Orit

Orit Kruglanski, 45 años, Israel Lili Marsans | CC BY-SA 2.0 ES

Orit Kruglanski, 45 años, Israel.

“Soy partidaria de la unidad dentro de la variedad infinita de las cosas. Todo es parte de lo mismo. O, al contrario, me siento extranjera en todas partes, como si fuera esa mi identidad. Si la identidad genera fronteras, la considero una enfermedad e intento deconstruirla. Como la envidia o la mezquindad, o la autocompasión. Son emociones bajas, cosas que separan.

Una vez que volví al barrio donde crecí, y la gente me reconocía, me quedé sorprendida. No me acordaba que venía de alguna parte en particular. Hay códigos de Israel que conozco muy bien y no me gustan. Hay códigos de aquí que manejo mejor, y al revés. Para mí la identidad siempre es híbrida, no hay una identidad pura, está hecha de nuestras experiencias o historias de vida que son irrepetibles, cualquier elemento en ella puede ser identitario. Puedo identificarme con todas las categorías que me incluyen, pero intento evitarlo.

Me siento más idéntica a un árbol que al grupo de las personas de mi mismo idioma o mi misma edad. Me gustan las personas, no solo de una cultura. Me gusta hablar muchos idiomas para poder comunicarme con gente variada. La identidad es una línea que separa, define un nosotros y un ellos. La frontera de la identidades donde acaba la solidaridad”.