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Sociología y memoria
Recordar es olvidar al mismo tiempo

Las Stolpersteine son pequeñas placas conmemorativas que se colocan en el suelo y recuerdan a las personas que fueron asesinadas en la época del nacionalsocialismo
Las Stolpersteine son pequeñas placas conmemorativas que se colocan en el suelo y recuerdan a las personas que fueron asesinadas en la época del nacionalsocialismo | Foto: © dpa/Hendrik Schmidt

Sobre los “Memory studies” y los límites de la memoria. Nuevo enfoque y planteamientos de las ciencias sociales. 

¿Cómo recordamos? ¿Cómo surge una memoria colectiva? ¿Qué papel juega el olvido? Hace tiempo que la sociología no genera nuevas propuestas sobre el tema de la memoria. Aunque con el francés Maurice Halbwachs, que vivió y trabajó en Berlín, tuvo en sus filas a un clásico de la investigación de la memoria en la ciencias sociales y de la cultura. Con la muerte de Halbwachs, ocurrida en 1945 en el campo de concentración de Buchenwald, la sociología dejó de reflexionar sobre nuestra relación con el pasado.

Tal vez, debido a la postura de la sociología a finales del siglo XIX que entendía, que la modernidad de las teorías sociológicas, ya sean, por ejemplo, las de un Max Weber o un Karl Marx, se cimentaba en que se enfocaban en el presente y en posibles futuros. El recuerdo y la memoria pasan a ser tradición y pasado heredado, algo que resulta sorprendente si se tiene en cuenta que justamente las naciones modernas practican un intenso culto del recuerdo. Sea como sea, la reflexión sobre la memoria colectiva o política se dejó en manos de la Ciencias Históricas, por lo menos en un primer momento.

El minuto de silencio como el lugar de la memoria

Las ciencias sociales y culturales se abstuvieron de entrar en este debate hasta el comienzo del siglo XX. A la vista de la inminente desaparición de toda una generación de testigos de la Segunda Guerra Mundial, de la creciente invasión mediática de la memoria privada y pública, y con las nuevas oportunidades que brindaba el almacenamiento digital de datos, surgió un nuevo campo de estudio llamado Memory studies. Este proyecto de investigación interdisciplinario recoge específicamente fenómenos de la memoria para describirlos, analizarlos y clasificarlos. Por ejemplo, es famoso el concepto de el lugar de la memoria, introducido por el historiador y sociólogo francés Pierre Nora, que describe todo aquello en lo que las sociedades modernas anclan sus recuerdos comunes. No se trata solo de lugares en sentido estricto, como pueden ser los lugares conmemorativos o históricos, sino también de minutos de silencio, himnos o festejos y rituales relacionados con el pasado.

Por consiguiente, la investigación sociológica de la memoria se ha volcado sobre temas que, además del recuerdo del dominio público del pasado nazi, también examinan la memoria social de la familia, de la ciencia, del cuerpo, de las organizaciones o de internet. Todos estos planteamientos parten de un común acuerdo: para comprender el presente y actuar en pos de un futuro es necesario contar con una relación satisfactoria con el pasado.

Desde un determinado punto de vista

A título de ejemplo, cómo un estudiante se forma una idea del pasado nacionalsocialista: la “árida” información de los libros de historia se complementa con datos obtenidos de visitas a museos y lugares conmemorativos, y con recuerdos elaborados a partir de series, películas o relatos familiares. A partir de fuentes y de fragmentos que ya de por sí adoptan una determinada perspectiva del pasado y son el resultado de ciertos procesos de construcción social, surge una imagen del pasado que los alumnos pueden comprender. Esa imagen, tanto como su origen, no se limita a la clase de historia del colegio. De hecho, formará parte de la identidad del estudiante y de cómo percibirá la vida, en tanto que es miembro de una familia en la que el abuelo era o no nazi y se afiliará a un partido político como ciudadano de la República Federal de Alemania.

Claro está, y no hay que olvidar, que los recuerdos siempre están sometidos a un proceso de selección. Este proceso consiste en que se recuerdan ciertas cosas desde una perspectiva individual que conlleva un punto de vista determinado y además en un marco social también determinado, y otras no.

De este modo, también es posible percibir la función del supuesto reverso del recuerdo, el olvido. Los recuerdos siempre están rodeados de lo que se olvida, serían inimaginables de otra manera. Queda patente cuando es necesario recordar para que un acontecimiento no caiga en el olvido. En este caso, el deseo de recordar se nutre de la certeza de que algo importante podría perderse de forma irremediable. Al mismo tiempo es imposible recordar todo, y esto no solo significa que no todos los acontecimientos tienen la misma importancia. También implica que la memoria de ningún modo puede considerar todas las particularidades de un acontecimiento y que, por tanto, también necesita siempre olvidar. Si recordáramos todo con la misma relevancia y con todos sus matices particulares, como la implacable memoria descrita por el escritor argentino Jorge Luis Borges, no seríamos capaces de actuar.

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