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Aniversario de la currywurst
La currywurst, un ícono de la cocina alemana

Puesto de currywurst en Berlín, la cuna de este manjar alemán para llevar.
Puesto de currywurst en Berlín, la cuna de este manjar alemán para llevar. | Foto (detalle): © picture-alliance / imageBroker / Karl F. Schöfmann

Nombre usted un plato alemán que no sea el asado de cerdo con bolas de patata o codillo asado con chucrut o ensalada de patatas: ¿cuál le falta? La currywurst, por supuesto. Este tentempié especiado cumple setenta años.

De Carsten Sebastian Henn

El himno nacional culinario de Alemania no podía sino hablar de la currywurst: “Gehse inne Stadt / wat macht dich da satt – ’ne Currywurst. / Kommse vonne Schicht / wat schönret gibt et nich / als wie Currywurst”. (Si vas a la ciudad / ¿qué te puede saciar? Una currywurst. / Si sales de trabajar / no hay nada mejor / que una currywurst.) El músico Herbert Grönemeyer inmortalizó en 1982 a la currywurst como consuelo del alma e inmejorable acompañante de la cerveza en un memorable monumento musical, aunque ni el texto ni la música son suyos. De hecho, se jactó de no ser tan fan de la salchicha a la  salsa de curry. En cualquier caso, debe de ser el único en Alemania, donde cada año se consumen  más de ochocientos millones de currywürste, es decir, diez por habitante. Cualquier político que quiera mostrar cercanía a la muchedumbre en unas elecciones, solo tiene que blandir resuelto un tenedor de plástico y dejarse fotografiar al lado de un puesto con su plato de currywurst y patatas fritas. Se dice, incluso, que el ex canciller Gerhard Schröder fue reelegido en 2002 solo por confesar que su plato favorito era la currywurst. Por lo menos, en cuánto a lo culinario se refiere, la camarada de los jefazos también lo es de los colegas.

Se dice que el ex canciller Gerhard Schröder fue reelegido en 2002 solo por confesar que su plato favorito era la currywurst. Se dice que el ex canciller Gerhard Schröder fue reelegido en 2002 solo por confesar que su plato favorito era la currywurst. | Foto: © picture-alliance/dpa/dpaweb / Andreas Altwein.

La currywurst no es solo una salchicha con salsa

Pero, ¿qué pasó? ¿Cómo se convierte precisamente la currywurst en un ícono de la cocina alemana? Este plato aderazado con una especia del sudeste asiático, ¿no resulta demasiado exótico para el gusto alemán? Por más que en la novela de Uwe Timm El descubrimiento de la currywurst), publicada en 1993 y traducida al español en 2003, se defendiese con elegancia la tesis de que el plato fue inventado en Hamburgo, Lena Brücker, su personaje literario, no inventó la currywurst en la ciudad hanseática en 1947. Este honor correspondería dos años después a la berlinesa Herta Heuwer, y su historia también merecería ser contada en un libro. Herta Heuwer regentaba un puesto de comida callejera desde el verano de 1949 en la esquina de las calles Kantstrasse y Kaiser-Friedrich-Strasse, en el barrio de Charlottenburg, donde inventó la currywurst el 4 de septiembre de ese mismo año. Mejor dicho, inventó la salsa que servía con la salchicha. La especia, según ella, se la suministró un soldado inglés. En 1959 hizo patentar la salsa con el nombre de “Chillup” un neologismo a partir de “Chili” y “Ketchup”, aunque la berlinesa insistía en haber usado solamente pulpa de tomate y especias.

Placa conmemorativa de la madre de la currywurst en Berlín. Placa conmemorativa de la madre de la currywurst en Berlín. | Foto: picture-alliance/dpa/Alina Novopashina ¿Una historia demasiado bonita para ser real? Ni siquiera la hemos contado hasta el final.
 
Entra en escena Max Brückner, un carnicero de Johanngeorgenstadt en la región de los Montes Metálicos. Brückner fabricó en Berlín un embutido sin usar intestinos, el “Spandauer sin piel”, ya que en aquella época las tripas naturales eran un lujo escaso. Pero resultó más complicado de lo que se pensaba que la gente comprara esa salchicha. Nikolai Wojtko desvela el genial tejemaneje del que se valió en el periódico gastrosófico Epikur: “A Brückner le hablaron de la ingeniosa Herta Heuwer. El socio menor de Max Brückner inventó con ella una salsa especiada a partir de ketchup, que ayudaría a vender el producto. El concepto de marketing era muy simple: la salsa cubriría la salchicha de forma que no se viese que no tenía piel. Solo después de que triunfase la currywurst, la salchicha sin piel pudo darse a conocer como  la misma que surgió debido a la necesidad de la época. En dicha salchicha entraba todo lo que el carnicero no podía aprovechar de otra manera bien picadito, pues su nombre, Bratwurst, deriva del relleno, Brät, el picadillo, y no de su forma de cocción, Braten, que vendría a ser asar o freír, según el caso.” Herta Heuwer sí que había desarrollado antes otra salsa de curry, pero el éxito se produjo gracias al mejoramiento que supuso esta colaboración.

Símbolo de individualidad culinaria

Hace tiempo que la currywurst se emancipó. En el país de las patentes y las normas, de los reglamentos de parques y jardines y de la ley de pureza de la cerveza, la currywurst no está sometida a ningún tipo de regulación, es más, casi se ha vuelto un símbolo de individualidad culinaria. La preparación, el peso y el grado de cocción no están reglamentados y tampoco está definido si la salchicha debe tener piel o no, si la salsa debe de estar fría o caliente o si basta acompañarla de ketchup y curry en polvo. También la trufa y el pan de oro le quedan bien. La mayoría de las veces se sirve en bandeja de cartón, aunque también se ve sobre porcelana y acompañada de champán. Cocineros famosos como Tim Mälzer o Frank Rosin publican sus propias recetas definitivas de currywurst. A día de hoy, este plato supera las diferencias salariales y educacionales. En los chistes, la salchicha y  la universidad parecen trabajar codo con codo: ¿Qué le dice un físico sin trabajo a uno con trabajo? “¡Una de currywurst con patatas fritas, por favor!” Alemanian, una salchilandia unida.

Para terminar, una currywurst: desde hace décadas, la aclamada pareja de comisarios de Colonia de la popular serie dominical “Tatort” termina casi siempre sus casos con una currywurst a orillas del Rin. Para terminar, una currywurst: desde hace décadas, la aclamada pareja de comisarios de Colonia de la popular serie dominical “Tatort” termina casi siempre sus casos con una currywurst a orillas del Rin. | Foto: picture-alliance/ Sven Simon

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