Base teórica Nuevos modelos de las interrelaciones entre cultura y economía

Taller
Foto: David Sirvent © Goethe-Institut Madrid

Rowan muestra cómo ha cambiado el entendimiento de la cultura y ha llegado a considerarse un activo económico. Como contrapunto presenta nuevos prototipos económicos abiertos para la cultura.

Este documento constituye un intento de presentar diversas genealogías de cómo la cultura empezó a considerarse un activo económico hacia finales del siglo veinte. Queremos presentar y debatir tres conceptos: la industria de la cultura, las industrias culturales y las industrias creativas, veremos cómo la percepción del papel de la cultura ha cambiado, pero ante todo veremos los diferentes modelos diseñados para que la cultura genere beneficios económicos. Argumentaré que, con la crisis económica que hemos vivido desde 2007, la mayoría de estos discursos y modelos se han paralizado. Por esta razón, creo que deberíamos explorar otros modelos – algunos de los cuales son prototipos abiertos, otros aún están por probar – que puedan ayudarnos a entender de qué formas se interrelacionan actualmente la cultura y la economía.
 
[…]

Prototipos para la cultura

Las perspectivas han cambiado para la cultura. Está surgiendo una nueva generación de empresas con aspectos interesantes que debemos examinar y entender. En la mayoría de los casos, el aspecto que voy a comentar no constituye un modelo económico propiamente dicho, más bien se prefiguran prototipos de cómo podría ser la economía de la cultura.

De los átomos a los bits

La emergencia de fablabs y el crecimiento de la fabricación digital está abriendo caminos para que la cultura experimental, la arquitectura innovadora y las culturas digitales encuentren vías de interacción con el mundo. Los talleres, laboratorios y estudios de fabricación digital combinan el conocimiento y las herramientas más avanzadas con las habilidades tradicionales. Los artesanos digitales, hacker, diseñadores y ciudadanos encuentran lugares donde interactuar y construir juntos. Estos espacios combinan diferentes grados de destreza e intereses heterogéneos, pero lo que es más importante, espacios abiertos para que emerjan nuevos modelos económicos. Lugares donde la colaboración es crucial y donde la artesanía tradicional y la innovación digital se dan la mano.

¿Innovación social?

La crisis económica ha dado visibilidad a una serie de prácticas que tradicionalmente volaban por debajo del radar: colaboraciones entre arquitectos y ciudadanos para abrir nuevos espacios públicos, zonas urbanas, compra colaborativa de alimentos, reparto de las tareas de cuidado, etc. La mayoría de estas iniciativas no mueven más que pequeñas cantidades de dinero, aunque algunas de ellas están dando origen a modelos microeconómicos – pero sostenibles. Éstos huyen de la idea de “industria” y se mueven hacia formas más sociales de compartir y producir valor. ¿Podrían estas iniciativas ayudarnos a concebir una nueva generación de modelos de negocio?

Implicación con la colectividad

Nos estamos dando cuenta de que existe una nueva generación de proyectos culturales con conciencia comunitaria. Es decir, trabajan con las comunidades en las que operan y comparten sus preocupaciones – que pueden ser de índole espacial, como ayudar a evitar la gentrificación, o bien social, implicándose en causas o problemas locales. Al escapar de los dictados de las industrias creativas, estos proyectos han dejado de considerar a sus comunidades como público o consumidores, para trabajar con ellas hombro con hombro en un proceso participativo para la toma de decisiones. Lo cual genera un modelo económico y productivo muy diferente, ya que las comunidades toman conciencia en mucho mayor grado de la necesidad social de estos proyectos.

Prácticas basadas en el concepto de Commons

Uno de los frentes de la resistencia contra las industrias creativas vino a través del movimiento de la ‘Cultura Libre’, es decir, un conjunto de artistas, músicos, escritores, etc. que decidieron utilizar autorizaciones abiertas para sus obras. Consideran la cultura algo así como un bien común, es decir, un recurso compartido que debe gestionarse en común. Lo cual ha abierto todo un abanico de nuevas prácticas y posibilidades económicas. Para que funcionen las colaboraciones, remezclas, intervenciones, etc., que son cruciales para entender las culturas digitales, es necesario eliminar ciertos límites impuestos por la propiedad intelectual. ¿Qué economías generarán estas prácticas? Es un tema que aún requiere un análisis más detallado para su mejor comprensión.

Economías híbridas

Hemos visto cómo la mayoría de las prácticas descritas arriba presentan modelos económicos híbridos. Son prototipos económicos determinados sustancialmente por la combinación de iniciativas de crowdfunding, inversión pública y privada, monedas virtuales y criptodivisas, etc. Estos modelos, a veces complejos, nos ayudan a escapar de las categorías binarias (público/privado, beneficio/no-beneficio) y a entender los espacios en los que se funden estas categorías.

Perspectivas

Todos estos cambios, ¿podrían interpretarse como signos de un nuevo modelo (o modelos) económico(s) para la cultura? ¿Son todas estas prácticas una solución a los problemas planteados por las industrias creativas? ¿Nos estamos moviendo desde un paradigma basado en la industria hacia algo sustancialmente diferente? ¿Podemos imaginar que estas prácticas generen nuevas formas de trabajo y creatividad? ¿Qué estética define a estos nuevos modos de operar? ¿Pueden estas realidades arrojar luz sobre diferentes sistemas de valores? Éstas son algunas de las preguntas que podríamos debatir para definir el proyecto.

Aquí se puede encontrar el texto completo para descargar: