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“Hagazussa”, Lukas Feigelfeld
Terror alemán para Halloween (I)

Fortograma de “Hazagussa” de Lukas Feigelfeld, 2017
Fortograma de “Hazagussa” de Lukas Feigelfeld, 2017 | Foto: © DFFB, Retina Fabrik

La ópera prima del cineasta, ambientada en los Alpes en el siglo XV, se nutre del folclore sobre brujería para realizar un estudio sobre la psicosis.
 

De Miguel Muñoz Garnica

No descubrimos nada nuevo al comparar Hagazussa, primer largometraje de Lukas Feigelfeld, con otra ópera prima convertida en una de las películas más influyentes del terror contemporáneo: La bruja, de Robert Eggers. Las similitudes son claras. Ambas están rodadas íntegramente en localizaciones naturales muy remotas, buscan el rigor histórico en sus escenografías y vestuarios, se autolimitan a las iluminaciones motivadas, desarrollan un ritmo pausado, se nutren del folclore sobre brujería y el culto al diablo y, en este sentido, cuentan con sendas protagonistas femeninas cuya relación cada vez más tirante con quienes las rodean las empuja hacia lo “maligno”. Ambas cintas, por qué no decirlo también, se abonan a una visión esteticista del terror muy en boga en los últimos años.

Una producción humilde

En primera instancia, se diferencian por sus medios de producción. La de Feigelfeld es mucho más humilde, tanto que originalmente era un proyecto estudiantil y obtuvo su presupuesto de patrocinios y crowdfunding. El joven cineasta la rodó al completo en los Alpes alemanes limitando sus interiores a un par de escenarios –una cabaña, una iglesia–, y aun así sufrió numerosas interrupciones por la falta de fondos, que prolongaron la fase de producción por cuatro años. Pero este matiz no es meramente anecdótico. La falta de medios explica la radicalidad de Hagazussa en su trabajo actoral, y la enunciación narrativa que de ello deriva. La actriz Aleksandra Cwen carga casi en solitario con el peso de la película, en la que interpreta a Albrun, una pastora de la época tardomedieval que vive sola en su cabaña y que, por esta reclusión, se ha ganado la fama de bruja entre los vecinos del pueblo cercano.

Fotograma de “Hazagussa” de Lukas Feigelfeld, 2017 Fotograma de “Hazagussa” de Lukas Feigelfeld, 2017 | Foto: © DFFB, Retina Fabrik

Estudio de la psicosis

Por encima de todo, y aquí está la diferencia capital con La bruja, Hagazussa funciona como un estudio de la psicosis. Podemos inferir que la degeneración de Albrun es consecuencia, que no causa, de la marginación social que sufre. Aunque, para contar esto, Feigelfeld opta por una fuerte sustracción narrativa que apenas desliza explicaciones de lo que vemos, y prefiere ensimismarse en la contemplación del terror. Algunas veces de manera frontal, otras veces ocultando información de la vista mediante el desenfoque o el fuera de campo, los planos sostienen la mirada ante elementos típicos del género como las viscosidades corporales, la sangre o las entrañas. Según avanza el metraje, la violencia y la sexualidad se desatan rompiendo tabúes en ese viaje hacia la psicosis de Albrun. Ahora bien, Feigelfeld emplea también de manera recurrente otro plano-tipo: las vistas en gran plano general del paisaje alpino –entre ellas el plano de cierre–, que trazan una dialéctica extrema definitoria. Esto es, ¿ dónde tenemos que buscar la supuesta condición de bruja de Albrun? ¿En su cuerpo o en su entorno?

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