La cultura de la memoria “La protección del Estado de Derecho desapareció definitivamente”

La conferencia sobre los refugiados en Evian.
La conferencia sobre los refugiados en Evian. | Foto (detalle): © picture alliance/Heinrich Hoffmann/ullstein bild

80 años después, los alemanes rememoran 1938, cuando los nacionalsocialistas desataron la persecución y la violencia contra los judíos y fracasó la conferencia internacional de Evian sobre los refugiados. La historiadora Stefanie Schüler-Springorum aclara la relevancia actual de dichos acontecimientos.

Señora Schüler-Springorum, en este año 2018 el pensamiento se nos va 80 años atrás, hasta el año 1938. ¿Por qué aquel año fue tan decisivo para Alemania y Europa?

El régimen nacionalsocialista había alcanzado la primera cumbre de su poder. No mediante la guerra, sino amenazando con la guerra, así es como Hitler impuso los objetivos de una política que solo buscaba el poder. Con ello forzó sobre todo a Francia y Gran Bretaña a hacer concesiones. 
 
En el Acuerdo de Múnich de 1938, ambos países permitieron al Reich alemán dividir Checoslovaquia. Las democracias occidentales se sometieron a la dictadura sin rechistar. ¿Sigue hoy siendo dominante esta interpretación?
 
Sí, aunque también hay investigadores que ahora toman más en serio el punto de vista propio del momento. El hecho es que los gobiernos francés y británico no eran ni tontos ni cobardes. Tenían presente el trauma de la Primera Guerra Mundial y querían evitar que volvieran a morir millones de personas. En 1938 no se podía prever con seguridad que la intención de Hitler era ir a la guerra pese a los éxitos que conseguía. 
 
Ya antes de eso se había intensificado muchísimo la violencia contra los judíos, llegando a haber asesinatos y secuestros; muchos judíos alemanes intentaban salir del país. En la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938, los nacionalsocialistas, sobre todo sus tropas armadas de choque la SA, organizaron la destrucción de tiendas, sinagogas y cementerios de los judíos en lo que entonces era el Reich alemán. Diez mil varones de confesión judía fueron enviados prisioneros a campos de concentración. ¿Por qué el pogromo de aquella noche ocupa el punto central del estudio de 1938?
 
Stefanie Schüler-Springorum es profesora de Historia y directora del Centro para la Investigación del Antisemitismo de la Universidad Técnica de Berlín. Stefanie Schüler-Springorum es profesora de Historia y directora del Centro para la Investigación del Antisemitismo de la Universidad Técnica de Berlín. | Foto: © Kirsten Nijhoff Porque esa noche marca un punto de inflexión en la conducta del Reich alemán con sus ciudadanos judíos. En muchos lugares, por ejemplo, gente de la SA ejercieron una violencia brutal, arrojando a ancianas escaleras abajo o apaleando a hombres hasta matarlos a la vista de sus hijos. La protección del Estado de Derecho desapareció definitivamente, y ello en tiempos de paz. Fue una conmoción para las víctimas, pese a toda la discriminación que ya habían vivido antes. Los sucesos provocaron una huida en masa de la población judía.
 
Hace décadas era habitual hablar de la “Noche de los Cristales Rotos”, una manera muy benevolente de denominar lo que pasó aludiendo a las ventanas hechas añicos. Hoy, en el ámbito público se ha impuesto la expresión “noche del pogromo”.
 
Dos colegas historiadores, sin embargo, creen que tampoco es correcta. Los pogromos, argumentan, suceden espontáneamente, desde abajo. Y el hecho es que en 1938 los nacionalsocialistas habían planeado y orquestado esa violencia contra la población judía. Comparto esa opinión, aunque es verdad que también encontramos excesos violentos espontáneos y, además, tampoco tenemos aún ninguna denominación mejor.
 
En el verano de 1938, unos meses antes de la noche del pogromo, se reunieron en una conferencia en Evian, junto al lago de Ginebra, los representantes de 32 países por iniciativa del Presidente de los EE. UU. Franklin D. Roosevelt, para tratar sobre la acogida de refugiados judíos que escapaban de Alemania. ¿Es cierto que en aquel momento no hubo casi ningún país que se declarase dispuesto para aumentar en cierto volumen su acogida de emigrantes?
 
Así es. En el lugar para la memoria Deutscher Widerstand (Resistencia alemana), en Berlín, tenemos una exposición al respecto. Tan solo el dictador de la República Dominicana accedió a dar permiso de entrada a 100.000 judíos. Al final, sin embargo, consiguieron llegar hasta allí nada más que entre 600 y 700. El gobierno de los EE. UU. se comprometió en cualquier caso a agotar su cifra de 27.000 permisos de entrada al año. Pero para los judíos que estaban en Alemania era difícil conseguir los papeles correspondientes, los denominados “affidávit”. Gran Bretaña, tras la noche del pogromo, permitió transportes infantiles, con lo cual salvó la vida a unos 10.000 niños y niñas.
 
Por lo tanto, ¿la cifra de gente que quería escapar de Alemania supera muy ampliamente la de quienes lograron acogida legal en otros países?
 
En 1933 vivían en el Reich alemán más de 500.000 judíos. Para 1938 había abandonado el país casi un tercio de ellos. Casi todos los que quedaban querían marcharse también. La mayoría no lo consiguió. Los nazis asesinaron aproximadamente a la mitad de la población judía residente en 1933 en el país, entre ellas también las personas que atraparon en los países a los que habían huido.
 
Así sucedió por ejemplo en Holanda y en Francia, y el asesinato en masa alcanzó la cifra de unos seis millones de víctimas en toda Europa. En Alemania en este momento se debate sobre la conferencia de Evian también por el motivo de que hoy casi todos los estados europeos se están negando a acoger un número elevado de refugiados procedentes de países árabes y africanos. ¿Puede compararse 1938 con 2018 en este sentido?
 
Por una parte, no. En 1938, el gobierno alemán lanzó un ataque contra una parte de su propia población. Hoy, las personas huyen por razones diferentes, como puede ser por la pobreza, la explotación, la guerra, la opresión o catástrofes medioambientales. Además, en aquel momento se trataba de un grupo relativamente pequeño, quizás 300.000 personas. Hoy han abandonado su tierra 70 millones de personas en todo el mundo. De ellas, quizá hasta diez millones quieren venir a Europa. Sí me parece comparable, en cualquier caso, la argumentación de los gobiernos, que pensaban en las consecuencias para su política interior más que en la necesidad de quienes huían. Pero los gobiernos en aquel momento no podían saber lo que iba a pasar pocos años más tarde: el asesinato en masa de los judíos europeos. Tampoco nosotros sabemos a dónde podrán llevar los flujos de refugiados. Deberíamos ser conscientes de que pueden suceder cosas tremendas que aún no estamos en situación de imaginar.