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“Progreso en el valle de los despistados”, Florian Kunert
Tras el silencio de las ruinas

Fotograma de “Progreso en el valle de los despistados” de Florian Kunert, 2019
Fotograma de “Progreso en el valle de los despistados” de Florian Kunert, 2019 | Foto (detalle): © Florian Kunert

En este documental experimental, el director entrecruza la historia industrial de la RDA con la de un grupo de refugiados sirios.

De Miguel Muñoz Garnica

Sobre la fachada con ventanas de un edificio de viviendas abandonado, en plena noche, vemos proyectadas fotografías del grupo de jóvenes sirios que protagoniza Progreso en el valle de los despistados. Tras varios planos similares, cambia la proyección: vemos ahora sobre la fachada imágenes de archivo de un viejo vídeo gubernamental. Kunert corta al contenido de ese archivo, una grabación de los años setenta sobre un joven sirio recién llegado a la RDA. La voz en off del joven, empleado en una fábrica de maquinaria agrícola llamada Fortschritt (Progreso), relata sus esperanzas de futuro: aprender alemán, trabajar codo con codo con sus compañeros, y volver a su país con los nuevos conocimientos adquiridos. En el material de archivo, el joven desfila en un tractor de la fábrica por las calles de la ciudad, entre aplausos y vítores de los lugareños. Es entonces cuando Kunert introduce otro corte definitorio, una elipsis temporal de medio siglo. La cámara se sitúa en el fondo de un pasillo ruinoso, el interior del mismo edificio que veíamos en los planos mencionados al principio. Por el fondo del encuadre, los tabiques caen: otra máquina, esta vez una demoledora, está echando abajo la construcción. Mientras, un antiguo trabajador de Fortschritt recorre las estancias desvencijadas.

Performance, archivo y documental

Este montaje en tres niveles temporales, correspondientes respectivamente con imágenes de performance, archivo y documental, tienen en común un único espacio: el “Valle de los despistados” que da título a la película. Se trata de la región al sur de Dresde, así apodada en la época de la RDA porque estaba demasiado alejada de la Alemania Occidental como para que a sus habitantes les llegara la señal televisiva de los noticiarios de la República Federal. Los jóvenes sirios son refugiados a los que se ha asignado como vivienda el antiguo edificio residencial de Fortschritt, y las imágenes de archivo dan cuenta del recibimiento mucho más cálido que la zona dio a sus compatriotas en el pasado, en la época de un esplendor industrial ya olvidado. El valle, tal y como nos recuerda Kunert, es ahora tristemente conocido por sus movimientos de extrema derecha contrarios a la “islamización” de Alemania.

Fotograma de “Progreso en el valle de los despistados” de Florian Kunert, 2019 Fotograma de “Progreso en el valle de los despistados” de Florian Kunert, 2019 | Foto (detalle): © Florian Kunert

Contra el olvido

Con esos recuerdos documentados y los que aporta el extrabajador de la fábrica, la película hila una visión elegiaca de “unos tiempos más sencillos”, de un calor humano cuya ausencia dolorosa se manifiesta no solo en la soledad de los refugiados, sino en la decadencia del edificio que habitan. Entonces, esa performance con las fotos de los refugiados sobre la fachada en ruinas viene a condensar el posicionamiento que ensaya Kunert: un diálogo crítico entre el pasado y el presente y una forma de recuperar, a la par, la dignidad obviada de un espacio y de unos rostros.

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