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La verdad no existe
Curveball von Johannes Naber

Surrealista y elocuente. Burlona y atroz. Curveball bebe de la sangre del capitalismo rampante de nuestros tiempos, ese que se inventa guerras para hacer negocio y que encuentra las razones para comenzarlas en las más brutales mentiras.
 

De Erick Estrada

Para dejarnos ver un poco de la comedia seca al estilo Confessions of a Dangerous Mind (George Clooney, 2002), para devolvernos a lo sobrenatural de la política al estilo The Men Who Stare at Goats (Grant Heslov, 2009) y por supuesto para llevarnos también al mundo de fantasía e ilusión trágica de Wag the Dog (Barry Levinson, 1997).

La idea es muy simple

Reconstruir el absurdo del origen de la idea detrás de la fabricación de armas químicas en la Segunda Guerra de Irak para mostrar que ese mismo absurdo gobierna el mundo y oscurece nuestros tiempos… Sólo que con la gente que orquesta esas guerras en mejores puestos y con mejores sueldos. Observar la construcción de la mentira surgida además de una Alemania que es dibujada casi como desesperada por figurar en el mundo de la inteligencia y contrainteligencia, es en primer lugar, febrilmente divertido… Especialmente si tienen gusto por el humor duro y surreal de los caminos de la burocracia.


Curveball Espionaje y contraespionaje en "Curveball" | © Sten Mende Pero verlo tan bien ejecutado y con una narración sin ningún tipo de exageraciones es verdaderamente demoledor. No sólo porque aunque en la película hay un cuestionamiento constante a lo que es o debería ser la verdad, sino porque sin ser su objetivo evidente, la película deja en evidencia la falta de ética y de humanismo, el dominio del interés personal sobre el colectivo.

Lo primitivas que son muchas de las motivaciones de quienes habitan en las cúpulas de los gobiernos.

Si nada ha cambiado en el hecho de hacer guerras. Si nada ha cambiado en la manera de terminarlas. Si las política es tan absurda que lo que fue una tragedia (cualquier guerra) hoy al recrearla tenga sabor a comedia de lo absurdo, películas como Curveball resultan oportunas y aleccionadoras… Además de dolorosamente divertidas.
 

 

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