Clemens J. Setz

Clemens J. Setz nace en 1982 en Graz.
En las novelas de Setz siempre aparece el tema de transgresoras experiencias mentales. No solo los personajes, sino también su lengua se escapan en general de los modelos vigentes. Las novelas de Setz crean mundos misteriosos y fascinantes.
Clemens J. Setz ha sido galardonado con numerosos premios, entre ellos, el Premio de Literatura Wilhelm Rabe.

Su obra todavía no ha sido traducida al castellano.

Clemens J. Setz nace en 1982 en Graz. Empieza los estudios universitarios de matemáticas y germánicas. Trabaja además como traductor y publica poemas y relatos. Es cofundador del grupo literario Plattform. Setz vive en Graz.

Su primera novela, Söhne und Planeten (2007), ya aparece seleccionada para el Premio literario Aspekte. En cuatro relatos que, con sus temas, personajes, motivos, componen una novela, Clemens J. Setz muestra el acercamiento de padres a hijos y viceversa, y cómo llegan a destruirse mutuamente. Su segunda novela, Die Frequenzen (2009), narra la historia de dos amigos que se reencuentran después de mucho tiempo. El padre de uno de ellos aspira al hijo perfecto y con ello le conduce al diletantismo, a la locura. El otro quiere romper la rutina de su monótona vida, pero su plan se descontrola. En las novelas de Setz siempre aparece el tema de transgresoras experiencias mentales. No solo los personajes, sino también su lengua se escapan en general de los modelos vigentes. Las novelas de Setz crean mundos misteriosos y fascinantes. El título de la obra Indigo (2012) proviene de un concepto del esoterismo. Se basa en la visión de una americana que, en 1982, afirmaba haber podido observar en ciertos niños una aurea de color índigo; describió más tarde a esos niños como mensajeros del futuro, procedentes de una nueva civilización espiritual. En la novela de Setz estos niños viven en un internado puesto que nadie tolera su presencia. El joven profesor de matemáticas, Clemens Setz, descubre que continuamente desaparecen niños. Empieza a investigar pero pronto le despiden de su trabajo en la escuela. Die Stunde zwischen Frau und Gitarre (2015) transcurre en una residencia para enfermos mentales. Una joven cuidadora, que en su tiempo libre se dedica a extravagantes hobbies, se ocupa de un acosador en silla de ruedas. La mujer de la víctima se suicida pero a pesar de ello el marido visita regularmente a su torturador. La cuidadora intenta comprender los motivos de ello, pero en su búsqueda se invierte la lógica entre agresor y víctima, lo que la conduce al absurdo.

Clemens J. Setz ha sido galardonado con numerosos premios, entre ellos, el Premio de Literatura Wilhelm Rabe (2015).

Copyright: Goethe-Institut Barcelona
Texto: Ilka Haederle/ Traducción: Rosina Nogales Tudela
EN LENGUA ALEMANA

Novelas

Der Trost runder Dinge
Suhrkamp, Berlin 2019

Bot - Gespräch ohne Autor
Suhrkamp, Berlin 2018

Die Stunde zwischen Frau und Gitarre
Suhrkamp, Berlin 2015

Indigo
Suhrkamp, Berlin 2012

Die Liebe zur Zeit des Mahlstädter Kindes
Suhrkamp, Berlin 2011

Die Frequenzen
Residenz, St. Pölten 2009

Söhne und Planeten
Residenz, St. Pölten 2007
 
Narraciones
Glücklich wie Blei im Getreide. Recuentos
Suhrkamp, Berlin 2015

Till Eulenspiegel – Dreißig Streiche und Narreteien.
Recuento, Con ilustraciones de Philip Waechter.
Insel, Berlin 2015
 
Poesía
Die Vogelstraußtrompete
Suhrkamp, Berlin 2014

Guiones
Zauberer
Con Sebastian Brauneis y Nicholas Ofczarek, 2018
 
Nacido en 1982 en Graz (Austria)
                                                           
2001 Estudios superiores de Matemáticas y Filología Alemana
2008 Premio Ernst Willner del Concurso Ingeborg Bachmann
2010 Premio de Literatura de la ciudad de Bremen
2011 Premio de la Feria del Libro de Leipzig
2010 Outstanding Artist Award para literatura
2013 Premio de Literatura del Circulo de Cultura
  de la Economía Alemana
2015 Premio de Literatura Wilhelm Raabe
2017 Premio de literatura de Steiermark
2019 Premio Literario de la Ciudad de Berlín
   
  Reside en Graz
Etracto de: Die Stunde zwischen Frau und Gitarre
 
– ¡Siga a ese globo!
El taxista giró la cabeza y miró en la dirección que el brazo de Natalie señalaba. En efecto, allí donde su dedo apuntaba podía verse un globo: una gota de agua invertida grande como un dedal en el límpido azul del cielo de la periferia, con un reconocible logo de empresa en la piel exterior.
Natalie bajó el brazo. No era tan evidente cómo iba a reaccionar el taxista. Su corazón palpitaba, todo podía aún ir a peor. El rostro del hombre no delataba nada.
Era el último día de sus estudios y se había quedado tremendamente dormida. De hecho, ya lo había superado todo: escrito todos los trabajos de facultad; aprobado todos los exámenes, el título ya era suyo, desde ahora mismo podía ya añadirlo a su nombre, nadie se enfadaría, pues, si no acudía a la fiesta. Pero hacía semanas que la esperaba con ilusión: Red Bull patrocinaba para las estudiantes y graduadas de todas las especialidades de pedagogía centrada en discapacitados un divertido día de globos aerostáticos, y, por supuesto, también estaban invitados todos los antiguos pacientes, se habían dispuesto para ello dos globos con cestas especiales para sillas de ruedas. Y Natalie llegaba tres horas con retraso. Tres y media.
Pero eso no significaba que el taxista tuviera que prescindir de tomarse su tiempo para recapacitar las informaciones. Natalie empezó a odiarle, sus hombros, su pelo cano, pero entonces arrancó bruscamente sin preguntar nada más. Natalie se dejó caer en el asiento, se ató el cinturón, aplaudió en silencio con las manos y sonrió. ¡Prueba superada! De nuevo todo en orden. La última semana había enviado once solicitudes de trabajo y se mantenía tocando de pies al suelo. Quizás conseguiría todavía ver a los globos de cerca, esas impresionantes construcciones esféricas ante las cuales uno se siente interiormente más completo, más compacto. ¡Seguro que acabará siendo un buen día!
Entonces el taxista dijo algo. No sabía cómo tenía que hacerlo, dijo. La llevaría con mucho gusto donde quisiera, pero al globó... Pronunció la palabra acentuando la última sílaba. Solo por eso Natalie le hubiera dado una bofetada. La música de su cabeza se interrumpió. Se inclinó hacia delante.
– Déjeme bajar – dijo.
– ¿Tiene dirección?
No, la había olvidado. Es natural que cuando uno lleva un retraso de tres horas se prepare bien y se entretenga a buscar todas las informaciones necesarias, ¿no? ¡Maldito idiota!
–Da lo mismo –dijo ella–. Me bajo aquí, por favor.
El conductor suspiró y paró el coche. No habían llegado muy lejos.
–Pensaba que al menos hubiéramos podido llegar hasta las afueras –dijo Natalie. A buenas, sin preguntas. Pero no tenía sentido. El hombre lo había estropeado todo.
–¿Quiere que la lleve? ¿Hasta los afueras? No problemo. Pero globó...
El conductor señaló con un gesto digno e irritado de la mano el objeto volador que flotaba a gran distancia.
–Globo – le corrigió Natalie e intentó que no le trastornara demasiado el profundo bigote del taxista que níveo sobresalía de su cara como una señal luminosa–. Tenga, está bien así.
Le dio un billete de cinco euros, más que suficiente para un trayecto tan corto. Se lo agradeció sacudiendo la cabeza con gesto de desaprobación, aguantó el billete en la mano y frunció el ceño como si por fin pudiera creer en las personas –pero no, constató Natalie–, su fe estaba intacta. Se notaba, se le notaba en el cogote. Seguro que hablaba un montón de lenguas. Deprimida, bajó del taxi.


Die Stunde zwischen Frau und Gitarre, S. 9-10
Trad. de Rosina Nogales Tudela
© Suhrkamp, Berlin 2016
Die Stunde zwischen Frau und Gitarre
Para las dimensiones de Setz Die Stunde zwischen Frau und Gitarre –el título remite a una asociación misógina entre el acoso a las mujeres y el cuerpo del instrumento– se trata de una narración bastante realista, pues solo existe un nivel de ficción, pero la intertextualidad contenida en él es mucho mayor. Para detectar las numerosas referencias que van desde John Updike pasando por Stephen King y hasta Halldór Laxness, por no decir de los distintos ambientes que oscilan entre las novelas de amor y las películas de ficción, haría falta contratar a todo un sindicato de descifre. Además, el texto se estructura mediante una red de motivos y conceptos clave.
Jan Wiele, FAZ 2015
 
Indigo
Se podría afirmar que el escritor Clemens Setz, maestro de la psicología de la recepción, ha encontrado el punto justo en el que el proceso cognitivo de la lectura se convierte en reacción física. Podríamos llamarlo “efecto indigo”: el efecto indigo de la literatura. Queda por ver si el mundo del esoterismo no acabará por adoptar este concepto para su representación kitsch del mundo. Sea como sea, la novela toma numerosos motivos de la ciencia-ficción, del futuro, de donde provienen los niños indigo, y además ya anuncia la sospecha de lo que pueden significar sus habilidades en el futuro y sus terribles efectos.
Jens Jessen, Die Zeit 2012
 
Die Frequenzen
Lo que convierte a este libro en tan excepcional entre sus contemporáneos y a su autor en una gran promesa de la literatura alemana es la agudísima observación de los hechos y la sorprendente fantasía de su expresión [...] Se trata de algo muy distinto a un vano narcisismo del lenguaje, como bien puede constatarse en el último pasaje, en el cual Setz, como sin querer, deja que su principal motivo recaiga en la mera observación de un objeto volador: el individuo en el contexto poderoso de la familia, que destruye tanto como salva, el eterno “complejo del origen”, tal como lo definiría Thomas Bernhard en su libro Extinción.
Richard Kämmerlings, FAZ 2009