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“Entre nosotros”, Maren Ade
Cine alemán para el verano (II)

Fotograma de “Entre nosotros” de Maren Ade, 2001
Fotograma de “Entre nosotros” de Maren Ade, 2001 | Foto: © Maren Ade, Komplizen Film

En su segundo largometraje, Ade cuenta la crisis de una pareja durante sus vacaciones.

De Miguel Muñoz Garnica

De espaldas a la cámara, Chris (Lars Eidinger) queda en la mitad derecha del cuadro. En la izquierda, una pared que divide en dos el plano. De sus manos cuelgan la toalla, las gafas de bucear y las aletas. Al fondo, un muro de piedra. La composición empareda a un personaje que, como no recuerdan sus pertrechos, hasta hace un minuto se dirigía a un día de playa cualquiera de unas vacaciones cualquiera. Tras el corte de montaje, Chris aparece ahora de frente, en la margen derecha de un plano general. En la margen opuesta está Gitti (Birgit Minichmayr), encogida, mirada esquiva. Como si los dos apuraran los límites del plano para maximizar la distancia posible entre sí. ¿Qué les pasa a Chris y Gitti?

Fotograma de “Entre nosotros” de Maren Ade, 2001 Fotograma de “Entre nosotros” de Maren Ade, 2001 | Foto: © Maren Ade, Komplizen Film

“Nosotros”

A estas alturas de película –la escena citada frisa el final–, hemos acumulado las suficientes pistas. Entre nosotros transcurre en Córcega y nos sitúa en un espacio que posibilita el espejismo de que una pareja sea, justamente, una isla. Al menos por un tiempo. Se supone que Chris y Gitti se están concediendo unos días para sí mismos, para interpretar sus pequeñas comedias despreocupados de toda convención social. De esa enorme intimidad, la de una pareja que en un principio no hace más que consentirse en sus bromas privadas, nos hace partícipes Maren Ade para luego rastrear, escena tras escena, su derribo silencioso; cuando, inevitablemente, los demás entran en escena. Porque Entre nosotros es más que nada eso, un día de playa frustrado. La constatación de que las vacaciones del verano no consisten tanto en un estado de excepción como en un tenso letargo de las presiones laborales y/o vitales.

Fotograma de “Entre nosotros” de Maren Ade, 2001 Fotograma de “Entre nosotros” de Maren Ade, 2001 | Foto: © Maren Ade, Komplizen Film

“Los otros”

¿Qué les pasa, entonces, a Chris y Gitti? Podemos ponerlo en otro plano de lo más revelador. La pareja acoge en su casa a Hans, un exitoso amigo de Chris, que claramente está determinando los comportamientos del resto. La comparación, implícita y violenta, que impone con su presencia ha dado al traste con el verano de Chris. Entonces, en un equipo de música suena un tema de Herbert Grönemeyer. En el plano vemos a Chris y Gitti, quietos y silenciosos como estatuas al son de los versos: “Te quiero tanto… Más de lo que imaginas”. Socarrón, Hans apaga la música y atraviesa el mismo encuadre. Gitti lo hace después, terminando con el incómodo estatismo de la pareja en el plano. Y es ahí, en sus miradas que no se cruzan y en la salida de campo de Gitti, cuando descubrimos que las palabras de amor y el baile que nunca vemos han quedado flotando en el ambiente, separándose de sus cuerpos. Que les han robado sus comedias veraniegas, y solo recuperándolas –de ahí el gesto que cierra la película– tienen algo que hacer el uno con el otro.

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