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30 años de la reunificación
“No había ninguna otra alternativa más”

En noche vieja de 1989 varios cientos de miles de personas del Este y el Oeste celebraron en el Muro de Berlín en la Puerta de Brandenburgo.
En noche vieja de 1989 varios cientos de miles de personas del Este y el Oeste celebraron en el Muro de Berlín en la Puerta de Brandenburgo. | Foto (detalle): © picture-alliance/dpa/Wolfgang Kumm

El 3 de octubre de 1990, Alemania oriental y occidental volvieron a ser un solo Estado. ¿Siguen existiendo hoy, 30 años después, diferencias entre el este y el oeste? “La diferencia se ha difuminado con el tiempo”, afirma Freya Klier, que fue activista por los derechos civiles en la antigua RDA. Pero ha hecho falta, según ella, que pasaran 30 años “hasta que las dos Alemanias se han reencontrado”. En esta entrevista, Klier habla sobre la caída del muro, la época que vino después, las libertades recién ganadas y la cuestión de si ahora somos “una nación”.

 

Señora Klier, cuando el muro cayó a finales de 1989 y tras ello llegó en 1990 la reunificación, a usted le habían retirado ya la ciudadanía y residía en Berlín oeste. ¿Había visto venir estos acontecimientos?

No en principio, en cualquier caso no con esa aceleración. Erich Honecker, Secretario General del Partido Socialista Unificado, el SED, acababa de afirmar que la RDA iba a seguir existiendo 100 años como poco. Y yo por mi parte contaba con que la RDA, al encontrarse en las últimas en lo económico, podía durar buenamente otros cuatro años. Este pronóstico fue causa de que se rieran mucho de mí incluso en septiembre de 1989. A los dos meses, el muro estaba abierto.

¿Sucedió lo que deseaba una mayoría?

Había sus diferencias. Mucha gente estaba feliz por la libertad y por poder hablar al fin libremente. También estaban felices porque tenían familia en el oeste y ahora podían visitarla. Otros habían perdido su poder, y estos, por supuesto, no se alegraban tanto con lo que ocurría. Siempre hay que poner mucha atención en quién es la persona que está manifestándose.

¿Cómo se vivía cotidianamente aquella libertad una vez que de repente todo era posible?

Freya Klier, nacida en Dresde en 1950, activista de los derechos civiles y cofundadora del movimiento pacifista de la RDA, fue detenida varias veces en la RDA y deportada a Alemania Occidental poco antes de la reunificación (1988). La actriz y directora de cine y teatro ha escrito varios libros sobre la RDA y la época de la reunificación. Freya Klier, nacida en Dresde en 1950, activista de los derechos civiles y cofundadora del movimiento pacifista de la RDA, fue detenida varias veces en la RDA y deportada a Alemania Occidental poco antes de la reunificación (1988). La actriz y directora de cine y teatro ha escrito varios libros sobre la RDA y la época de la reunificación. | Foto (detalle): © picture alliance/dpa/Nadja Klier Las fiestas en las casas, por ejemplo, estaban prohibidas en tiempos de la RDA; solo estaba permitido hacer fiestas según las directrices del Partido. Apenas se abrió la frontera se empezó ya a festejar, se organizaban parrilladas. La sensación de ser libre era de una magnitud enorme. Todo el mundo dejó de quejarse, las reglamentaciones habían desaparecido.

Pero seguramente aquello tampoco le gustaba a todo el mundo…

Sí que le gustó a quienes eran capaces de utilizar para algo esa autonomía hasta entonces desconocida. Otras personas siguen hoy sin haber aprendido a comportarse determinando ellas mismas su vida. Entre ellas se encuentran los ultraderechistas: hacen solo lo que han aprendido a hacer. Yo personalmente soy muy partidaria de la democracia. En la democracia hay debate y enfrentamiento y cualquiera puede decir lo que piensa. Eso es lo que la distingue de la dictadura: no está todo bien, pero por lo menos hay opiniones distintas.

De todos modos, especialmente al principio las cosas no fueron fáciles.

No lo fueron, ciertamente. Es verdad que los alemanes orientales no sufrieron hambre, pero al principio la situación fue bastante difícil para mucha gente. Quien tenía talante innovador se las arregló bien, por ejemplo abriendo un bar. Pero está claro que no todas las personas tenían esa socialización. Fue duro sobre todo para los niños: en muchos casos tuvieron que pasar por la situación de que, de repente, sus padres no sabían por dónde seguir.

Pero hoy sin embargo sigue habiendo desigualdades. Los salarios, por ejemplo, son más bajos en Alemania oriental que en el oeste. ¿Hay ahí un fracaso de la reunificación?

Eso tenemos que ponerlo en relación con otros factores, como pueden ser los alquileres, un tercio más baratos en el este. Es como cuando se dice que en Suiza la gente gana cantidades increíbles. ¡Sí! Pero también pagan precios sustancialmente más caros que en otro lugar por los alimentos, la vivienda, etcétera. Creo que hoy ya no hay ninguna desigualdad a este respecto. Y, desde una perspectiva histórica, solamente se puede afirmar que la reunificación salió bien.
“Los alemanes del este no tuvieron que adaptarse al oeste, ellos querían”: El día después de la caída del Muro, miles de berlineses orientales acuden en masa al Kurfürstendamm, en Berlín Occidental (coches de Berlín Oriental en la Breitscheidplatz el 10 de noviembre de 1989). “Los alemanes del este no tuvieron que adaptarse al oeste, ellos querían”: El día después de la caída del Muro, miles de berlineses orientales acuden en masa al Kurfürstendamm, en Berlín Occidental (coches de Berlín Oriental en la Breitscheidplatz el 10 de noviembre de 1989). | Foto (detalle): © picture alliance/akg-images Entonces se oía ya el reproche de que a la RDA se le estaba encasquetando la República Federal. ¿Qué hay de verdad en eso?

Considero importante tener en cuenta el contexto entero. En la RDA se había trabajado durante 40 años para que nadie con ideas democráticas pudiera ascender. Por ejemplo, solo podían estudiar Derecho los hijos de gente del Partido. Tras la reunificación, quienes habían sido del Partido pidieron una constitución propia para toda Alemania. La respuesta de la Alemania occidental fue la correcta: ya tenemos una Ley Fundamental, está bien y tiene de todo. Hoy, casi todo el mundo en el este lo ve también así.

Hubo personas a quienes el oeste les pareció demasiado dominante también en otros campos, y quizá siguen manteniendo hasta hoy la misma opinión.

La ciudadanía de la RDA empezó rechazando por sí misma su propia cultura. Por ejemplo, dejaron de comprar los automóviles que ellos mismos habían fabricado hasta el momento, y que les habrían permitido asegurar sus puestos de trabajo. Viendo aquello llegué a preguntarme alguna vez: ¿están ciegos, no ven que tenían también muchas cosas buenas? Es algo que mucha gente tuvo que aprender primero, y el proceso fue lento. ¡La gente de Alemania oriental no estuvo forzada a adaptarse al oeste, sino que eso fue lo que quisieron!

¿Siguen existiendo hoy entonces diferencias entre el este y el oeste?

Creo que ya no hay ninguna gran diferencia entre ser del oeste o ser del este. Las diferencias se han ido difuminando. Pero ha hecho falta que pasaran 30 años hasta que las dos Alemanias se han reencontrado. La gente joven no piensa ya en nada de esto, pueden hacerse su vida aparte de estas cuestiones. Hoy, si una pregunta a su alrededor, el 70 por ciento de la gente dice que la transición política fue buena y fue lo correcto. No había ninguna otra alternativa más. La ultraderecha y la ultraizquierda serían los únicos beneficiarios si la fusión no prospera. En otros aspectos, la cuestión de si alguien es del este o del oeste no tiene ningún papel relevante real.

Pero el racismo sí que tiene un papel relevante.

Sí, y eso era ya un problema por desgracia en tiempos de la RDA. Como ya dije, si hablamos de la caída del muro y de la reunificación hay que tener siempre en cuenta también los 40 años anteriores. Y es un hecho que en la RDA había extranjeros: personas de Mozambique, de Nigeria, de Vietnam. Al haberse largado de la RDA tanta gente –en la cuenta definitiva un total de cuatro millones de ciudadan*s–, esas personas hacían falta para trabajar en nuestro país, que tenía gran necesidad de mano de obra. Pero a la población extranjera le fue realmente mal entre nosotros; sufrían asaltos y en muchos casos golpes y abusos. Si una vietnamita se quedaba embarazada, tenía que abortar. Si no lo hacía, tenía que volverse a su país cargando ella con los gastos –así lo establecía el programa del Partido–, y allí no la iban a recibir precisamente con entusiasmo. No hubo realmente una vida en común. La convivencia con otras culturas fue y es algo que había y hay que aprender primero.
A mediados de agosto de 2020 apareció su libro “Wir sind ein Volk! – Oder?” (“Somos una nación... ¿no es verdad?”). ¿Qué piensa, pues: somos ahora una nación o no?

Personalmente diría que sí, que somos una nación.
 

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