Hiroshi

Hiroshi Kitamura, 62 años, Hokkaido (Japón) Lili Marsans | CC BY-SA 2.0 ES

Hiroshi Kitamura, 62 años, Hokkaido (Japón). Lleva 30 años en Barcelona. Es escultor, sus esculturas están hechas con ramas de arbustos y árboles que recoge entre los restos de podas. Su mujer es catalana.
“La mitad exacta de mi cuerpo y vida está en Japón y la otra aquí, así que totalmente híbrido. A modo personal e interno, esto lo vivo con muchos conflictos. Desde fuera, siempre voy a parecer un extranjero, un guiri... Aunque lleve la mitad de mi vida aquí y no me sienta tan extranjero. Pero yo he decidido vivir con esta situación, así que tengo que asumir esa diferencia o conflicto interior.

Estoy casado con una catalana, comparto la vida cotidiana, detalles, puntos de vista… Hay un intercambio bastante profundo que neutraliza cierta parte del conflicto. Si hubiese vivido yo solito, quizás no hubiese aguantado aquí.

Sentirse dividido, a veces puede generar conflicto en mí y otras veces me genera cosas positivas. La madre, el idioma, la cultura a la que pertenezco, es japonesa. Hay sentidos que no se pueden transmitir exactamente. Mis moléculas tienen la memoria de allí, pero también busco la cultura de aquí. No me interesan las diferencias (que hay miles), me interesan las cosas que tenemos en común. Por ejemplo, la tristeza es un sentimiento común, aunque tenga causas diferentes.

Quizás no pertenezca a ningún lado. Hay muchas ramas, mucha profundidad… es complicado. Todas estas maderas o ramas son nacidas aquí, son tierra de aquí. Por eso las utilizo. Es materia orgánica de aquí, y hay algo que se filtra y traspasa, en este sentido. Es una ramita que tiene su vida. Ya está seca o muerta por la poda pero han sobrevivido sus curvaturas. Su inclinación tiene alguna causa, igual que la vida de una persona. No es lineal, se ramifica, traspasa conmigo, sale un brote, nace otro camino, busca sol, busca otras cosas... Hay otro camino. Converso con cada rama y la admiro. Así me relaciono con el material de mi trabajo. Una relación muy profunda. Mi sentimiento es como esta materia vegetal, que tiene la fuerza de la vida y su belleza. Una vez creo una obra, ya no es mía”.