La conexión y el éxito de los libros ilustrados con el teatro

Taller: Danza e ilustración, Ilustrador 2015
Taller: Danza e ilustración, Ilustrador 2015 | Photo: © Javier Pizarro Vinagre

Muchas noches, antes de que los griegos inventaran el teatro, los niños ya se colaban en las primeras filas de las reuniones de los adultos para escuchar historias y ver cómo éstos dramatizaban hechos vividos o imaginados con los que se transmitían experiencias, conocimientos o, simplemente, se entretenían. Desde su nacimiento, el niño es un gran aficionado a escuchar historias.

Y gracias a esta afición, la oferta de teatro para niños es amplísima. Basta con echar un vistazo a la cartelera para ver que es variada y adaptada para todos los gustos. Pero hay un hecho que no nos deja indiferentes, la gran presencia de adaptaciones al teatro basadas en albúmenes ilustrados. ¿Ha existido desde siempre? ¿Es algo casual? ¿Es una moda pasajera ligada al auge del éxito de los libros ilustrados?
 
Las primeras representaciones de clásicos infantiles parten de los propios niños, estas mini obras de teatro, nacen de la necesidad de desarrollar su capacidad simbólica. Esa que les permite ampliar sus experiencias gracias a la actividad de jugar a ser otros. Usando tan solo la imaginación y el lenguaje se convierten en el lobo Feroz, en Caperucita Roja o en Robin Hood.
 
No es algo casual encontrar en la cartelera teatral la adaptación de álbumes ilustrados. Se recurre a ellos porque movilizan más, los padres llevan a los niños ante un valor seguro que no decepcionará. Las niñas y los niños quieren ver en la escena a sus personajes favoritos, eso si, pero no a cualquier precio. A veces dar el salto del papel a las tablas no es una tarea nada fácil y en ocasiones es muy arriesgada. Requiere ingenio y saber conectar con el publico a través de un lenguaje claro, inocente y con sentido del humor. Pasar de las 32 páginas de media que tiene un álbum a un guión que sorprenda y entretenga al público durante algo más de una hora, implica utilizar todas los recursos posibles de cara a no fracasar. Uno de los principales requisitos es enfrentarse con humildad ante el libro ilustrado, que en muchos casos ya se ha convertido en un clásico y en casi, casi, en una obra de culto y de referencia para los lectores.

La Sala Cuarta Pared, un paraíso del teatro para niños, situado en el centro de Madrid, lo sabe hacer muy bien. Cuarta Pared programa con asiduidad y éxito Elmer, un clásico de David McKee sobre un elefante de colores, de la mano de la compañía Teatro de la Luna. Este celebérrimo cuento se acompaña con la música de Michael J. Cohen, compuesta expresamente para este espectáculo.
 
De ahí que este año Ilustratour, el principal festival de ilustración que se celebra en España y que se desarrolló a finales del pasado julio en Madrid, centrara varias de sus actividades en torno a los vínculos de la ilustración con la danza y el teatro.  Mucho de esto vimos en los participantes de los talleres de Ilustratour, adultos que se dejaron arrastrar por la música para pintar, para dejar que sus emociones afloraran, para rescatar a ese niño que llevan dentro y que hace tiempo olvidaron.
 
El pequeño conejo blanco, de Xosé Ballesteros y Óscar Villán, editado por Kalandraka, es otra de las obras que adapta la compañía Teatro de la Luna y que viaja de colegio en colegio. El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry en su adaptación al teatro musical por Àngel Llàcer y Manu Guix, traslada al niño a un mundo tierno y poético lleno de notas musicales. La compañía de teatro Baychimo, con sede en Zamora, adapta dos obras alemanas para la escena, Todos sus patitos y El Pequeño señor Paul. Todos sus patitos es un espectáculo para niños a partir de cuatro años basado en el libro del mismo título de los autores Christian Duda y Julia Friese, publicado por Lóguez Ediciones. Una historia que transcurre en un espacio muy concreto, un bosque. El pequeño señor Paul de Martín Baltscheit y publicado por Anaya, nos presenta unas cuantas historias cotidianas, que en principio podrían pasarnos a cualquiera de nosotros y donde el pequeño señor Paul nos dice que hay otras maneras de relacionarse con el mundo.

Y una de mis favoritas es, sin duda, la versión de títeres para niños de Donde viven los Monstruos, de Maurice Sendak, con adaptación de Gustavo del Río para la compañía de teatro Sueños de Humo. Una obra sorprendente en la que se explora la fantasía y la realidad a partes iguales.
 
Y aprovechando el buen momento que viven los libros ilustrados, incluso para adultos, pronto tendremos en Madrid uno de los estrenos más esperados para el próximo otoño. Será La máquina del tiempo, adaptación teatral de las tres novelas gráficas del artista Aitor Saraiba: El hijo del Legionario, Pajarillo y Nada más importa. De ella se habló extensamente dentro de las actividades programadas en el festival Ilustratour. Tres volúmenes que narran con pocas palabras la complejidad de una vida, mezclando entre ellas los potentes dibujos del imaginario de Saraiba. Miedos, esperanzas, corazones rotos, fantasmas, familia y perdón son conceptos narrados por un hombre que busca su lugar en el mundo.