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La revisión del pasado español
Enterrados en el silencio

Exumación en el cemeterio de León
La excavación de las fosas requiere paciencia y muchos ayudantes, que trabajan todos para el ARMH de forma voluntaria. | © Óscar Rodríguez, ARMH

Entre el 17 y el 18 de julio de hace 84 años comenzó la Guerra Civil española, que llevó a la Dictadura de Francisco Franco. La época sigue siendo tema tabú en España. Por ello, para poder revisarla, Sofía Ugena investiga y busca documentación trabajando como voluntaria. Una visita al archivo.

De Nelly Ritz

Clic. Sofía Ugena abre el expediente digitalizado 21774. Aparecen páginas amarilleadas y documentos escritos sobre Bernardino Barbero Vicente, injustamente sentenciado, desaparecido y asesinado. Fue una de las víctimas de la Guerra Civil española y de la dictadura de Francisco Franco que vino tras ella. “Estas personas fueron asesinadas simplemente por pensar”, afirma Sofía.

La Guerra Civil y la dictadura, una revisión por hacer

Esta española de 26 años, mochila amarillo chillón, labios pintados de rojo y cola de caballo muy tirante, estudió Antropología Social y Cultural y trabaja como voluntaria en la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), con sede en Madrid. De este modo, la investigadora representa el segundo intento para revisar críticamente la Guerra Civil entre partidarios del régimen nacionalista de Franco y republicanos de izquierdas que asoló el país de 1936 a 1939 y desembocó en la dictadura de Francisco Franco. Tras la muerte de Franco en 1975, la población no quería problemas en la transición a la democracia y aceptó que las crueldades de la Guerra Civil y la dictadura quedasen impunes y apenas se tratara el tema. La única iniciativa al respecto fue la Ley de la Memoria Histórica de 2007, que ante todo prometía financiación suficiente para proyectos de revisión. Pero el intento fracasó al subir al poder en 2011 el partido conservador. “Todavía hay una polarización política”, refiere Sofía. Una polarización que años atrás trajo ya consigo muchas víctimas.

La intención de la ARMH es devolver su identidad a muchas de ellas, los llamados desaparecidos. Para ello, la asociación exhuma fosas comunes de la época de la guerra y la dictadura, con la intención de entregar a los familiares los restos de los cadáveres que fueron amontonados allí. “En el momento de la recuperación del cuerpo los familiares pueden descansar”, piensa Sofía. “Y tú tienes derecho de saber lo que pasó.”

Trabajo voluntario en el archivo

Las exhumaciones están precedidas por un largo proceso de investigación en cementerios, ayuntamientos, archivos... Por ese motivo Sofía se encuentra en el Archivo General e Histórico de Defensa, en Madrid. En la entrada del recinto, perteneciente al Ministerio de Defensa español, controla el acceso una mujer dentro de una pequeña cabina de cristal. Al lado, una barrera impide el paso a personas no autorizadas. Cuando Sofía intenta acceder esta mañana, la encargada de la portería levanta la vista, sonríe y pide la documentación de identidad. Andan por allí personas en uniforme caqui, mientras la mujer detrás de la mampara extiende un distintivo de visitante. Sofía, tras recogerlo, se encamina por el pasillo oscuro y sale a una zona de aparcamiento al aire libre, flanqueada por varias imponentes edificaciones de ladrillo. Atraviesa por entre los automóviles aparcados y pisa con decisión la franja ajardinada que divide el patio. Finalmente, Sofía accede al interior del edificio del Archivo, que alberga 25 kilómetros de estanterías con expedientes.

En la luz cegadora de la sala para visitantes la recibe una recepcionista con bata blanca. Un hombre hojea una gruesa pila de papeles. Lleva puestos unos guantes de goma de los que hay disponibles en cajas en las mesas blancas con lámparas de lectura. Es un ambiente limpio, casi esterilizado; en el aire se mezcla un leve olor a goma. Sofía susurra cuando cuenta cosas del pasado sangriento de su país, pues en la sala no está permitido hablar. Y simplemente que diga algo ya es una excepción: apenas nadie en España habla nunca sobre lo sucedido. “La gente todavía tiene miedo”, dice en voz baja. Sin la labor de voluntarias como Sofía, es probable que las personas desaparecidas hubiesen seguido siendo meros restos de una guerra silenciada.

Exhumaciones para asumir el pasado

Según datos del juez Baltasar Garzón, más de 114.000 desaparecidos siguen aún bajo tierra en fosas comunes repartidas por toda España: en bosques, bajo autopistas, en valles, bajo edificios... Junto con la estudiante Malena García, Sofía ayudó en el proceso de exhumación de una de ellas. “Al principio de la exhumación todos están callados y muy silenciosos. Poco a poco la gente empieza a hablar de lo que ha experimentado, en voz muy baja todavía. Y mientras que sacamos los restos de los asesinados de la tierra, la historia de la gente, la guerra y la dictadura también salen a la luz.” Así describe Malena sus impresiones personales durante los trabajos. “El primer intento de reparar la historia tuvo lugar en una situación muy complicada, poco después de la dictadura. Pero ahora los nietos de las personas que experimentaron todo esto, han crecido y pueden repararlo sin miedo. Se lo debemos –prosigue la estudiante de Historia– a la gente que luchó por la democracia en aquel entonces.” Debido a la pandemia del COVID-19, el ARMH, que no cobra un centavo a los familiares, tuvo que interrumpir su labor hasta principios de julio. El programa elaborado para 2020 se financiará exclusivamente con fondos procedentes de asociaciones de apoyo privados y donantes particulares. Del Estado, la ARMH no ha vuelto a percibir ninguna ayuda desde 2011. Cuando el gobierno cambió en aquel año, las decisiones políticas enterraron la reclamación de justicia planteada por los familiares, igual que décadas atrás habían arrojado a los cadáveres bajo tierra.

Entre quienes desaparecieron sin que quedase rastro se encuentran también dos tíos del español Juan Francisco Barbero. Por encargo suyo, Sofía busca en el Archivo documentación sobre ellos. Los documentos digitalizados de Bernardino Barbero Vicente aparecen directamente en los ordenadores del Archivo. Una empleada del Ministerio de Defensa lleva hora y media buscando los expedientes correspondientes del hermano. Entretanto, llegan al Archivo cada vez más personas interesadas, en su mayoría gente de cierta edad, ya con arrugas en el rostro, que se enfrascan también en pasar páginas de papeles con muchos pliegues y expedientes de letra apretada. Son escritos de acusación, informes médicos, sentencias de muerte. Bernandino Barbero Vicente tenía 23 años de edad cuando fue fusilado el 14-07-1939. Motivo: Adhesión a la rebelión, ratificado con sellos y firmas en tinta azul descolorida.

Este artículo se publicó primero en Perspective Daily.

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