Daniel Burman regresa a la Berlinale Un viaje de ida y vuelta

El rey del Once | The Tenth Man, Alan Sabbagh
| © Daniel Burman

El cine argentino demuestra estar en plena forma en esta edición de la Berlinale. Y ello gracias a cineastas de la talla de Daniel Burman, veterano en la capital alemana, donde ya en 2004 ganó el Oso de Plata por El abrazo partido.

Esta vez, con El Rey del Once, proyectada en la sección Panorama -en la que se muestra una selección del mejor cine independiente-, el director argentino no viene al Festival a pelear por ningún premio sino a demostrar que su inspiración no es flor de un día. Y vaya si lo consigue.

El rey verdadero de Once

El Once es el nombre del barrio bonaerense al que Ariel regresa tras una exitosa estancia en Nueva York. Convencido de haber dejado atrás su pasado, vuelve al barrio de su infancia, un lugar bullicioso, frenético y dominado por la preponderante comunidad judía. Su padre, Usher, es el gran amado del barrio, el verdadero rey del Once: un posibilitador omnipresente que regenta una especie de bazar en el que se encuentran todo tipo de cosas: desde baratijas sobrantes de las casas de los fallecidos hasta carne kosher.

Ariel, que sin quererlo se ve ayudando al padre en el negocio, se afana en intentar encontrar su sitio, una parcela en la que reniega de la arraigada tradición judía de su familia y, sobre todo, de la fuerte influencia paterna. Usher, ausente en (casi) todo el filme, está sin embargo presente en forma de incesantes llamadas y en los comentarios de todo el mundo. Pero todo empieza a cambiar cuando su matrimonio fracasa y conoce a Eva, una intrigante mujer que le hace reencontrarse con el judaísmo y con la rutina del Once.

Conflicto con el padre

Su regreso coincide además con la festividad del Purim, en la que se conmemora la salvación de la comunidad judía de la aniquilación. Una ocasión para celebrar el reencuentro con las raíces y para solventar los errores del pasado. Y, en el caso de Ariel, para reencontrarse con la figura del padre, esa inagotable fuente de problemas pero también de soluciones, ese contradictorio patrón en el que el protagonista rechaza -sin éxito- verse reflejado.

Alan Sabbagh en el papel de Ariel y Julieta Zylberberg en su rol de Eva encarnan una tierna historia en la que se refleja la tensión de las relaciones familiares y sobre todo, una búsqueda, la del propio camino, que nunca le lleva a uno tan lejos como parece. En El rey del Once, de hecho, el camino de Ariel es la vuelta a los orígenes.