Los “Cuadernos negros” de Heidegger La burda tesis de la conspiración

Martin Heidegger
Martin Heidegger | Foto (Ausschnitt): © Keystone Schweiz/Laif

¿Puede separarse la filosofía de Martin Heidegger de sus convicciones políticas? La reciente publicación de los Schwarze Hefte (Cuadernos negros) del pensador alemán echa por tierra la posibilidad de contestar afirmativamente esta pregunta.

Martin Heidegger es uno de los más importantes filósofos alemanes del siglo XX y lo seguirá siendo tras la publicación de los Cuadernos negros, sus diarios filosóficos escritos entre los años 1931 y 1941. Sin embargo, la revelación del contenido de estos cuadernos modifica de manera fundamental la mirada sobre su filosofía, en la medida que deja en evidencia la existencia de una estrecha relación entre esta y sus convicciones políticas. Heidegger había expresado manifiesto interés en publicar esos cuadernos, sabiendo, por cierto, las implicaciones que ello tendría. Alrededor de 1970, volvió sobre ellos para su revisión, probablemente porque los consideraba componente fundamental de su legado filosófico, base constitutiva de su pensamiento.

Para nadie es sorpresa que la vida de Heidegger tuvo aspectos cuestionables, cuando no directamente condenables. No solo ingresó al Partido Nacionalsocialista el 1º de mayo de 1933, sino que pocos meses después, en una charla en la Universidad de Friburgo, señaló que “la primera garantía de la autenticidad y grandeza” de un pueblo “está en su sangre, su suelo y su desarrollo corporal”. A comienzos de ese mismo año, en una carta a su alumna y amante judía Hannah Arendt, le dice que en la universidad sigue siendo tan  antisemita como diez años antes en Marburg. La declaración, sin embargo, se vuelve ambigua cuando agrega: “(pero esto) no toca mi relación contigo”. En términos generales, la actitud de Heidegger frente a sus numerosos estudiantes judíos es ambivalente. Karl Jaspers, por ejemplo, dice que el filósofo no poseía un “instinto antisemita”, pero es un hecho que pregonaba el “peligro del judaísmo internacional”.

A pesar de la radicalidad de alguna de estas declaraciones, muchos lectores de Heidegger han continuado anclados en la convicción de que pese a su compromiso con el nacionalsocialismo y de haber cultivado resentimientos antijudíos, el filósofo no era un antisemita. Quienes se hacen eco de esta visión la defienden frecuentemente con el principio metodológico de que el pensamiento de un autor no puede equipararse con el contenido de su trabajo. La filosofía de Heidegger, sostiene la opinión mayoritaria, no se contamina con su pensamiento político.

“Otro inicio”

La publicación de los Cuadernos negros, sin embargo, echa por tierra este supuesto. En ellos queda de manifiesto que, para Heidegger, la llegada al poder de los nacionalsocialistas le da al “pueblo alemán la posibilidad de volver a encontrar su ser propio y hacerse digno de un gran destino”. Y no hablaba de un destino político, sino de uno filosófico. Desde la aparición de Ser y tiempo en 1927, el filósofo trabaja sobre la idea fundamental de que la historia de la humanidad es un desarrollo fallido que conduce hacia una “maquinación técnica”, un Sein (“ser”). Este “Ser”, continúa elaborando, debería ser superado para acceder al Seyn, uno de tantos conceptos creados por Heidegger y que en este caso, se refiere a la estructura dinámico procesual que él concibe como fuente del Seiendes (lo existente). Es en este punto que el ascenso del nacionalsocialismo se vuelve clave para el filósofo, puesto que para que todo lo anterior ocurra, dice, es necesario “un nuevo comienzo”, y eso es precisamente lo que ofrece el nazismo. “Solo los alemanes”, anota en su diario, “pueden re escribir y expresar el ser de manera original.” En las páginas de sus Cuadernos Negros, se habla de la “gran experiencia y felicidad que constituye el hecho de que el Führer haya despertado una verdad que le dé impulso y le indique el camino correcto a nuestro pensamiento”. También se habla de  “la voluntad popular maravillosamente despertada” y del concepto de “raza” como “condición fundamental” del ser histórico.

Pero lo suyo no es solo seguir un pensamiento elaborado por otros. Heidegger plantea un nacionalsocialismo “intelectual” propio. A los nazis en el poder los acusa de pregonar un “nacionalismo vulgar”, aun cuando comparte con ellos la urgencia “de una decisión sobre el ser y el destino de los alemanes y con ello sobre el destino de occidente”. Y esa “decisión” es abiertamente una decisión en contra del judaísmo mundial”. Ya en su obra Zum Ereignis-Denken, publicada poco antes de los Cuadernos negros, en dos nuevos tomos de sus Obras Completas, planteaba que lo que estaba en juego era proteger el “ser y el destino de los alemanes” y liberar “lo propio” del “dominio foráneo”. El acceso al contenido de los Cuadernos negros permite desentrañar el fondo de esas afirmaciones: El camino al Seyn requiere de un nuevo inicio, libre del “judaísmo”.

Cliche antisemita

A partir de 1938, el filósofo emite juicios claramente antisemitas, cuando habla, por ejemplo, del “pensamiento calculado” de los judíos, de “técnica” e “intriga”, y presenta a “los judíos” como hábiles “maquinadores”. Peter Trawny, editor de los Cuadernos Negros, publicados por la editorial Vittorio Klostermann, señala con razón en su libro paralelamente aparecido, Heidegger und der Mythos der jüdischen Weltverschwörung (“Heidegger y el mito de la conspiración mundial judía”), que para Heidegger el “nacionalsocialismo vulgar” era parte de aquella época de maquinaciones que debía ser superada. Sin embargo, el filósofo defendía a la vez la burda tesis de la conspiración, sustentada en la existencia de un “judaísmo mundial” que manejaba los hilos de la historia desde la oscuridad. En otras palabra, se hacía eco del más radical cliché antisemita, aquel que sostenía la veracidad de los protocolos de los sabios de Sión, cuya falsedad ya había sido suficientemente establecida. Con ello, como planea certeramente Trawny, diseñaba un “antisemitismo de la historia del ser”. Puesto que para el nuevo Seyn, al que Heidegger quería dar forma filosóficamente, faltaban las personas adecuadas, a la vez que había otras –muy determinadas- que interferían abiertamente ese proceso. El filósofo les critica a los nacionalsocialistas un “seguimiento ciego” de Mi lucha de Hitler. Para Heidegger, aparentemente, había sólo una mirada visionaria: la suya propia.