PaisajeSur La creación colectiva de espacio público

Cine de verano en el Cinema Usera
Cine de verano en el Cinema Usera | © Intermediae

En Madrid la gente vuelve a las calles. Porque una coalición entre la administración y algunas iniciativas locales está revitalizando el espacio público, involucrando a los vecinos y vecinas de los barrios.
 

“Recoger el tomate es lo de menos, lo importante es el trasiego hasta ese tomate”. Esta frase de un vecino de Villaverde y participante en el proyecto de PaisajeSur sintetiza la esencia de estos procesos de construcción colectiva de espacio público. Porque las intervenciones artísticas de este proyecto son procesales y tienen un carácter inacabado. Como ocurre con el paisaje, siempre dinámico, son los vecinos con su uso continuado los que irán dando sentido a estos lugares. “Lo importante no es la cosa en sí (la obra) sino lo que puede provocar”, señala Manu, arquitecto del colectivo Basurama. Es un proceso que comienza con un diagnóstico colectivo, continúa con una fase de diseño y construcción participativa, y sigue con la creación de una comunidad de uso y gestión que permita su sostenibilidad en el tiempo.
 

PaisajeSur-Autoconstruyendo Usera y Villaverde es una experiencia de intervención participativa en el espacio público donde el paisaje y el arte son utilizadas como herramientas para la creación colectiva y propuestas bottom-up. El proyecto es promovido por el Área de Cultura del Ayuntamiento de Madrid y coordinado por Intermediae-Matadero, el laboratorio de producción de proyectos e innovación social del mismo ayuntamiento.
Prácticamente PaisajeSur es un diálogo abierto entre vecinos, artistas y colectivos de acción urbana crítica y la institución pública que se ha desarrollado en los distritos madrileños de Usera y Villaverde. Situados en la periferia sur heredan problemas y déficits socioeconómicos y urbanísticos, lo que provoca sentimientos entre sus vecinos de que las inversiones de lo público no llegan de la misma forma que a otras partes de la ciudad de mayor centralidad, geográfica y/o simbólica. El proyecto arrancó en septiembre de 2014 y pretende reducir alguna de esas deficiencias. Se reactivan determinados puntos en el espacio público dándole un nuevo significado como lugar para el encuentro vecinal y la cultura local. Pero además, y tal y como explica Azucena, responsable del proyecto por parte de Intermediae-Matadero, que dichos lugares se conviertan en “espacios de participación para prácticas autogestionadas en los barrios”. Para ello, continua Azucena, “se invitó a un grupo de profesionales en intervención crítica urbana, para hacer un equipo mixto con las asociaciones locales vecinales”.

Las intervenciones

“Se acabaron destilando dos tipos de proyectos que eran huertos urbanos – con los nombres U de Usera y V de Villaverde-, y aquellos otros que llamamos espacios experimentales de gestión cultural ciudadana -Cinema Usera y Comunes Villaverde”, explica Pablo, arquitecto del coworking PEC.

La U de Usera, en el huerto de la Parroquia de San Juan de Ávila, es una estructura con graderíos, bancales elevados para el cultivo, una mesa, un armazón para una parra y un dispositivo Waterdrops. “No es solo un huerto”, nos dice Juanma de la Asociación de Vecinos de Zofío. Y es que, como en otros huertos comunitarios que están apareciendo en la ciudad “con la excusa de plantar algo se generan otro tipo de relaciones que se han perdido bastante en los barrios de Madrid” apunta Manu, de Basurama.
 
La V de Villaverde, en el parque de Plata y Castañar, tiene un bancal experimental, una mesa de cultivo en altura, espacio de almacenaje, un mirador y un invernadero para el semillado. “Se propone una V y el proceso participativo la rellena con un invernadero, armarios, bancales, etc.”, nos dice Manu del colectivo multidisciplinar Zuloark. Se trata, como nos informa Julián, de la Asociación vecinal La Incolora, de “una vieja reivindicación vecinal la creación de un huerto en el parque de Plata y Castañar, sobre todo en la parte más abandonada”. Las dos intervenciones comparten código morfológico, una en forma de U de Usera y otra en forma de V de Villaverde.

Cinema Usera, en una explanada junto a la comisaría del Distrito, es un espacio abierto para proyecciones cinematográficas y otras actividades de artes escénicas, con dos graderíos y dos bancos, un escenario, una pantalla de proyección, un contenedor o “cápsula cultural” y un BenchBox. Diego, uno de los técnicos responsables explica que “era un solar en desuso y abandonado que con muy poquita cosa se ha conseguido reactivar con esta pequeña instalación de cine”. Pero no sólo es un espacio cultural en torno al cine, es también un espacio de encuentro vecinal, “como los viejos cines de verano”, dice Fernando, de la sala Kubik Fabrik.

Sobre Comunes Villaverde, ubicada en la plaza Mayor de Villaverde, Laura de PEC explica que es “un mueble que se transforma en mesa y escenario y con esto lo que hacemos es abrir al barrio la posibilidad de generar actividad en la plaza”. Esta intervención cuenta también con un espacio para exposiciones y un nodo de WIFI-NET para conexión gratuita a Internet. Para Javier, vecino de La Incolora de Villaverde, la intervención “va a permitir desarrollar actividades culturales, realizar charlas-coloquio, hacer asambleas, que participen las AMPAS (asociaciones de madres y padres) del barrio…cualquier cosa”. Todas las intervenciones han reutilizado las maderas de los bancos retirados del espacio público de la ciudad de Madrid, dando homogeneidad a la estética del proyecto en su conjunto. Además, la construcción de las piezas se ha programado en forma de talleres, permitiendo el intercambio de conocimientos y el aprendizaje de técnicas entre los expertos y los vecinos.

Los resultados

Aunque las intervenciones son a pequeña escala, sí parece posible extraer de estos procesos aprendizajes y metodologías para impulsar otra forma de construir espacio público urbano basada en la praxis colectiva. Juanma de Zofío cree que: “ha sido una oportunidad de generar lugares de encuentro para construir algo más allá de una espacio físico con los vecinos. El proceso fue muy rico, el cómo buscar y cómo encajar eso que necesitan los vecinos […]. Pero la experiencia está por venir, a medida que se vaya generando actividad y mayor participación de más gente. […] Aunque ya es un espacio que se tiene en cuenta en el barrio”. Es un buen ejemplo de cómo empoderando a la gente y generando nuevos vínculos identitarios y de corresponsabilidad entre los vecinos y sus lugares de cotidianeidad, pueden cambiar el valor y la percepción de estos espacios, no sólo en lo estético sino también en lo vivencial.