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Berlín
Susanne Kennedy, Directora de teatro

De Susanne Kennedy

Foto durch ein offenes Fenster; draußen sind der dunkle Abendhimmel und Baumspitzen zu erkennen © Susanne Kennedy

¿Qué imagen eligiría para simbolizar su situación actual o la de su país?

La vista desde la ventana de mi cocina, donde suelo sentarme a leer y escribir, donde trabajo. Pero desde que estoy obligada a sentarme siempre aquí, ¡qué diferencia! No consigo sentirme libre. Pero se trata justamente de eso, de encontrar la libertad cuando no te sientes libre. Ese es mi cometido. Es mi forma de trabajar, ponerme “deberes”, sobre todo a nivel intelectual. No niego que he salido dos veces a correr desde que empezó todo, pero entre tanto prefiero caminar, pienso más y mejor cuando camino.

Cuando me siento en mi cocina, pienso en todas las demás personas del mundo que estarán sentadas en sus cocinas, y solo el pensarlo me hace más feliz.

¿Cómo cree que la pandemia transformará el mundo? ¿Qué consecuencias ve a largo plazo?

Pues llegó el momento de la incubación, que requiere silencio y quietud. Me refiero a la incubación ritual, una práctica mágico-religiosa de dormir en un lugar sagrado con la intención de experimentar una cura o un sueño inspirado por la divinidad. La incubación se practicó en muchas culturas antiguas. Entre tanto ha quedado obsoleto. Sin embargo, a día de hoy, se podría decir que casi nos obligan a ello. La incubación consiste sencillamente en acostarse en algún lugar, aunque, y eso es vital, sin hacer absolutamente nada. Entonces, llega un momento en que dejas de resistirte o de esforzarte. Te consagras a tu propio estado. Yaces como si estuvieras muerto, a la espera, sin comer ni moverte, y a veces puede durar días. Y lo que se espera es la curación, que viene de otro lugar, de otro plano de consciencia y existencia.

Ahora se podría decir que todos nos encontramos, y casi a nivel mundial, en un estado de incubación, aunque sea por obligación. Una especie de parálisis difícil de soportar. Nadie nos enseñó cómo hacerlo.

A todo el mundo le gusta obtener respuestas rápidas. Queremos saber qué está pasando. ¿Cómo será el mundo cuando pase todo? ¿Cuáles serán las consecuencias? ¿Qué clase de utopía o distopía nos espera? Pero seguimos esperando respuestas. Y llevará tiempo. Probablemente mucho tiempo.

Siempre se cuenta con que una enfermedad tenga cura. pero gracias a la enfermedad crecemos y nos curamos de la autocomplacencia.

¿le quedan esperanzas?

Me viene a la mente una frase de Hölderlin: “Donde está el peligro crece también lo que salva”. He experimentado en mi propia carne que siempre que te rindes a un sufrimiento, surge algo nuevo. Siempre que no te resistas.

En este momento, el virus nos enfrenta a esta paradoja. Pero justo esa paradoja es la que debemos recibir con los brazos bien abiertos y someternos a ella. Donde los opuestos se encuentran, florece nuestra capacidad de crecimiento. A nivel individual y social. ¿A dónde nos llevará? Es demasiado pronto para saberlo. Además, cada cual debería averiguarlo por sí mismo
 

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