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Justicia y los movimientos por el clima
El problema del capitalismo verde

Activistas en marcha hacia una mina a cielo abierto
“Ende Gelände” se dio a conocer ante todo por bloquear explotaciones mineras de lignito, una lucha que pretenden abordar con enfoque interseccional. | Foto (Detail): © Ende Gelände

Suele describirse el capitalismo verde como una solución sencilla y cómoda de la crisis climática que supuestamente nos permitiría no tener que cambiar demasiado nuestra forma de vivir. ¿Tiene razón esta idea? ¿Podemos solucionar realmente la crisis climática dentro de un sistema capitalista?

De Asuka Kähler

Tal como Lola mostraba la semana pasada, el “Green Deal” de la UE no fue capaz de mantener lo prometido. Pero ¿cuál es el verdadero significado de “capitalismo verde” o “ecocapitalismo”? Se trata de una forma de proteger el medio ambiente cuyo objetivo es reflejar el “valor” que tienen en el mercado los ecosistemas y la diversidad, de modo que las partes implicadas se preocupen más por el medio ambiente y actúen de modo más sostenible. La idea es asegurar ese valor por la acción del gobierno a través de instrumentos políticos de mercado, como, por ejemplo, impuestos al carbono o el comercio de emisiones. 

¿Es un plan que realmente pueda llevarse a la práctica? 

En algunos aspectos, la teoría tiene sentido y podría incluso ser una solución transitoria para, al menos, ralentizar el cambio climático. Pero en otros aspectos se queda demasiado corta: por más eficiente que sea nuestro uso de los recursos naturales, la cantidad de estos siempre será limitada. El crecimiento sin fin es imposible. Podemos ralentizar el consumo de nuestros recursos, pero albergar esperanzas de que las innovaciones tecnológicas vayan a resolver todos nuestros problemas peca de cierta ingenuidad. Mientras sigamos el paradigma del crecimiento económico, no podremos crear un sistema sostenible ni justo. 

¿Por qué esto es incompatible con la justicia climática? 

La concepción capitalista general lleva a la injusticia y a la explotación, tanto de los recursos personales como de los naturales. Una ecologización del capitalismo, y ello aun cuando dejásemos de lado por el momento la cuestión de si es o no realizable, no eliminará las estructuras neocoloniales que se han ido conformando durante las secuelas del colonialismo y que hoy son la pauta estructural dominante en nuestro paisaje geopolítico y dejan como principales beneficiarios a los Estados del norte global. Posiblemente, los derechos humanos seguirían siendo ignorados en favor de la economía. La justicia climática significa luchar por el futuro de la humanidad entera, no solo por el de su parte privilegiada. Y eso es imposible en un sistema capitalista, tal como subrayan multitud de activistas del movimiento por el clima. 

¿Qué podemos hacer las y los activistas? 

Tenemos que controlar la situación por nuestra propia cuenta e intentar activamente transformar la sociedad. La tarea puede llevarse a cabo de maneras distintas. En Alemania, una de las posibilidades está encarnada en el grupo “Ende Gelände” (“Hasta aquí”), cuyas acciones empezaron con la ocupación de minas de carbón. En este momento, el grupo no solo se pronuncia en pro de la justicia climática y la solidaridad, sino también contra la explotación y el racismo. Es conocido ante todo por sus acciones de masas con carácter de desobediencia civil y por las perspectivas anticapitalistas que influyen en todas las facetas de su activismo. “No luchamos contra personas concretas, sino, siempre, contra todo el sistema. Mientras quemar combustibles fósiles siga dando ganancias, las empresas lo seguirán haciendo. Intentamos poner en práctica el anticapitalismo, pero el capitalismo influye cada porción de nuestra vida. Tenemos que combatirlo paso a paso, por ejemplo poniendo en el punto de mira a una empresa del carbón tras otra”, explica Ronja Weil. La activista conoce bien los desafíos que plantea una existencia anticapitalista: “Como todas las personas estamos socializadas en el sistema, es una dura lucha estar reflexionando en todo momento sobre las maneras de pensar que hemos interiorizado e intentar llevar una vida que dependa lo menos posible de la explotación de otras personas. A veces nos enfrentamos también a medidas represivas y, en ocasiones, a consecuencias legales que intentamos impedir mediante acciones de masas”. 

Tal como lo muestra el ejemplo de Ende Gelände, estas reflexiones con enfoque social revisten especial importancia si es que el movimiento para salvar el clima ha de ser también un movimiento por la justicia. Victoria Berni, desde Francia, examinará más de cerca esta conexión la próxima semana.  
Han pasado ya casi seis años desde el Acuerdo de París, y más de dos desde que Greta Thunberg hizo su primera huelga por el clima. ¿Dónde estamos hoy? ¿Qué han hecho los gobiernos? ¿Tenemos las estrategias acertadas, o hay muchas cosas, y más básicas, que deberían cambiar? Desde la ciencia a la administración de justicia y otras luchas sociales, pasando por el ideal del ecocapitalismo, la primera temporada de Blog, Engage, Act! plantea en qué situación se encuentra la crisis climática y se pregunta si los movimientos por la justicia climática avanzan realmente hacia sus objetivos.

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