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Fotografía
Entre ficción y documentación

“Make Up” (2017) de la serie “Maskirovka” de Tobias Zielony
“Make Up” (2017) de la serie “Maskirovka” de Tobias Zielony | Foto: Courtesy KOW, Berlin © Tobias Zielony

¿Por dónde discurre el límite entre la vida real, la realidad física y lo citado? El fotógrafo Tobias Zielony es conocido por sus fotografías de adolescentes de zonas urbanas desfavorecidas. Una conversación sobre su obra y los límites del realismo y la documentación.

De Petra Schönhöfer

Tobias Zielony es conocido por sus fotografías de adolescentes de zonas urbanas desfavorecidas. Habían despertado ya su interés en su época de estudiante en la localidad industrial  de Newport. Muchas de sus fotografías son retratos. Muestran cierta tensión entre verdad y ficción, entre escenificación y espontaneidad. Una entrevista sobre la relación entre fotografía y realidad y sobre el fin de la era sociodocumental.
 
El fotógrafo Tobias Zielony es conocido, entre otras, por sus fotografías de adolescentes de zonas urbanas desfavorecidas. El fotógrafo Tobias Zielony es conocido, entre otras, por sus fotografías de adolescentes de zonas urbanas desfavorecidas. | Foto: © Halina Kliem Con “The Fall”, el Museo Folkwang de Essen inaugura el 25 de junio de 2021 la primera retrospectiva de su obra. En el texto de presentación se lee: “Zielony trabaja en la intersección entre las enunciaciones ficticias y las documentales”. ¿Podría usted aclarar esta contraposición que se da en su obra?
 
Volviendo la vista atrás, no puedo decir tan claramente ni mucho menos que sea posible separar esos ámbitos, ni que haya sido posible alguna vez, me refiero a lo documental y lo ficcionalizado. Al principio empecé trabajando con criterio documental porque había estudiado fotografía documental. En mis primeros trabajos en Newport, el objetivo era, de hecho, algo parecido a reflejar una situación social, sociopolítica. Aquello salía aún de una tradición, algo muy político: la clase trabajadora, la explotación, el desempleo, o sea temas totalmente clásicos. Pero ya mientras estudiaba, y por una parte gracias a las indicaciones de quienes me enseñaban, pero también por lo que yo mismo observaba, entendí que tampoco esa manera documental de trabajar está, de ninguna manera, libre de ideologías ni narrativas de alguna clase, no está libre de ficcionalización. Antes bien, se basa en ello, e incluso intenta reforzarlo. Está intentando decir: aquí están siendo explotadas estas personas y he aquí el ejemplo que lo muestra. Por otro lado, al mirar mis obras concretas surge una pregunta: ¿cuál es la realidad vital de estas personas, en el caso de personas jóvenes principalmente, a las que he fotografiado? ¿Dónde se encuentra aquí el límite entre la vida real, efectiva, la realidad física y lo citado?
“BMX” (2008), de la serie “Trona”, para la cual Tobias Zielony viajó a Trona, pequeña localidad californiana dedicada a la industria química. “BMX” (2008), de la serie “Trona”, para la cual Tobias Zielony viajó a Trona, pequeña localidad californiana dedicada a la industria química. | Foto: Courtesy KOW, Berlin © Tobias Zielony Aun así, hoy existe también fotografía, por ejemplo la fotografía periodística o también la del periodismo de guerra, que reclama la pretensión de mostrar la realidad.
 

Me parece que aquí el concepto realismo tiene su importancia, porque a fin de cuentas es siempre como una marca con la que puedes terminar agotándote del todo. Y que también, por supuesto, cambia con el tiempo, por más que pensemos: ¡Pero si la realidad es siempre la misma! Pero el hecho es que el realismo de por sí se encuentra ya siempre en relación con la realidad supuesta. En la fotografía se da por sentado sin perder más tiempo que lleva incorporada dentro una máquina de realismo, la cual funciona independientemente de la fotógrafa o el fotógrafo. Y a eso se suma también otra cosa, al ser el proceso de registro un proceso mecánico o fotoquímico. Y hay una semejanza muy elevada con lo representado. Y, pese a todo, sigue ahí la cuestión: ¿qué es la realidad? Por una parte, es eso que tenemos delante materialmente de hecho y que también podemos verlo, pero en verdad es también un caos gigantesco. Y en nuestra cabeza, en nuestros relatos sobre el mundo, todo eso lo clasificamos en estructuras. La fotografía forma parte de ello, pero yo nunca estoy fuera de ello. El concepto realismo, por eso, sirve bien para hablar sobre la relación de la fotografía con el mundo y con las personas.
 
Esta forma de fotografía ¿sigue siendo hoy capaz de provocar impactos visuales?
 

Pienso, sí, que la fotografía puede causar impactos visuales, pero estos impactos se han vuelto parte de nuestra vida y hay que emplear un concepto de realismo totalmente distinto. Cuando estamos diciendo que utilizamos imágenes para reflexionar sobre nosotros y sobre el mundo y los demás y para comunicarnos con ellos, el hecho es que ESO es nuestra realidad. También cuando esa realidad acontece en imágenes y palabras o en redes sociales. Si nos empeñamos en meternos por dentro de esa estructura de cierta complejidad, la fotografía tiene ahí un papel y proporciona acicates. Pero el ideal clásico de una fotografía objetiva sociodocumental no puede funcionar por sí solo.
 
¿Interviene también ahí el hecho de que con los móviles y las redes sociales todos nos hayamos vuelto fotografiantes?
 

¡Sí, cómo no! El hecho es que sacar fotografías del mundo fue en otro tiempo un privilegio. El acceso era muy restringido. Después, ya hubo más personas que pudieran fotografiar, pero ¿veía alguien esas imágenes? Si no aparecían en alguna publicación de prensa, eran en el fondo invisibles. La situación, no hace falta decir, es completamente distinta hoy. Podría decirse que, a su manera, se ha democratizado. De modo que todo el mundo somos a la vez gente que produce y que consume. Y también gente que transmitimos, y que estamos en circulación. Estamos viviendo un cambio de época, el cual significa en el fondo que la fotografía sociodocumental cede el relevo a procesos en los que están implicadas casi todas las personas.
 
De sus imágenes, muchas son retratos. El surgimiento de las redes sociales ha cambiado también esencialmente la idea del sí-mismo y su representación. Ya no podríamos pensar de ningún modo en un mundo sin selfis...
 

El retrato es un género interesante para reflexionar sobre la cuestión de la obra documental y la realidad. En mi opinión, el retrato es algo que se entiende muy bien en la pintura y en la fotografía. Está claro que una imagen nunca podrá reflejar a ninguna persona tal como es en realidad. Es que somos seres con cuerpo, somos tridimensionales, tenemos pensamientos y una vida antes y después del momento de la toma. Un retrato es, inequívocamente, una forma de condensación y de ficcionalización. Por otra parte, hay ese momento, que no se deja definir con claridad, en el que alguien dice: “En esta imagen tal o cual persona sale exactamente como yo la conozco”. No es algo que pueda agarrarse objetivamente. Con los selfis, lo que estamos haciendo continuamente son retratos en los que no se trata de mostrar cómo eres, sino cómo te gustaría ser. Y llegados aquí se entiende lo difícil que es esta relación entre imagen y persona, o bien entre imagen y realidad. “Un retrato es, inequívocamente, una forma de condensación y de ficcionalización”: “Yusuke” (2020), “Red Mask” (2019), “Snakepool” (2020) de Tobias Zielony (de izq. a dcha.) “Un retrato es, inequívocamente, una forma de condensación y de ficcionalización”: “Yusuke” (2020), “Red Mask” (2019), “Snakepool” (2020) de Tobias Zielony (de izq. a dcha.) | Foto: Courtesy KOW, Berlin © Tobias Zielony

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