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Pactos por el clima
¿Hacen los gobiernos lo suficiente?

El movimiento Climáximo entierra simbólicamente el Acuerdo de París
Foto (detalle): © João Camargo

La investigación del clima arroja resultados inequívocos. Pero ¿lo refleja así también la actuación política de gobiernos e instituciones en todo el mundo? Un reality check.

De Matilde Alvim

La pregunta se deduce de las pruebas incontestables acerca de la destrucción medioambiental desencadenada por las emisiones de gases con efecto invernadero por causa humana, y ahora acelerada al propagarse por todo el mundo un sistema socioeconómico para el que el dinero va antes que la vida. Tal como se explicó en el artículo anterior, la investigación sobre el clima arroja resultados claros y la cuestión es no perder tiempo. Ante el colapso inminente, ¿qué hacen instituciones y gobiernos  para retrasar la crisis climática y establecer un nuevo paradigma?

Podríamos empezar volviendo la vista al Acuerdo de París, que en diciembre de 2020 celebró sus primeros cinco años de existencia. El Acuerdo, firmado en París en 2015 en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático –COP21–, tenía como característica destacada que los Estados del mundo aprobaban un calentamiento máximo de 2°C, siendo el ideal 1,5°C. El Acuerdo fue recibido con loas por ser una tabla de salvación ante la crisis climática y sirve de referencia en multitud de directrices, en documentos oficiales y en los medios de comunicación. En el momento de la firma, distintos movimientos por la justicia climática trazaron por toda la ciudad gigantescas líneas rojas apelando así a los gobiernos a no sobrepasar la línea roja que aseguraba el futuro. Según BBC News, durante la COP21 las protestas se extendieron por el mundo entero, desde las Islas Marshall hasta el Ecuador en Kenia, pasando por los glaciales chilenos y colombianos.

¡Han pisado la línea roja!

Y, entonces, ¿qué ha sido de todo ello cinco años después? ¿Fue sobrepasada esa línea roja? La respuesta es que sí. Así resulta claro ya si se analiza el Acuerdo en sí mismo. La organización ATTAC France estudió, al poco tiempo de la COP21, cuáles eran las premisas acordadas, con el resultado de que el Acuerdo de por sí, aun en el caso de ser respetado íntegramente hasta la última letra, prevé un calentamiento de al menos 3°C. Por otra parte, las emisiones mundiales siguen aumentado cada año. Incluso durante la primera oleada de la pandemia de Covid-19, la realidad deshizo la fantasía de que “el mundo iba a sanarse a sí mismo”. En un artículo en la revista Nature Climate Change, varios expertos determinan que “en su mayoría los cambios observados en 2020 son probablemente pasajeros, pues no suponen ningún cambio estructural en el sistema económico, del transporte o de la energía”. Con ello subrayan también la ausencia de una respuesta estructurada por parte de los gobiernos, la cual sería necesaria para cambiar el rumbo de la crisis climática.

Cinco años han pasado ya desde París, y seguimos avanzando a velocidad máxima en dirección al caos climático, tal como quedó patente en el “sepelio” del Acuerdo de París que el movimiento Climáximo llevó a cabo en Lisboa en diciembre de 2020. El investigador de Harvard Rubén D. Manzanedo compara la pandemia con la crisis del clima, corroborando que “la actuación temprana es necesaria para prevenir los peores escenarios posibles, y ello en la crisis climática igual que en las pandemias”.

Mirar desde otro punto de vista

Ningún país del mundo hace lo suficiente; por más que los países europeos transmitan la imagen de encabezar decididamente la marcha, son responsables a la vez de financiar en todo el mundo proyectos de energía fósil. Así, estudios del colectivo internacional Gastivists muestran que la catástrofe climática y política en Cabo Delgado (Mozambique), cuyas comunidades viven la amenaza de perder sus recursos y sufrir violencia, está financiada en gran parte por empresas europeas como Total y ENI.

Quizá no estemos mirando desde el punto de vista correcto. Quizá no deberíamos preguntarnos si el Acuerdo de París ha fracasado o si nuestros gobiernos hacen lo bastante. Los acuerdos y “promesas” surgidos dentro del actual sistema ¿tienen o pueden tener eficacia para domeñar una crisis que él mismo ha generado?

Nos hallamos en una prueba en condiciones reales, y es la realidad lo que debería determinar nuestra actuación: las instituciones nos han abandonado en la lucha contra la crisis climática. El mundo no está haciendo lo suficiente. ¿A dónde tendríamos entonces que dirigirnos? ¿A dónde podemos mirar si queremos ganar? 

¡Tenemos que mirar desde otro punto de vista! En Lisboa, Climáximo enterró simbólicamente el Acuerdo de París con la intención de convocar el Acuerdo de Glasgow, que haga de la sociedad civil el centro de la acción. Y, la semana que viene, en Blog, Engage, Act! observaremos el movimiento por el clima en Bélgica y volveremos a preguntar: ¿estamos ganando?
 
Han pasado ya casi seis años desde el Acuerdo de París, y más de dos desde que Greta Thunberg hizo su primera huelga por el clima. ¿Dónde estamos hoy? ¿Qué han hecho los gobiernos? ¿Tenemos las estrategias acertadas, o hay muchas cosas, y más básicas, que deberían cambiar? Desde la ciencia a la administración de justicia y otras luchas sociales, pasando por el ideal del ecocapitalismo, la primera temporada de Blog, Engage, Act! plantea en qué situación se encuentra la crisis climática y se pregunta si los movimientos por la justicia climática avanzan realmente hacia sus objetivos.

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