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Renace el interés por sus estudios naturales
Goethe, el poeta ecologista

Canna x generalis con una antera saliendo del pétalo contraído.
Canna x generalis con una antera saliendo del pétalo contraído. | Foto: Gordon L. Miller © Atalanta Ediciones

La editorial Atalanta ha publicado “La metamorfosis de las plantas”, una pequeña joya literaria y profusamente ilustrada en la que se manifiesta la enorme vocación científica del padre del romanticismo alemán.

De David Benedicte

Pocos saben que Johann Wolfgang von Goethe (Fráncfort, 1749-Weimar, 1832), además de poeta, novelista y dramaturgo, invirtió buena parte de sus ratos libres en el estudio de la óptica, la meteorología, la anatomía, la zoología, la mineralogía, la fisiología y la paleontología.

De hecho, a él le debemos la existencia del Museo Nacional de Goethe en Weimar, fundado por el escritor gracias a su colección de 19.000 piezas de minerales, rocas y fósiles en la casa de estilo barroco diseñada por él mismo. También fue Goethe el responsable que se pudiese probar la existencia del hueso intermaxilar en los seres humanos gracias a sus investigaciones. Y la goethita, un óxido de hierro monohidratado llamado así en rendido homenaje a su afición, casi adictiva, por los minerales.

En España se desconoce casi todo sobre su pasión por la botánica, solapada por la contundencia de su quehacer literario. Sin embargo, cuentan que el propio Goethe afirmaba, ya en edad madura, haber experimentado los ratos más felices de su atareada existencia mientras recorría floristerías, campiñas y jardines. Momentos gratificantes que fueron acumulándose, sobre todo, durante el viaje a Italia que se vio obligado a realizar entre 1786 y 1788, en plena huida, a causa de un enredo sentimental con su amante de aquel entonces, Charlotte von Stein.

Poeta entre las flores

En palabras del autor de Fausto: “Entregado a la desesperación, sentí más vivamente el valor y la dignidad del elemento naturaleza. En él busqué salud y consuelo”. Conforme avanzaba en sus correrías italianas, Goethe se sintió impresionado por la manera en que la vegetación se adaptaba de forma progresiva al cambio de clima.
  • Chrysanthemum morifolium mostrando la metamorfosis regular. Foto: Gordon L. Miller © Atalanta Ediciones
    Chrysanthemum morifolium mostrando la metamorfosis regular.
  • Pino negro austríaco (Pinus nigra). Foto: Gordon L. Miller © Atalanta Ediciones
    Pino negro austríaco (Pinus nigra).
  • Canna x generalis con una antera saliendo del pétalo contraído. Foto (detalle): Gordon L. Miller © Atalanta Ediciones
    Canna x generalis con una antera saliendo del pétalo contraído.
  • Amapola doble (Papaver atlanticum) con pétalos parcialmente contraídos. Foto: Gordon L. Miller © Atalanta Ediciones
    Amapola doble (Papaver atlanticum) con pétalos parcialmente contraídos.
  • Pétalos completos y contraídos de una rosa de Damasco (Rosa damascena) que ponen de manifiesto la relación entre pétalos y estambres. Foto (detalle): Gordon L. Miller © Atalanta Ediciones
    Pétalos completos y contraídos de una rosa de Damasco (Rosa damascena) que ponen de manifiesto la relación entre pétalos y estambres.
  • Estructura ascendente de hojas del hinojo (Foeniculum vulgare). Ésta es una de las secuencias de hojas que fascinaron a Goethe durante su viaje a Italia. Foto (detalle): Gordon L. Miller © Atalanta Ediciones
    Estructura ascendente de hojas del hinojo (Foeniculum vulgare). Ésta es una de las secuencias de hojas que fascinaron a Goethe durante su viaje a Italia.
  • Corolas primarias y secundarias de Narcissus. Foto (detalle): Gordon L. Miller © Atalanta Ediciones
    Corolas primarias y secundarias de Narcissus.

Mientras paseaba por los jardines sicilianos de Palermo, el escritor sintió el pálpito que lo llevaría a redefinir el concepto de “metamorfosis” y que le ayudó a arrancar con su futuro libro: “De pronto reparé en que el auténtico Proteo capaz de ocultarse o revelarse a sí mismo en todas las formas vegetales se halla en el órgano de la planta que estamos acostumbrados a denominar hoja. De principio a fin, la planta no es otra cosa que hoja, tan inseparable del futuro germen que no es posible concebir uno sin la otra”.

El proceso por el que esta dinámica hoja va adquiriendo progresivamente la forma de los cotiledones, pecíolos, sépalos, pétalos, pistilo y estambres, es lo que Goethe denominó “metamorfosis de las plantas”. Así se lo aclarará a su amante, Charlotte von Stein, en una carta fechada en 1786: “No puedo decirte lo legible que se está volviendo para mí el libro de la naturaleza; mis largos esfuerzos por descifrarlo, letra a letra, me han sido de gran ayuda; ahora, de repente, todo está dando resultados y mi serena alegría es inexpresable”.

Tras la planta primordial

Su libro de la naturaleza se acabó titulando La metamorfosis de las plantas, un breve tratado de 123 párrafos que, profusamente ilustrado, acaba de publicar en español la editorial Atalanta en una cuidada versión traducida por Isabel Hernández y en el que Goethe defiende que todas las plantas provienen de las sucesivas transformaciones de una planta primordial (Urpflanze) y esos cambios fundamentales son aplicables a otras criaturas vivientes. El estudio aparece bajo el cuidado de Gordon L. Miller, quien también ha fotografiado las plantas de las que se habla en la monografía.

Esta edición de La metamorfosis de las plantas incluye, además, el extenso poema homónimo en el que Goethe, a modo de versión divulgativa de su teoría, invita a alguien ajeno a la ciencia a maravillarse con su sencillez milagrosa. Ahí van los primeros versos: “Te confunde, amada mía, la mezcla infinita / del sinfín de flores que este jardín puebla; / muchos nombres escuchas y el uno, con bárbaros tonos, / dentro de tu oído resuena más que el otro”.

Versos con ciencia

El poema tuvo una acogida magnífica y, a partir de ese momento, Goethe decidió servirse de la poesía para difundir sus ideas científicas. Sus versos se convirtieron en el vehículo perfecto para acercar la ciencia al gran público. Según el poeta: “Nadie quería comprender la unión íntima de la poesía y de la ciencia; se olvidaban que la poesía es la fuente de la ciencia y no se imaginaban que con el tiempo pueden formar una alianza estrecha y fecunda en las más altas regiones del espíritu humano”.

A juicio del historiador Robert J. Richards, Goethe revolucionó con La metamorfosis… el estudio de la naturaleza en pleno siglo XIX y la influencia de sus teorías han llegado hasta hoy: actualmente la biología molecular ha comprobado que es cierto que algunos órganos dentro de las flores sufren transformaciones, las cuales están mediadas por un grupo de genes denominados ABC.

La misma editorial Atalanta, como complemento para La metamorfosis de las plantas, publica también La naturaleza como totalidad: la visión científica de Goethe, de Henri Bortoft, en el que se explican las teorías científicas goethianas.

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