Uwe Tellkamp

Uwe Tellkamp nace 1968 en Dresde.
Cuando escribe, a Tellkamp le interesan siempre las relaciones políticas de la sociedad. El gran éxito de su novela La torre se debe, según sus propias palabras, a que afronta la cuestión de cómo protegerse ante un mundo amenazador. En este sentido, el autor establece paralelismos con el presente, puesto que “en todos lados existen torres”.
Tellkamp ha recibido el Premio Ingeborg Bachmann y el Premio Nacional Alemán.

Obras traducidas al castellano y al catalán:
La torre : sobre un país desaparecido
La torre : història d'un país que es va enfonsar

Uwe Tellkamp nace 1968 en Dresde. Tras el bachillerato, se compromete tres años con el Ejército Nacional Popular de la RDA para después poder estudiar medicina. En octubre de 1989, sin embargo, desobedece la orden de marchar en contra de la oposición, por lo que se le niega el ingreso a la Universidad. En noviembre de 1989 cae el muro y a Tellkamp se le abren las puertas del mundo entero: estudia Medicina en Leipzig, Nueva York y Dresde. Actualmente vive en Dresde.

Uwe Tellkamp puede fechar con exactitud el inicio de su actividad literaria. El 16 de octubre de 1985 escribe un poema “horrendo”, según él mismo expresa, para su tío. En 1987, es decir, todavía en tiempos de la RDA, publica un texto en la revista satírica Eulenspiegel. Más tarde, le siguen numerosas aportaciones en distintas revistas literarias. En el año 2000 aparece su primera novela Der Hecht, die Träume und das Portugiesische Café que tiene como escenario un barrio obrero de Dresde, el Hechtviertel, tras la reunificación.
Se da a conocer en 2004 con un extracto del proyecto de su novela Der Schlaf in den Uhren, con el que inesperadamente gana el Premio Ingeborg Bachmann. La novela Eisvogel (2005) divide a la crítica. Mientras que unos la celebran como una “novela histórica” de carácter político, escrita brillantemente y que acierta a reflejar la situación social del momento, otros la consideran tendenciosamente nacionalista y antidemocrática y de un “pathos insoportable”.
En 2008, Tellkamp consigue el éxito definitivo con Der Turm. Reise in ein versunkenes Land (La Torre), novela que sin duda, con sus casi mil páginas, es en todos los sentidos un peso pesado entre las novelas consideradas del cambio. El escenario de la acción es un barrio acomodado de Dresde, el “Weisser Hirsch”, que en la novela recibe el nombre de “Calle de la Torre”. El barrio es un reflejo de las costumbres de sus habitantes, “los Torre” como a ellos mismos les gusta llamarse; un reducto de cultura, pero desde hace tiempo convertido en una mera fachada, puesto que el declive del régimen de la RDA significa también el final del idilio, laboriosamente labrado, de música y literatura con el que sus habitantes pretendían escapar del socialismo real existente.
Christian Rohde, el alter ego de Tellkamp, tras terminar el bachillerato abandona el seno protegido de la familia para ingresar en el ejército. Richard, su padre, un reconocido cirujano, pierde el control de su vida por una aventura amorosa con una compañera, motivo que aprovecha la Stasi para chantajearlo. Meno, el admirado y culto tío de Christian, trabaja como redactor en una editorial del estado y actúa como intermediario entre los dos mundos. De un modo u otro, todos encuentran su lugar.
El leitmotiv de Meno es: “Dresde [...] en los nidos de las musas se ha instalado / la dulce dolencia del pasado” y expresa el sentimiento de una sociedad que fracasa en su pérdida de utopía. Un sinfín de detalles de la vida cotidiana, exuberantes descripciones, entramadas relaciones humanas y observaciones minuciosas de ambientes vuelven a dar vida a la historia “del desaparecido país de la RDA”.
Cuando escribe, a Tellkamp le interesan siempre las relaciones políticas de la sociedad. El gran éxito de su novela se debe, según sus propias palabras, a que afronta la cuestión de cómo protegerse ante un mundo amenazador. En este sentido, el autor establece paralelismos con el presente, puesto que “en todos lados existen torres”.

Tellkamp ha recibido el Premio Ingeborg Bachmann (2004) y el Premio Nacional Alemán (2009).

Copyright: Goethe-Institut Barcelona
Texto: Ilka Haederle/ Traducción: Rosina Nogales Tudela
TRADUCIDO AL CASTELLANO

La torre : sobre un país desaparecido
trad. de Carmen Gauger
Ed. Anagrama, S.A., Barcelona 2011


TRADUDICO AL CATALÁN
La torre : història d'un país que es va enfonsar
trad. de Estelrich i Arce, Maria del Pilar
Editorial Empuries, Barcelona 2011


EN LENGUA ALEMANA

Novelas
Der Turm: Geschichte aus einem versunkenen Land
Suhrkamp, Frankfurt am Main 2008

Der Eisvogel
Rowohlt, Reinbek 2005

Der Hecht, die Träume und das Portugiesische Café
Verlag Faber & Faber, Leipzig 2000


Narraciones
Die Carus-Sachen
Con ilustraciones de Andreas Töpfer
Edition Eichthal, Eckernförde 2017

Die Schwebebahn. Dresdner Erkundungen
Suhrkamp, Frankfurt a.M. 2010

Reise zur blauen Stadt
Insel Verlag, Frankfurt a.M. 2009


Poesía y ensayos
Die Sandwirtschaft
Anmerkungen zu Schrift und Zeit.
Leipziger Poetikvorlesung 2011

Die Uhr
24 Betrachtungen
Edition Eichthal, Eckernförde 2010
Nacido en Dresde en 1968
                                                           
  Servicio militar como comandante de un carro de
  combate de la NVA; Revocación de su plaza de estudios
  en medicina por “actividades contrarrevolucionarias”
  por el oficial pólitico del regimiento; Ayudante de operario
  de una excavadora de lignito; tornero auxiliar en una
  fábrica de dínamos
1989 Arresto en una prisión de la RDA en el marco de la
  revolución de 1989
1990 Trabajo como enfermero auxiliar en una unidad de
  cuidados intensivos en Dresde; Estudios de medicina
  en Leipzig, Dresde y Nueva York; Médico en una clínica
  de cirugía traumática en Múnich
2002 Segundo premio de fomento del Premio de poesía de
  Merano ; Beca estatal de Sajonía para la literatura
2003 Premio de fomento del Premio de poesía
  “Christine Lavant”
2004 Premio „Ingeborg Bachmann“ para El sueño en los relojes
  (Der Schlaf in den Uhren); Premio de poesía de Dresde
2008 Premio Alemán del Libro por La Torre
  Premio „Uwe Johnson“
2009 Premio Nacional de Alemania
  Premio de Literatura de la Fundación Konrad Adenauer
2017 Premio de cultura de los Francomasones alemanes
   
  Reside en Dresde
1. SUBIDA (de: La torre)

Los limones eléctricos, procedentes de la VEB Narva, con los que estaba decorado el árbol, tenían un defecto: de vez en cuando parpadeaban y borraban la silueta de Dresde, situada allá, Elba abajo. Christian se quitó las manoplas húmedas, cubiertas de bolitas de hielo en la cara interior de la lana, se frotó deprisa unos contra otros los dedos entumecidos, y sopló sobre ellos: la respiración, como una franja de niebla, se disipó delante de la tenebrosa embocadura, abierta en la roca viva, del Buchensteig, el camino que subía hasta los institutos de Arbogast. Las casas de la Schillerstrasse se perdían en la oscuridad. De la más cercana, una casa de paredes de entramado con las contraventanas atrancadas, salía un cable eléctrico que, pasando por encima de la puerta abierta en la roca, iba a meterse en el ramaje de una de las hayas; allí brillaba una estrella de adviento, clara e inmóvil. Christian, que había llegado por el puente Milagro Azul, y por la Körnerplatz, siguió caminando en dirección contraria a la ciudad, hacia la Grundstrasse, y pronto accedió al funicular. Los escaparates de las tiendas por las que pasaba –una panadería, una tienda de productos lácteos, una pescadería– tenían las persianas bajadas. Las casas, oscuras y de contornos cenicientos, estaban ya en penumbra. Le parecía que se arrimaban unas a otras buscando protección contra algo impreciso, algo todavía poco claro que tal vez apareciera deslizándose en la oscuridad, como antes se deslizó allá en lo alto, sobre el Elba, la luna de hielo cuando Christian se detuvo en el puente desierto y miró al río, con la gruesa bufanda de lana, tejida por su madre, en torno a las orejas y a las mejillas para protegerse del viento helado. La luna había subido despacio y se había separado de la fría e inerte masa del río, que hacía el efecto de tierra líquida, para estar sola sobre los prados con sus pastizales envueltos en hilachas de niebla, sobre la casa de botes de la orilla de Altstadt y los montes que se perdían por la parte de Pillnitz. Un campanario lejano dio las cuatro, lo que extrañó a Christian.
Subió la cuesta hasta el funicular, puso su bolsa de viaje sobre el deteriorado banco situado ante la verja que cerraba la estación, y esperó, las manos enguantadas y metidas en los bolsillos de su parka verde oliva. Las agujas del reloj de la estación, sobre la garita del revisor, parecían avanzar muy despacio. Fuera de él no esperaba nadie al funicular y, para matar el tiempo, examinó los paneles publicitarios. Hacía tiempo que no los habían limpiado. Uno anunciaba el Café Toscana, en la orilla de Altstadt; otro, la tienda Nähter, situada más allá, en dirección a la Schillerplatz; otro, el restaurante Sibyllenhof, en la estación superior. Christian empezó a ensayar mentalmente la posición de los dedos y la serie melódica de la composición italiana que iban a tocar en la fiesta de cumpleaños de su padre. Luego miró a la oscuridad del túnel. Una débil claridad iba aumentando, llenaba poco a poco el hueco del túnel de modo semejante al agua que va llenando un pozo; al mismo tiempo aumentaba el ruido: un pizarroso gemir y chirriar, el cable conductor, hecho de alambres de acero, crujía bajo el peso, el tren se acercaba con movimientos bruscos, una cápsula llena de luz oceánica; dos faros iluminaban el trayecto. En el cuadrángulo del coche se veían las difusas siluetas de algunos viajeros; en el centro, la sombra evanescente del revisor-conductor de barba gris que llevaba años haciendo ese trayecto; hacia arriba y hacia abajo, hacia abajo y hacia arriba, alternativamente, quizá cerraba los ojos para dejar de ver lo demasiado familiar, o para verlo por dentro y olvidarlo después, para conjurar espíritus. Pero probablemente lo veía ya con el oído, tenía que conocer cada sacudida que daba el coche en su recorrido.

De: La torre : sobre un país desaparecido, p. 21-22
Trad. de Carmen Gauger
© Anagrama, Barcelona 2011

 
La Torre
Un ensimismamiento cultural desvinculado del paso del tiempo como forma de resistencia contra los atrevimientos del sistema socialista de la RDA. Esta novela nos muestra cómo esa postura fracasa en un principio contra la RDA y más tarde junto con ella.
Los esfuerzos por conseguir productos de todo tipo, la mentalidad de pertenencia a un grupo cerrado y para el cual todo lo exterior no es más que un íntimo enemigo, y la desconfianza omnipresente – la RDA resurge aquí con sus facetas casi olvidadas, con su Stasi y ese triste entorno de laminado Sprelacart, desinfectante Wofasept o nylon Dederon. Las manchas de humedad que van invadiendo las viejas casas de la alta burguesía y que no pueden quitarse ni con laca para barcos, son sólo una señal, una pequeña metáfora de lo que se avecina.
La Torre es un trabajo monumental, una conclusión retrospectiva de la RDA, el gran intento de auto-esclarecimiento de un gran autor.
Helmut Böttiger, Zeit online 2008

Cuando dentro de unos años alguien pregunte cómo era la vida en los últimos años de la RDA, la mejor respuesta será sin lugar a dudas darle la nueva novela de Uwe Tellkamp: “Toma, léela”. A lo largo de casi novecientas páginas, La Torre relata la historia de un país derrumbado. Nos presenta una época que nunca antes, en la literatura posterior a 1989, había sido narrada con tanta intensidad: los últimos años del socialismo. Así como hoy nosotros vemos el mundo del ciudadano con los ojos de Thomas Mann, las generaciones futuras revivirán en la novela de Tellkamp el entumecimiento e implosión de la RDA.
Ann-Britt Gerecke, Litrix 2004

Der Eisvogel (El martín pescador)
La novela de Tellkamp es un libro valiente, incómodo y explosivo, porque hace creíble y comprensible el deslumbramiento político en el que se sume el personaje. Nos muestra que es casi imposible enfrentarse de manera efectiva al peligro de la derecha si se lo manifiesta particularmente a través de rebeldes skinheads. Este psicograma de un seducido, que Tellkamp describe en toda su complejidad, lucha contra esa manera de minimizar las cosas. El autor se ha animado a abordar un tema que ha sido siempre esquivado por la literatura de ficción: el problema del descubrimiento de sí mismo en una sociedad sacudida por la crisis. Wiggo es un desprivilegiado que detesta el tiempo en el que vive porque no se siente reconocido ni tomado en serio.
Hans Christian Kosler, Neue Zürcher Zeitung 2005