Herta Müller

Herta Müller nace en 1953 en Rumania. Pertenece a la minoría rumana de habla alemana. Desde 1987, reside en Alemania.
Müller consigue mediante una lengua sencilla pero absolutamente colmada de fantasía, plasmar en potentes imágenes complejos estados de ánimo y emociones. “Lo que no se escribe, se intuye en lo que se escribe”.
Su prosa recibe atención y reconocimiento incluso antes de la caída del muro.
Herta Müller recibió en Estocolmo el premio Nobel de literatura en 2009 por el conjunto de su obra.  Además, Müller ha sido galardonada con los premios más prestigiosos de la literatura alemana.

Muchas de sus obras han sido traducidas al castellano y al catalán.

Herta Müller nace en 1953 en Nitzkydorf (Rumania). Pertenece a la minoría rumana de habla alemana, denominada “suabos del Banato”. Tras el bachillerato estudia, de 1973 a 1976, Filología Germánica y Rumana en la Universidad de Timisoara (Rumania) donde trabaja como traductora y profesora de alemán. En 1987 Müller viaja a la República Federal de Alemania. Reside en Berlín.
 
Herta Müller empieza a escribir ya en el instituto y publica en suplementos del Neuen Banater Zeitung, periódico en alemán con sede en Timisoara. Su primer libro, la recopilación de relatos titulada Niederungen (En tierras bajas), se publica en 1982 en Rumania en una edición fuertemente censurada. Con escenas impactantes, Herta Müller describe la vida de los suabos del Banato – una minoría de lengua alemana en el régimen comunista de Rumania –, una vida que significa todo lo contrario al idilio, donde reinan el miedo y el odio, la intolerancia y la pasividad. A causa de la cruda visión de su diáspora, una buena parte de los suabos del Banato considera esta novela una profanación.
 
Según sus propias declaraciones, hasta la caída del régimen de Ceausescu, viviendo Müller ya en Alemania, la Securitate rumana –policía secreta– la siguió intimidando con amenazas de muerte. La escritura para Müller, desde un primer momento, es el resultado de un anhelo por vivir, que se traduce en anhelo por las palabras y que le ofreció la posibilidad de conservar, en medio de la dictadura, un pedazo de dignidad y de libertad.
 
Müller consigue mediante una lengua sencilla pero absolutamente colmada de fantasía, plasmar en potentes imágenes complejos estados de ánimo y emociones. “Lo que no se escribe, se intuye en lo que se escribe”. “Lo dicho debe atender a lo no dicho”, escribe en 1991 en Der Teufel sitzt im Spiegel – Wie Wahrnehmung sich erfindet (El diablo está en el espejo).
 
Su prosa recibe atención y reconocimiento incluso antes de la caída del muro. La obra Der Mensch ist ein großer Fasan in der Welt (El hombre es un gran faisán en el mundo) de 1986 aborda el tema de una familia a la espera de un visado que solo obtiene a base de favores y vendiendo a su propia hija. En 1992 consigue el triunfo literario en la Alemania reunificada con la novela Der Fuchs war damals schon der Jäger (La piel del zorro), en la que no muestra ni una brizna de piedad hacia la Rumania de Ceausescu. El tema de la dictadura aparece como leitmotiv en toda su obra. Con Herztier (1994) presenta una imagen memorable de un estado dictatorial e inhumano y los sentimientos primitivos de sus ciudadanos: miedo omnipresente y amores sin sentido, amistades peligrosas y odios a muerte. Müller reelabora su experiencia personal en el conflicto con el servicio secreto rumano en la novela Heute wäre ich mir lieber nicht begegnet (Hoy hubiera preferido no encontrarme a mí misma) en la cual una joven, en el trayecto en tranvía hacia el juzgado, repasa lo que ha sido su vida hasta el momento. La novela Atemschaukel (2009) se basa en los relatos orales del poeta fallecido en 2006 Oskar Pastior, galardonado con el Premio Georg Büchner. Trata del destino de un joven deportado a un campo de concentración soviético.

Herta Müller recibió en Estocolmo el premio Nobel de literatura en 2009 por el conjunto de su obra. Müller ha descrito “mediante la condensación de la poesía y la objetividad de la prosa paisajes del desarraigo”, de esta manera justifica el comité del premio Nobel su decisión. Además del premio Nobel, Herta Müller ha sido galardonada con los premios más prestigiosos de la literatura alemana. En 2010 recibió la Gran Cruz del Mérito con estrella de la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania.

Copyright: Goethe-Institut Barcelona
Texto: Ilka Haederle/ Traducción: Rosina Nogales Tudela
TRADUCIDO AL CASTELLANO

Siempre la misma nieve, siempre el mismo tío
Trad. de Isabel García Adánez
Ed. Siruela, Madrid 2019

Mi patria era una semilla de manzana
Trad. de  Isabel García Adánez
Ed. Siruela, Madrid 2016

En la trampa : tres ensayos
Trad. de Isabel García Adánez
Ed. Siruela, Madrid 2015

Hambre y seda
Trad. de Isabel García Adánez
Ed. Siruela, Madrid 2011

El Rey se inclina y mata
Trad. de Isabel García Adánez
Ed. Siruela, Madrid 2011

El Guarda saca su peine: sobre marcharse y desviarse ;
En el moño mora una señora

Trad. de José Luis Reina Palazón
Ed. Linteo, Ourense 2010

Hoy hubiera preferido no encontrarme a mí misma
Trad. de Juan José del Solar
Ed. Siruela, Madrid 2010

Todo lo que tengo lo llevo conmigo
Trad. de Rosa Pilar Blanco
Siruela, Madrid 2010

Los pálidos señores con las tazas de moca
Trad. de José Luis Reina Palazón
(zweisprachige Ausgabe)
NorteySur, Málagar 2010

La bestia del corazón
Trad. de Bettina Blanch Tyroller
Mondadori, Barcelona 1997

La piel del zorro
Trad. de Juan José del Solar
Plaza & Janes, Barcelona 1996

El hombre es un gran faisán en el mundo
Trad. de Juan José del Solar
Siruela, Madrid 1992

En tierras bajas
Trad. de Juan José del Solar
Siruela, Madrid 1990

TRADUCIDO AL CATALÁN

Sempre la mateixa neu i sempre el mateix oncle
Trad. de Ramon Monton
CCCB, Barcelona 2013

En terres baixes
Trad. de Ramon Monton
Alzira, Barcelona 2010

Tot el que tinc, ho duc al damunt
Trad. de Joan Fontcuberta i Gel
Bromera, Barcelona 2010

La bèstia del cor
Trad. de Josep Franco i Laura Almiñana
Bromera, Barcelona 2009

L'home és un gran faisà en el món
Trad. de Ramon Monton
Bromera, Barcelona 2009


EN LENGUA ALEMANA

Novelas
Atemschaukel
Hanser, München 2009

Der fremde Blick oder Das Leben ist ein Furz in der Laterne
Wallstein Verlag, Göttingen 1999

Heute wäre ich mir lieber nicht begegnet
Rowohlt, Reinbek bei Hamburg 1997

Herztier
S. Fischer, Frankfurt a.M. 1994

Der Fuchs war damals schon der Jäger
S. Fischer, Frankfurt a.M. 1992

Der Teufel sitzt im Spiegel. Wie Wahrnehmung sich erfindet
Rotbuch Verlag, Berlin 1991

Reisende auf einem Bein
Rotbuch, Berlin 1989

Barfüßiger Februar
Rotbuch Verlag, Berlin 1987


Poemas
Im Heimweh ist ein blauer Saal
Hanser, München 2019

Vater telefoniert mit den Fliegen
Hanser, München 2013

Die blassen Herren mit den Mokkatassen
Hanser, München 2005

Im Haarknoten wohnt eine Dame
Rowohlt, Reinbek bei Hamburg 2000

Der Wächter nimmt seinen Kamm
Rowohlt, Reinbek bei Hamburg 1993


Narraciones
Mein Vaterland war ein Apfelkern
Ein Gespräch mit Angelika Klammer
S. Fischer Verlag, Frankfurt a.M. 2016

Drückender Tango. Erzählungen
Bukarest 1984, Reinbek bei Hamburg 1988 

Der Mensch ist ein großer Fasan auf der Welt
Rotbuch Verlag, Berlin 1986

Niederungen
Kriterion, Bukarest 1982; Rotbuch Verlag , Berlin 1984 (in gekürzter Form); Hanser, München 2010 (in originaler Fassung)


Ensayos
In der Falle. Drei Essays
Bonner Poetik-Vorlesungen
Wallstein, Göttingen 2013

Immer derselbe Schnee und immer derselbe Onkel
Hanser, München 2011

Cristina und ihre Attrappe oder Was (nicht) in den Akten der Securitate steht
Wallstein, Göttingen 2009

Der König verneigt sich und tötet
Hanser, München 2003

Hunger und Seide
Rowolth, Reinbek bei Hamburg 1997
Nacida el 17 de agosto de 1953 en Nitzkydorf, Rumanía
                                                         
1972 - 1976 Estudios de Filología Germánica y Literatura
  Rumana en Temeschwar
1972 - 1975 Miembro del grupo de escritores
  Aktionsgruppe Banat
1976 Actividad como traductora en en una fábrica de
  maquinaria; profesora de alemán; inicio de su
  actividad como escritora
1984 Premio de Literatura Aspekte
1987 Emigración a Berlín
  Premio Ricarda Huch de la ciudad de Darmstadt
1989 Premio Marieluise Fleißer de la ciudad de Ingolstadt
1990 Medalla Roswitha de la ciudad de Bad Gandersheim
1991 Premio de Literatura Kranichstein
  Beca de la Villa Massimo
1994 Premio Heinrich von Kleist
1995 Premio Europeo de Literatura Aristeion
  Escritora de la ciudad de Bergen-Enkheim
  Premio de Literatura de la ciudad de Graz; Miembro
  de la Academia Alemana de Literatura y Poesía 
1997 Premio Franz Nabl
1998 IMPAC Dublin Literary Award;
  Premio de Litaratura Ida Dehmel
1999 Premio de Literatura Franz Kafka
2002 Medalla Carl Zuckmayer de Renania Palatinado
2003 Premio Joseph Breitbach para literatura alemana
2004 Premio de Literatura de la Fundación
  Konrad Adenauer
2005 Premio de Literatura de Berlín
2006 Premio de Literatura Walter Hasenclever para
  su obra; Premio Würth para literatura europea
2009 Premio Nobel de Literatura
  Premio Franz Werfel de derechos humanos
2010 Premio Fallersleben para literatura contemporánea
  crítica; Gran Cruz del Mérito con Estrella de la
  Orden del Mérito de la República Federal de Alemania
2011 Premio Samuel Bogumil Linde; Premio Monismanien
2012 Orden Bavaria Maximilian de Ciencias y Arte
  Profesor de honor de la facultad de Ciencias Culturales
  de la univerdidad de Paderborn, de la universidad
  Swansea (GB) y del Colegio Carlisle (EE.UU.)
2014 Premio de Literatura Hannelore Greve
2015 Premio Heinrich Böll; Premio Friedrich Hölderlin
2018 Premio Ovid por la obra de su vida; Premio Autore Straniero
2019 Premio Hermann-Sinsheimer de la ciudad Freinsheim
   
  Reside en Berlín
Sobre hacer la maleta
De: Todo lo que tengo lo llevo conmigo (Atemschaukel)


Todo lo que tengo lo llevo conmigo.
O: todo lo mío lo llevo conmigo.
He llevado todo lo que tenía. No era mío. Era o algo destinado a otras finalidades o de otra persona. La maleta de piel de cerdo era la caja de un gramófono. El guardapolvo era de mi padre. El abrigo de vestir con el ribete de terciopelo en el cuello, del abuelo. Los bombachos, de mi tío Edwin. Las polainas de cuero, del señor Carp, el vecino. Los guantes de lana verdes, de mi tía Fini. Sólo la bufanda de seda de color burdeos y el neceser eran míos, regalos de las últimas navidades.

En enero de 1945 la guerra continuaba. Temiendo que en pleno invierno los rusos me obligasen a ir quién sabe dónde, todos quisieron darme algo que quizá tuviera utilidad, aunque ya no sirviese de nada. Porque en el mundo nada servía. Como yo figuraba irremisiblemente en la lista de los rusos, todos me dieron algo y se reservaron su opinión. Y yo lo acepté, y a mis diecisiete años pensé que la partida venía en el momento adecuado. No debería ser la lista de los rusos, pero si las cosas no salen muy mal, será incluso buena para mí. Yo quería marcharme de ese dedal de ciudad donde hasta las piedras tenían ojos. En lugar de miedo sentía una oculta impaciencia. Y mala conciencia, porque la lista que desesperaba a mis allegados era para mí una circunstancia aceptable. Ellos temían que me sucediera algo lejos. Yo quería ir a un lugar que no me conociera.

A mí ya me había sucedido algo. Algo prohibido. Era extraño, sucio, vergonzoso y hermoso. Sucedió en el Erlenpark, muy al fondo, al otro lado de la colina de hierba. De regreso a casa me dirigí al centro del parque, al templete redondo donde tocaban las orquestas los días festivos. Me quedé un rato sentado dentro. La luz pasaba a través de la madera finamente tallada. Vi el miedo de los círculos vacíos, cuadrados y trapecios, unidos por arabescos blancos con garras. Era la muestra de mi confusión y del espanto que reflejaba el rostro de mi madre. En ese pabellón me juré a mí mismo: Jamás volveré a este parque. Cuanto más me alejaba, más deprisa regresaba: a los dos días. A la cita, así lo llamaban en el parque.

Fui a la segunda cita con el mismo hombre de la primera. Se llamaba LA GOLONDRINA. El segundo fue uno nuevo, apelado EL ABETO. El tercero se llamaba LA OREJA. Después vino EL HILO. Luego, LA OROPÉNDOLA y LA GORRA. Más tarde LA LIEBRE, EL GATO, LA GAVIOTA. Después, LA PERLA. Sólo nosotros sabíamos a quién pertenecía cada apelativo. En el parque se practicaba un intercambio desenfrenado, y yo dejaba que me pasaran de uno a otro. Era verano y los abedules tenían la piel blanca; en

la maleza de jazmines y saúcos crecía una pared verde de follaje impenetrable. El amor tiene sus estaciones. El otoño ponía fin al parque. Los árboles se quedaban desnudos. Las citas se trasladaban, junto con nosotros, a los baños Neptuno. Junto a la puerta de hierro colgaba su emblema ovalado con el cisne. Cada semana me encontraba con uno que me doblaba la edad. Era rumano. Estaba casado. No diré cómo se llamaba, ni tampoco cómo me llamaba yo. Acudíamos a diferentes horas; la cajera en la vidriera emplomada de su cubículo, el brillante suelo de piedra, la redonda columna central, los azulejos de la pared decorados con nenúfares, las escaleras de madera tallada no podían concebir la idea de que habíamos quedado. Íbamos a la piscina a nadar con los demás. Sólo nos encontrábamos en la sauna.

Por aquel entonces, poco antes del campo de trabajo y también después de mi regreso hasta 1968, cuando abandoné el país, me habrían condenado a pena de cárcel por cada cita. Cinco años como mínimo, si me hubieran pillado. A algunos los pillaron. Los llevaban directamente del parque o del baño público a la cárcel, tras unos interrogatorios brutales. Y de allí al campo de castigo emplazado junto al canal. Del canal no se volvía, hoy lo sé. Quien a pesar de todo regresaba lo hacía convertido en un cadáver ambulante. Envejecido y aniquilado, perdido ya para el amor en el mundo. Y mientras estuve en el campo de trabajo..., si me hubieran pillado, me habría costado la vida.

Tras los cinco años en el campo de trabajo vagabundeaba día tras día por las tumultuosas calles ensayando mentalmente las mejores frases por si me detenían: SORPRENDIDO EN FLAGRANTE DELITO… Preparé mil excusas y coartadas contra este veredicto de culpabilidad. Llevo un equipaje de silencio. Me he rodeado de un silencio tan hondo y duradero que nunca acierto a abrirme con las palabras. Cuando hablo, solamente me cierro de otra manera. En el último verano de citas, para alargar el retorno a casa desde el Erlenpark, entré por casualidad en la iglesia de la Santísima Trinidad de Grosser Ring. Esta casualidad desempeñó el papel del destino. Vi el tiempo venidero. Junto al altar lateral, sobre una columna, estaba el santo con una capa gris y una oveja sobre los hombros a modo de cuello de la capa. Esa oveja sobre los hombros es el silencio. Hay cosas de las que no se habla. Pero sé de qué hablo cuando digo que el silencio en los hombros es distinto al silencio en la boca. Antes, durante y después de mi etapa en el campo de trabajo, a lo largo de veinticinco años, he vivido atemorizado por el Estado y la familia. Por la doble desgracia que supone que el Estado me encierre por delincuente y la familia me excluya por ser una deshonra. En medio del tráfago de las calles me miré en el espejo de los escaparates, en las ventanas de tranvías y edificios, en fuentes y charcos, preguntándome, incrédulo, si no sería transparente.

Todo lo que tengo lo llevo conmigo, p. 13-15
Trad. de Rosa Pilar Blanco, © Siruela, Madrid 2010
Todo lo que tengo lo llevo conmigo (Atemschaukel)
Este libro no es ni pretende ser un informe o una novela histórica, y no responde en absoluto a un realismo ingenuo. Con su densa red de líneas argumentales, la novela crea una intensidad y una presencia que no tienen paralelo en la literatura contemporánea en alemán. Todo lo que tengo lo llevo conmigo está escrita con sangre. Es un manifiesto de la memoria y de la lengua, cuya compleja relación queda en él reflejada de una forma conmovedora. Una obra de arte.
Michael Lentz, Frankfurter Allgemeine Zeitung, 2009

Su nueva novela habla de la enorme injusticia, apenas tratada hasta ahora, cometida contra los deportados rumano-alemanes, de la humillación de la que fueron objeto en los campos de trabajo, donde al individuo le era arrebatada su individualidad y acababa convirtiéndose en un animal de supervivencia, del hambre que sufrieron todos y del que muchos murieron. Es una novela estremecedora, el mejor libro que ha escrito Herta Müller, elogiada ya por sus numerosas publicaciones en prosa y sus ensayos, una obra de arte turbadora, valiente y lingüísticamente creativa, un intento de hablar desde el interior del infierno en una lengua singular, impactante, que tiene que encontrar palabras nuevas allí donde las habituales fracasan, donde éstas no son capaces de captar el horror.
Karl-Markus Gauss, Süddeutsche Zeitung, 2009

Heute wäre ich mir lieber nicht begegnet
(Hoy hubiera preferido no encontrarme a mí misma)

La novela crea una atmósfera kafkiana de amenaza difusa y de inseguridad omnipresente, sin perder nunca de vista la realidad de la Rumania estalinista. Müller consigue así contar tres historias a la vez: la biografía de la protagonista, las condiciones sociales bajo la dictadura de Ceaucescu y, finalmente, una exposición perspicaz y de validez universal de lo que significa vivir en un régimen totalitario. En libros anteriores, las víctimas del Estado eran intelectuales, capaces de poner al descubierto los mecanismos de la dictadura. Ahora Müller muestra las extensas violaciones del régimen sufridas por la empleada de una fábrica, que se precipita al abismo por pretender hacer realidad su felicidad personal.
Uwe Schütte, Der Spiegel, 1997