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“Outside Noise”, Ted Fendt
Erótica de la liminalidad

Fotograma de “Outside Noise” de Ted Fendt, 2021
Fotograma de “Outside Noise” de Ted Fendt, 2021 | © Flaneur Films

El cineasta estadounidense ha presentado su tercer largometraje en el Festival de Sevilla.

 

De Miguel Muñoz Garnica

Una conversación entre dos de las protagonistas cita a Arnold van Gennep, el etnólogo que popularizó el concepto de los ritos de paso; esto es, las marcas de transición entre las etapas vitales. Se habla de la fase liminal, la parte intermedia de un rito de paso en la que se ha dejado atrás la etapa vital anterior pero no se ha alcanzado aún la siguiente. Al oír la explicación, Daniela (Daniela Zahlner) se reconoce en un estado liminal en su vida. Así nos la muestra Outside Noise, que con todas sus decisiones estructurales y estéticas expande ese concepto de lo liminal a todo su dispositivo.

Transiciones

A Daniela la vemos en transición entre espacios –Nueva York, Berlín, Viena– y entre tiempos más o menos amplios que van del peso de los días al paso de las estaciones. Entre situaciones que se suceden bajo una lógica de montaje impregnada de una suerte de apatía melancólica. Del mismo modo, las imágenes de Fendt quedan en plena transición entre, por ejemplo, el cine viejo y el nuevo –una diégesis de plena actualidad extrañada por las texturas en 16mm–, entre la ficción y el documental, entre el apego a la concreción de las escenas y las elipsis que hacen del tiempo una brecha permanente.

Fotograma de “Outside Noise” de Ted Fendt, 2021 Fotograma de “Outside Noise” de Ted Fendt, 2021 | © Flaneur Films

Estado generacional

Las fuentes de Fendt parecen claras, y por aquí colea un cine de la banalidad que se espeja en Dan Sallitt, Hong Sang-soo o Angela Schanelec. Al igual que ellos, el cineasta americano, más allá de menciones como la de Van Gennep –que, lejos de intelectualizar la película, aparece de manera perfectamente orgánica–, no propone ninguna tesis social o estado de las cosas. Como esos referentes, ensaya más bien maneras de estar ante ellas. Su sensibilidad distintiva lo orienta hacia una cuestión generacional: la cosmovisión de un puñado de personajes que han sobrepasado la treintena y se descubren atrapados en una fase liminal extendiéndose ad infinitum. Como se pregunta uno de ellos, ¿qué hacemos con esos días de nuestra vida, demasiados, que se nos pasan indolentes y limitados a la esperanza de que el siguiente sea uno mejor? O bien, ¿qué hacemos con ese “ruido exterior” que nos demanda a la sordina el convertirnos en adultos pero no nos guía hacia nuestro rito de paso?

Hay en Outside Noise, acaso una de las cintas que mejor defina a la generación de la ansiedad, una alquimia para poner en escena todas estas preguntas, toda la carga de su formulación permanente y su ausencia de respuestas. Si bien la película, a la vez, es una respuesta. Un estudio de cómo saber vivir sobre las preguntas, de cómo hacer un paisaje sensual de ese estado transicional que parece no acabar nunca. Y ahí, en una erótica de la liminalidad, radica su auténtica belleza.

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