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Superación del pasado
Enfrentarse al capítulo oscuro

Dos personas en Berlín delante de una placa conmemorativa de la Conferencia del Congo:  más de cien años después de los crímenes cometidos por el poder colonial alemán en lo que hoy es Namibia, el gobierno federal reconoce los actos violentos contra los hereros y los nama.
Dos personas en Berlín delante de una placa conmemorativa de la Conferencia del Congo: más de cien años después de los crímenes cometidos por el poder colonial alemán en lo que hoy es Namibia, el gobierno federal reconoce los actos violentos contra los hereros y los nama. | Foto (detalle): Paul Zinken © picture alliance / dpa / dpa-Zentralbild

Entre 1904 y 1908 las tropas coloniales del Imperio Alemán asesinaron en Namibia miles de herero y nama. Después de más de cinco años de negociaciones entre los gobiernos alemán y namibio, Alemania reconoció este crimen como genocidio. El politólogo y especialista en África Henning Melber habla en esta entrevista sobre las omisiones en las negociaciones y la superación del pasado por parte de los poderes coloniales.

Después de casi seis años de conversaciones con Namibia, Alemania anunció un acuerdo de reconciliación. Esto suena a un proceso concluido. Según su estimación, hasta qué punto son definitivas estas negociaciones.

Según Ruprecht Polenz, el encargado especial alemán para las conversaciones bilaterales, el acuerdo refrendado a mediados de mayo por él mismo y su contraparte de Namibia, el doctor Zed Ngavirue, muerto por Coronavirus, es un convenio definitivo. El ministro de relaciones exteriores de Alemania, Heiko Maas, lo reafirmó en el parlamento. En consecuencia, no habrá negociaciones posteriores. Ahora bien, la firma definitiva del llamado Acuerdo de Reconciliación no tuvo lugar en junio de 2021 en Windhoek como estaba planeado, y la causa no fue solo el dramático ascenso de casos de Coronavirus en Namibia sino también la enérgica protesta de los herero y los nama. Después de acaloradas discusiones, el pronunciamiento del parlamento namibio se interrumpió por la pandemia y actualmente se aguarda la reanudación de las sesiones para la aprobación del convenio.

Sólo la firma de los ministros hará que el acuerdo tenga valor legal. Según fuentes sin confirmar, el acto tendría lugar en septiembre de 2021. Lo único que podría hacer fracasar este acto sería una improbable retirada por parte del gobierno de Namibia. Ahora bien, el partido de gobierno, el SWAPO Party of Namibia, antes llamado South West Africa People’s Organisation, dispone de una considerable mayoría en el parlamento. A pesar de la crítica de las propias filas y la insatisfacción respecto al compromiso negociado, votarán a favor del acuerdo.
  
¿Qué responsabilidad tiene Alemania de reiniciar conversaciones, especialmente en relación con el hecho de que organizaciones como la Ovaherero Traditional Authority (OTA) y la Nama Traditional Leaders Association (NTLA) rechazan el convenio en su forma actual?

Si la reconciliación se toma en serio, deben estar involucradas las representaciones más importantes de los descendientes de las personas afectadas directamente por el genocidio. No es lo que sucedió. Y el reproche también hay que hacérselo al gobierno de Namibia. Por eso el resultado de las negociaciones lamentablemente es puro papel. De todos modos, sería arrogante que ahora la parte alemana exigiera corregir una omisión que durante las conversaciones se aceptó en nombre de los intereses de ambos gobiernos. Además, Alemania ni se plantea esa responsabilidad, en la medida en que enfatiza el carácter definitivo del acuerdo de reconciliación y reafirma así la exclusión de los herero y los nama.

Según su opinión, ¿cómo surgió la cifra de 1100 millones de euros que Alemania debe pagar a Namibia en un período de treinta años?

Esa cifra fue el resultado de regateos. La oferta inicial del gobierno alemán, según informes de involucrados, era significativamente más baja. Las exigencias de la parte namibia, por el contrario, eran considerablemente más altas. En las negociaciones, que concluyeron más bien en dirección de la suma más baja, fue de ayuda para la parte alemana la crisis económica de Namibia. Desde 2016 la economía se encuentre una recesión que se agudizó dramáticamente por las consecuencias de la pandemia del Coronavirus. El gobierno tiene el agua al cuello en lo fiscal y esto seguramente estimuló su disposición a hacer concesiones. Por otro lado, la ilimitada hegemonía política del SWAPO, que como movimiento de liberación gobierna el país desde la independencia de 1990, se debilitó por pérdida de votos en las elecciones legislativas y presidenciales de noviembre de 2019 y más aún en las elecciones regionales y distritales de noviembre de 2020. Tal vez el gobierno de Namibia especuló con que podía presentar el rédito financiero del acuerdo como algo exitoso. Pero si se observan las reacciones en el país, fue un error de apreciación.

Con los 1100 millones de euros se han de apoyar proyectos a lo largo de treinta años. ¿En qué proyectos debe invertirse el dinero y quién tomará esa decisión? ¿Cómo puede asegurase que el dinero llegue realmente adonde tiene que llegar?

Cincuenta millones se reservaron para una fundación de intercambio cultural. Son menos de dos millones de euros por año. Mil cincuenta millones se utilizarán, repartidos a lo largo de treinta años, en la infraestructura de siete de las catorce regiones del país. Allí viven los descendientes de las comunidades más afectadas por el genocidio. Una prioridad es el desarrollo agrícola, así como la educación, la salud y la provisión de energía y agua.

Faltan especificaciones respecto al modo de implementación y también en lo que se refiere al planeamiento y la administración. Por eso ya existe la preocupación de que se permita el autoenriquecimiento de involucrados. Debemos esperar para saber hasta qué punto las estructuras que se crearán podrán impedirlo mediante los controles correspondientes.

Voceros de la Ovaherero Traditional Authority y la Nama Traditional Leaders Association califican al acuerdo de reconciliación de “éxito de relaciones públicas de Alemania”. ¿Hasta qué punto está justificada esta calificación?

Frente a las masivas críticas del acuerdo difícilmente puede hablarse de un éxito de relaciones públicas. Se trata más bien de un intento que fracasó por sus deficiencias y que –si se concreta– apenas si augurará un mejoramiento de la imagen de Alemania. Como punto positivo queda, sin embargo, que por primera vez una antigua potencia colonial se enfrenta a ese oscuro capítulo, aunque lo haga de modo tibio. Como sea, establece un nuevo punto de referencia para procesos poscoloniales en otros países. Esto podría tener un efecto movilizador para ejercer más presión sobre los gobiernos que confiesan historias coloniales criminales.

En conexión con el genocidio, los medios internacionales, por ejemplo el Washington Post y el New York Times, suelen poner como ejemplo el Holocausto cuando el tema es la superación del pasado en Alemania. ¿Cómo se aborda el genocidio de los herero y los nama en comparación con otros genocidios?

Una comparación con el Holocausto o con otros genocidios me parece fuera de lugar, cuando no engañosa. Cada forma de aniquilación masiva o genocidio tiene un carácter singular para los afectados. Eso es justamente lo que reclaman los herero y los nama: un reconocimiento incondicional del crimen y de sus consecuencias, así como respeto del sufrimiento causado, que para ellos hasta hoy no es historia sino presente.

La reelaboración alemana del Holocausto sólo puede ser relevante en la medida en que ha creado formas de la memoria que también deberían concederse a las víctimas del colonialismo alemán en la Namibia actual y en otros lugares.

El entendimiento entre los pueblos debería practicarse en el nivel de los ciudadanos de los países involucrados, es decir, en un recuerdo común de las atrocidades. Esto implica meditar sobre qué esfuerzos en cuanto expresión del arrepentimiento y de búsqueda de una comunidad entre los descendientes de los victimarios y los de las víctimas, son necesarios para un futuro común en paz.

Según su opinión, ¿por qué Alemania evita la palabra “reparación” y qué cambiaría si se usara ese término?

El acuerdo enfatiza que Alemania reconoce el genocidio en un sentido moral y político pero que explícitamente no lo reconoce en un sentido legal. La contribución material acordada es llamada “gesto de reconocimiento”. Por el contrario, “reparación” es un término con connotaciones jurídicas y que abriría una nueva dimensión que tocaría otros casos delicados, por ejemplo, los crímenes de guerra de los soldados alemanes en la Segunda Guerra Mundial.

Los tribunales de Grecia, Italia y de algunos países del este de Europa les han concedido a los descendientes de los civiles asesinados en aquella época un derecho a la indemnización. Alemania siempre rechazó esas sentencias y descartó cualquier responsabilidad en crímenes de guerra individuales. Con acciones de reparación a los descendientes del genocidio en Namibia se sentaría un precedente que haría aparece esta cuestión bajo una perspectiva nueva. Podría animar a los descendientes de víctimas en otras colonias alemanas a hacer exigencias parecidas.


La entrevista estuvo a cargo de Juliane Glahn.

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