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10 años después
Las manos de la crisis

¡Manos arriba! ¡Esto es un contrato!
¡Manos arriba! ¡Esto es un contrato! – La entrada de metro de Sol (Madrid) | Foto: Brocco | CC BY-SA 2.0

España fue el segundo país europeo que más empleo destruyó durante la pasada crisis financiera, solo por detrás de Grecia. “Sin futuro y sin un duro”, el lema que acuñaron los jóvenes españoles, hubo quien emigró, quien fue desahuciado, quien se reinventó, quien se dio por vencido...
 

De Marta Molina

España perdió 3,8 millones de puestos de trabajo durante la pasada crisis financiera, una sexta parte de su fuerza laboral. Pese a que los primeros compases de la mejora económica han ayudado a crear dos de cada tres de esos empleos destruidos, la magnitud de aquel batacazo del empleo dejó desnortado a gran parte del país.
 
Entre los profesionales afectados, unos soportaron peor que otros las inclemencias económicas. Al coincidir con el estallido de la burbuja inmobiliaria, la debacle financiera se llevó por delante el sustento de la mayor parte de trabajadores de la construcción. Obreros, arquitectos, constructores y agentes inmobiliarios hubieron de reinventarse o emigrar. Idéntica suerte corrieron industrias tangenciales como el periodismo, cuyos ingresos por publicidad procedente de sectores como la construcción y la inmobiliaria mantenía en pie a numerosos medios de comunicación que hoy han desaparecido o hacen equilibrios a la pata coja, las agencias inmobiliarias, las de viajes y… ,fundamentalmente, los bancos, cuyo rescate colocó al sector al borde del ahogamiento.
 
Los siguientes diez profesionales representan una escala gradual de perfiles y vivencias en una crisis que, aunque no maldijo a todos, a nadie dejó indiferente.

El estallido de la burbuja inmobiliaria


Manuel Padilla Manuel Padilla, oficial de primera de la construcción jubilado, 67 años | Foto: Marta Molina @ Goethe-Institut Madrid Manuel se jubiló cinco años antes de la edad legal, a los 62. “La crisis afectó a todos los sectores pero para el de la construcción fue un golpe muy duro”, explica este riojano cuyos últimos años de vida laboral se prolongaron gracias a planes de estímulo como el Plan E. “Calculo que mis ingresos se redujeron un cuarto, aproximadamente”, comenta con pesadumbre.

A comienzos de 2008, la industria española de la construcción comenzó a dar evidentes síntomas de crisis: un fuerte parón en las ventas, descenso del precio de la vivienda y un desbocado aumento del desempleo en el sector: entre 2013 y 2014, el paro llegó a superar cómodamente la barrera de las 600.000 personas en el sector.

Isabel Romaní Isabel Romaní, arquitecta, 28 años | Foto: Marta Molina @ Goethe-Institut Madrid Con una formación reconocida y muy demandada en el exterior, los arquitectos fueron de los primeros profesionales españoles en hacer las maletas. De acuerdo a la III Encuesta sobre la situación laboral de los arquitectos, publicada en 2013, un 12% de los diplomados en España habría abandonado el país hasta la fecha. En datos del Sindicato de Arquitectos, Alemania, Reino Unido y Suiza fueron sus tres destinos preferidos durante la crisis. “Emigré a Dublín en cuanto terminé la carrera”, rememora Isabel Romaní, arquitecta de 28 años, desde la capital irlandesa. “Puedo decir que huí de la crisis: irme fuera fue la mejor opción; por ahora no encuentro nada negativo en el hecho de haberme mudado a otro país”.

José Antonio Ramírez José Antonio Ramírez, electricista, 45 años | Foto: Marta Molina @ Goethe-Institut Madrid “La crisis llegó a mi casa y se llevó todo por delante; lo primero, mi empresa”, cuenta este sevillano a medio camino entre Angola, a donde se dirigió a la búsqueda de las oportunidades que España no le ofrecía, y la capital hispalense, donde residen los suyos. “Con la suspensión de pagos de muchas grandes empresas, mi línea de descuento de pagarés se convirtió en crédito hipotecario sobre los bienes de mis padres, con una cuota mensual de 1.400 euros”, explica. “Llevo ya ocho años yendo y viniendo: se deteriora el matrimonio y se añora a los hijos”, insiste. ¿Consecuencias positivas de esta experiencia? “Ninguna”, responde. “Dudo que hayamos aprendido algo de esta crisis y es probable que los pequeños y medianos empresarios vuelvan a repetir los mismos errores”, aventura.

Óscar Macayo Óscar Macayo, fontanero, 42 años | Foto: Marta Molina @ Goethe-Institut Madrid Fontanero desde “prácticamente niño”, Óscar Macayo no había vivido otro palo económico como aquel. Aun así, la garantía de ofrecer un servicio de calidad y a buen precio hicieron que mantuviera el tipo. Sus ingresos solo cayeron una cuarta parte, gracias al ingenio que, dicen, se agudiza en tiempos de crisis. “El colectivo ha capeado la crisis luchando, bajando los precios…”, explica. “Mi vida ha cambiado poco”, continúa, “porque me he sabido adaptar y mantener la clientela”, dice. “Antes se hacían obras nuevas, y ahora toca reformarlas”, contrapone. “La fontanería no va a morir: seguirá siendo necesaria”.


 


Turismo: la gallina de los huevos de oro que cambió de piel

María José Arnanz María José Arnanz, agente de viajes, 49 años | Foto: Marta Molina @ Goethe-Institut Madrid Viajes Iberia, la gran operadora turística española dueña de todo lo imaginable en el sector, bajó la persiana de sus oficinas el 7 de marzo de 2013. María José Arnanz, agente de viajes titulada en Turismo, dijo adiós a 18 años de carrera. “Con la irrupción de Internet, los fees desaparecieron y las agencias comenzamos a trabajar a comisión cero”, cuenta. “Fue entonces cuando mi empresa aprovechó la reforma laboral del PP para cerrar”, concreta. María José inició entonces una importante travesía como delegada de un turoperador alemán en España. Hubo de encargarse de la apertura al mercado español, una tarea que junto a los malentendidos idiomáticos requirió un notable esfuerzo del que sin embargo no se arrepiente.

 

Medios de comunicación e industria editorial: los chupatintas de la crisis

Cecilia Ballesteros Cecilia Ballesteros, periodista, 49 años | Foto: Marta Molina @ Goethe-Institut Madrid La crisis se llevó por delante 375 medios de comunicación y más de 15.000 periodistas perdieron su empleo por la confluencia del tsunami tecnológico y el cambio de modelo de negocio en el sector. Después de una trayectoria de cerca de 30 años de carrera periodista, Foreign Policy, la revista de la que Cecilia Ballesteros era redactora jefa, echó el cierre. Desde entonces, la búsqueda de empleo se convirtió en una obsesión sin resultados. “La profesión se transmutó en los años de crisis”: menos veteranos, jóvenes en precario, medios agónicos, menos viajes y menor apuesta por los contenidos. “Emigré a México, pero a pese a lo duro que es lo agradezco: ensanchas tus horizontes mentales y en mi caso me sirvió para conseguir mi actual trabajo”, en El País.

Jorge Luz Jorge Luz, diseñador gráfico, 51 años | Foto: Marta Molina @ Goethe-Institut Madrid Airbnb genera mucha animadversión pero a Jorge Luz le salvó del desahucio. Las editoriales dejaron de externalizar trabajo y los ingresos de Jorge Luz desaparecieron al compás que los encargos. En ese tiempo, su esposa también perdió el trabajo. Sin ingresos, pagar la hipoteca de su céntrico piso de la calle Mayor en Madrid resultaba imposible. Esa característica lo hacía, sin embargo, perfecto para el alquiler turístico. Después de unos meses como instalador de aire acondicionado, Jorge tomó la decisión de publicitar su piso en esta plataforma. Se mudó y desde entonces viven gracias a los ingresos que les proporciona su bien situado apartamento.


 

El rescate de la banca: 62.295 millones de euros para salvar las cajas de ahorros

José Francisco Carpio José Francisco Carpio, exdirector de banca, 57 años | Foto: Marta Molina @ Goethe-Institut Madrid Sobre el papel de la banca en la pasada crisis económica pesa una gran interrogante. Su responsabilidad en aquellos años, como origen pero también como puente de conductas financieras inapropiadas, y el consecuente rescate económico de 62.2950 millones de euros, del que hasta la fecha solo ha devuelto una décima  parte, la colocaron en el epicentro de todos los males. Generó el golpe pero también lo absorbió de plano: casi 100.000 puestos destruidos. Uno de ellos, el de José Francisco. “Con una deuda pendiente de 160.000 euros”, echa más leña al fuego. “Si no es por la ayuda de mis padres y suegros me tendría que haber suicidado para que el seguro de vida hubiera pagado las deudas y mi esposa e hijas hubieran cobrado de viudedad y orfandad”, describe con crudeza.



 

El otro lado de la tortilla: profesionales a salvo de la crisis

Ángel Cano Ángel Cano, empleado público en el exterior, 41 años | Foto: Marta Molina @ Goethe-Institut Madrid La administración pública perdió 155.841 trabajadores desde enero de 2010 hasta los inicios de la recuperación, lo que supone 78 puestos de trabajo menos al día, en datos de la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF). Ángel Cano Tur ocupaba uno de esos puestos. Este funcionario interino que renunció a su plaza en Cádiz en favor de un contrato como externo en Sevilla se vio afectado por los recortes presupuestarios con que las administraciones públicas respondieron a la pasada crisis económica. De inmediato, cuenta, “busqué posibles opciones dentro y fuera de España y en este momento trabajo como empleado público para el Ministerio de Economía en la Representación Española ante la Unión Europea, en Bruselas”.

Santiago Sánchez Santiago Sánchez, informático, 39 años | Foto: Marta Molina @ Goethe-Institut Madrid Venir de un país que transita una continua crisis económica y que cada diez años entra en suspensión de pagos impronta carácter. Con su doble nacionalidad, argentina y española, Santiago Sánchez Paz mira la vida con un temple que solo moldea la experiencia. Gracias a que su profesión es una de las más demandadas, nunca se vio afectado por la crisis, aunque reconoce que en su entorno veía cómo “se ofrecían peores condiciones y proliferaban las empresas de subcontratación”. Aunque su situación siguió siendo buena, a punto de ser padre en España considera que “ninguna sociedad crece si no nos va bien a todos”. Con todo y transcurrido el tiempo, encuentra aspectos positivos en aquellos años de plomo: “Creo que trajo mayor consciencia de la competitividad, lo cual incrementó el interés por formarse y mantenerse al día”.

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