Berlinale-Blogger 2017 Cuba, o las ganas de vivir

“Últimos días en la Habana” de Fernando Pérez
“Últimos días en la Habana” de Fernando Pérez | © Jaime Prendes

El cineasta Fernando Pérez buscó entre más de 20 vecindarios de la Habana vieja para encontrar la localización de “Últimos días en La Habana”, la película que presentó en la sección Special de la Berlinale.
 

En uno de estos vecindarios populares es donde viven Miguel y Diego, dos amigos unidos por el pasado pero separados por sus personalidades antagónicas. Miguel, de 45 años, introvertido, gris, misterioso, trabaja como lavaplatos en un restaurante, a la espera de obtener la visa le permita emigrar a los Estados Unidos.
 
Diego, gay, tiene su misma edad y se encuentra postrado en la cama en la fase terminal del sida. Pero sus ganas de vivir son enormes. Es extrovertido, hablador, jovial. Pero también es completamente dependiente de Miguel, a quien reprocha su falta de vitalidad.
 
Últimos días en La Habana no es una película de consignas revolucionarias ni contrarrevolucionarias, pero sí que posee un elegante fondo de crítica y protesta. Y a eso contribuye la llegada de Yusisleidys, la sobrina de Diego, una adolescente embarazada cuyo descaro y brutal honestidad le acarrean problemas con las autoridades. “Yusisleidys es una ventana abierta de lo que yo quisiera para los jóvenes cubanos. Conozco a muchos que tienen iniciativa, principios, pensamiento propio, y quieren expresarlo. Ese espacio abierto es una de las cosas que quiero proponer con la película”, comenta Pérez en entrevista con #Berlinaleblogger.
 
Las relaciones humanas se sitúan por encima de los contextos. Últimos días en La Habana es un homenaje a una amistad inusual, pero también una declaración de amor a la capital cubana y su alegre idiosincrasia. “En las vidas de muchos cubanos hay simpleza”, comenta el director de Suite Habana. “Pero también una forma de enfrentar la vida con profundidad. Pensamos que son gente primaria pero al final son más profundos que uno mismo, que se atormenta y no encuentra la solución a la vida”.
 
Sobre cómo ser gay en Cuba, Pérez afirma que “a los niveles populares no existen prejuicios hacia los homosexuales”. El director describe Diego como un gay abierto, expuesto al mundo y plenamente aceptado por su entorno, su ciudad. Con una fotografía muy cuidada Pérez retrata La Habana vieja, ese lugar donde la vida cuece a borbotones.