La ilustración en Alemania Un arte inconfundible

Illustration aus dem Buch „Donata, Tochter Venedigs“ von Donna Jo Napoli
Illustration aus dem Buch „Donata, Tochter Venedigs“ von Donna Jo Napoli | Photo: © Henriette Sauvant

El arte de la ilustración está viviendo un renacimiento en Alemania. Abriéndose camino entre Internet y los móviles inteligentes, los artistas trabajan en desarrollar un estilo propio.

La Feria del Libro Infantil de Bolonia es el encuentro internacional más importante para el gremio de los ilustradores. Que Alemania haya sido designada invitada de honor de la Feria en 2016 es una prueba de la atención que se dispensa internacionalmente a las ilustradoras e ilustradores alemanes. Pues en Bolonia, en efecto, la ilustración de libros es un asunto que interesa particularmente. Hasta hoy, la estima internacional del gremio ha aventajado siempre a la que goza en el interior del país, y ello aun cuando la ilustración ha ganado sensiblemente prestigio también en Alemania durante las últimas décadas.

Experimentar con el ordenador

El empleo continuo y creciente de la tecnología informática ha llevado, precisamente, a admirar más el trabajo artesano clásico. Así ocurre tanto en las ilustraciones como en campos como las galeradas o la maquetación, aunque, en general, los protagonistas de esta vuelta a la tradición tampoco renuncian de ningún modo a usar ordenadores, sino que suelen sumar a su estilo personal las posibilidades que ofrece la informática. Ejemplo eminente al respecto es Wolf Erlbruch, uno de los ilustradores con más éxito internacional que desde hace poco dedica especial energía a experimentar con los gráficos por ordenador, sin que por ello se haya retirado a segundo plano su trazo característico.

No obstante, la organización profesional de los ilustradores, que con sus 1.300 miembros es la mayor asociación del ámbito germanoparlante que defiende los intereses del gremio, denuncia las malas condiciones en que trabajan sus representados. Los honorarios están estancados, y ello a pesar de que desde comienzos del siglo XXI los periódicos y revistas han vuelto a apostar por la ilustración, en lo cual también quieren marcar distancias frente a la tradicional tendencia inflacionaria a usar la fotografía.

Películas animadas hechas en países con niveles salariales bajos

Pero en los campos que requieren una labor de especial intensidad, tales como el libro ilustrado, el cine de animación o el cómic, el aumento de atención pública de que disfrutan no se ve acompañado de mejoras en la retribución, al tiempo que se espera que la labor esté acabada antes bajo la presión de la edición basada en medios informáticos.

En el segmento de grandes volúmenes, el cine de animación se produce casi exclusivamente en países con niveles salariales bajos. En cuanto al mercado librero alemán, las obras ilustradas, trátese de tebeos o de libros ilustrados, no han llegado nunca a disfrutar del mismo rango que se les otorga por ejemplo en Francia, Italia, Japón o los Estados Unidos. Por ello, en Alemania la mayoría de los ilustradores se ven obligados a diversificar mucho su trabajo. Con lo cual tienen más difícil el poder desarrollar un estilo con características propias.

Trazo personal, estilo inconfundible

  • “Toothbrush”, Cover of American Illustration no. 20 © Amilus Inc.
    “Toothbrush”, Cover of American Illustration no. 20
  • “Pip and Posy” by Axel Scheffler © Carlsen-Verlag
    “Pip and Posy” by Axel Scheffler
  • Franziska Neubert and Hans Christian Andersen: “The Nightingale” © Franziska Neubert
    Franziska Neubert and Hans Christian Andersen: “The Nightingale”
  • “Schreimutter” by Jutta Bauer © Beltz-Verlagsgruppe
    “Schreimutter” by Jutta Bauer
  • Illustration by Michael Sowa © Verlag Antje Kunstmann
    Illustration by Michael Sowa
  • “Der fliegende Jakob” by Philip Waechter © Verlag Beltz und Gelberg
    “Der fliegende Jakob” by Philip Waechter
  • “Oskar” by Rotraut Susanne Berner © Gerstenberg-Verlag
    “Oskar” by Rotraut Susanne Berner
  • “Das grosse Balladenbuch”, with illustrations by Tatjana Hauptmann © Diogenes
    “Das grosse Balladenbuch”, with illustrations by Tatjana Hauptmann
Y el estilo propio es el requisito más importante para ganar prestigio. En el caso de los ilustradores activos actualmente más conocidos, el público asocia con cada uno de ellos una manera determinada de aproximarse al asunto y, casi siempre, también un trazo personal claramente reconocible: así ocurre con Wolf Erlbruch, Rotraut Susanne Berner, Christoph Niemann, Jutta Bauer, Philip Waechter, Franziska Neubert, Nikolaus Heidelbach, Sabine Wilharm, Volker Pfüller, Anke Feuchtenberger, Klaus Ensikat, Sabine Friedrichson, Axel Scheffler, Tatjana Hauptmann, Michael Sowa, Henriette Sauvant, Hans Traxler, Binette Schroeder o Hendrik Dorgathen.

No es casualidad que en este escueto listado no encontremos apenas creadores de animación ni dibujantes de tebeos. En efecto, la percepción de la ilustración sigue marcada por el mercado del libro y la prensa, por más que las fronteras –podríamos citar aquí el caso modélico de Christoph Niemann– hace mucho tiempo que se difuminaron para los jóvenes representantes del gremio. Hoy, el recién llegado al mercado de la ilustración tiene que pensar ante todo en hacerse un nombre con sus dibujos a través de Internet y los teléfonos inteligentes, lo cual suele exigir también introducir imágenes animadas.

El principio del “libro como objeto bello”

La ilustración esta desprendiéndose de lo que en tiempos fue su punto de referencia: la palabra. En el origen del término, procedente del verbo latino “illustrare”, se ve cuál era su función original: explicar el texto añadiéndole imágenes. Hoy, sin embargo, se considera lo ideal que la ilustración resulte inteligible sin palabras, ya que así se la podrá ver y comercializar en todo el mundo. De este modo, los ilustradores son hoy artistas más independientes que en el pasado, pues ahora el motivo de sus obras lo constituyen ante todo ideas propias, y ya no textos ajenos.

Al mismo tiempo, sin embargo, el desafío del libro electrónico ha hecho posible en Alemania una vuelta al principio del “libro como objeto bello”, de lo cual se benefician también los ilustradores. Se supone que el cuidado puesto en el diseño y los contenidos de una obra impresa será un buen argumento para su venta, y así en los últimos años ha aumentado sensiblemente la cifra de libros ilustrados ofrecidos por editoriales literarias clásicas.

Una nueva sensación de pertenencia

En vista de lo dicho, resulta sorprendente que, a diferencia de la animación o el cómic, en la ilustración de libros no se celebre ningún encuentro alemán de los profesionales fuera de las ferias del libro de Fráncfort o Leipzig.

Sin embargo, la noción tradicional del ilustrador que trabaja aislado está cambiando con talleres comunitarios como Labor en Fráncfort o Monogatari en Berlín, del mismo modo que el aumento de asociados a la Organización de los Ilustradores muestra asimismo que en Alemania está surgiendo una sensación de pertenencia entre los representantes de un arte que vive una época de renacimiento ahora también en nuestro país.