anotaciones son primordiales. A menudo también son necesarios unos dados u otros elementos aleatorios. Según la opinión de Harun Maye, la combinación de un juego de mesa con una narrativa improvisada, como Das Schwarze Auge (i.e., El ojo negro), constituye la vanguardia del juego de mesa analógico: vivir una aventura gracias al acto de contar “no puede ser simulado por un juego de ordenador, sólo se puede experimentar en torno a una mesa”. Socializar forma siempre parte de la diversión de un juego, una declaración que Barbara Böhlke sólo puede confirmar: “Crecí con juegos de cartas y me gusta jugar, pero lo más importante de nuestras veladas de cartas es que nos entendamos y lo pasemos bien.”