El efecto Guggenheim Un hito arquitectónico para la regeneración urbana

Vista de Abandoibarra y el Museo Guggenheim Bilbao
Vista de Abandoibarra y el Museo Guggenheim Bilbao | Foto: Bernardo Corral © El Correo

Hace 20 años Bilbao atravesaba una crisis industrial de la que se recuperó gracias a un plan de regeneración urbanística. En ese marco se abrió el Guggenheim, con más de un millón de visitantes anuales en una ciudad que nunca antes había tenido turistas.
 

En el suelo donde se erige el Guggenheim se hallaba una fábrica de madera en ruinas y, a pocos metros, decenas de contenedores de los buques de mercancías que entraban a la Ría del Nervión. Con la construcción y la apertura del museo en 1997, la ciudad gris e industrial se fue sumergiendo mientras el núcleo urbano limpiaba sus fachadas y acogía a turistas y participantes en congresos profesionales.

El Guggenheim simbolizó hace 20 años la transformación de Bilbao. Gracias a la potencia icónica del edificio de Frank O. Gehry, el mundo se fijó en una ciudad a la que antes los foráneos sólo venían las horas justas para hacer negocios.

Un “efecto Bilbao” INIMITABLE

Pero ¿fue sólo el museo el motor del cambio? ¿Por qué las más de 200 instituciones que han pedido ayuda a la Fundación Guggenheim de Nueva York para replicar la estrategia han fracasado, salvo Abu Dabi, un proyecto de que lleva años de retraso? ¿Existe en realidad un “modelo Bilbao”? Y si es así ¿se trata de una estrategia urbanística y económica o también cultural?

Para entender lo peculiar del caso bilbaíno hay retrotraerse a las razones por las cuales los gobiernos local, provincial y autonómico empezaron a negociar con una fundación extranjera, que les garantizaba obras de arte y unas exposiciones de primer nivel y les imponía como condición construir un edificio singular.
 
  • Vista de la antigua fábrica de la compañía de maderas en la campa de los Ingleses, donde se tiene previsto construir el futuro museo Guggenheim Bilbao Foto: Miguel Angel González © El Correo
    Vista de la antigua fábrica de la compañía de maderas en la campa de los Ingleses, donde se tiene previsto construir el futuro museo Guggenheim Bilbao
  • Frank Gehry autor del diseño del museo Guggenheim de Bilbao Posando ante una maqueta del proyecto © El Correo
    Frank Gehry autor del diseño del museo Guggenheim de Bilbao Posando ante una maqueta del proyecto
  • Vista del solar en antes de comenzarse a construir el Museo Guggenheim © El Correo
    Vista del solar en antes de comenzarse a construir el Museo Guggenheim
  • Estructura casi completa del Museo Guggenheim de Bilbao en obras Foto: Bernardo Corral © El Correo
    Estructura casi completa del Museo Guggenheim de Bilbao en obras
  • Vista aérea de Bilbao y la ria con el Museo Guggenheim © El Correo
    Vista aérea de Bilbao y la ria con el Museo Guggenheim
  • Largas colas en el Guggenheim. Bilbao, 08.09.2016. Foto: Fernando Gómez © El Correo
    Largas colas en el Guggenheim. Bilbao, 08.09.2016.
La ciudad vasca atravesaba en 1991, año en que comenzaron las negociaciones, una depresión económica de difícil salida. Las heridas de la reconversión industrial seguían abiertas y el paro juvenil alcanzaba el 50 % en algunas poblaciones (en la actualidad, 29% en Bizkaia). Sevilla preparaba su Exposición Universal y Barcelona, sus Juegos Olímpicos. A los políticos les parecía que Bilbao se estaba quedando atrás. Había que actuar.

El museo Guggenheim crea 9.000 puestos de trabajo

El Guggenheim formó parte de un plan institucional de mayor alcance. En 1996 se inauguró el metro de Norman Foster y más tarde los edificios de arquitectos como Arata Isozaki, Rafael Moneo y Alvaro Siza. Todos los niveles de gobierno, gestionados por el Partido Nacionalista Vasco, acordaron que la ciudad necesitaba revulsivos para su resurrección y el museo podía ser uno de ellos. “Bilbao no sería lo que es hoy en el mundo si no hubiera existido el Guggenheim, pero el museo tampoco sería tan conocido si no se hubiera realizado la transformación global de la ciudad”, considera Pablo Otaola, actual gerente de proyecto Zorrozaurre, la zona por donde seguirá expandiéndose Bilbao.

El estado de necesidad de la ciudad y el consenso político aportaron las dos primeras causas del éxito, la fuerza y la estabilidad para seguir adelante sin titubeos, al contrario de lo que ocurrió con el Guggenheim de Salzburgo y recientemente con el de Helsinki. También hay que recordar dos factores más, una vez que se abrió el museo, el buen momento de la economía mundial en 1997 y el impacto mediático del edificio de Gehry: no se había visto nada igual desde el Pompidou de París, en 1977.

En 2016, hubo 1.169.404 personas que pasaron por la taquilla del Guggenheim, un seis por ciento más que en el año anterior. Los extranjeros representan el 66%, y entre ellos sobresalen los franceses, muy por delante de alemanes, británicos y estadounidenses. Los beneficios económicos de este movimiento se concretan, según datos del museo, en una aportación al PIB del País Vasco de 424,6 millones de euros y al mantenimiento de más de 9.000 empleos. Antes de la apertura del museo se celebraban unas 80 reuniones profesionales al año en Bilbao. Hoy superan las mil. La industria aún representa el 25% del PIB de la provincia, pero las fábricas ya se han adaptado a la renovación tecnológica y se sitúan fuera de la ciudad. El turismo alcanza el seis por ciento.
 
Infografía 20 años Guggenheim Bilbao
Infografía: Gustavo Hermoso © Goethe-Institut Madrid
Infografía 20 años Guggenheim Bilbao

El Guggenheim se ideó como un revulsivo económico y urbanístico dentro de una estrategia más amplia, a la que ha contribuido de manera muy significativa. Una vez establecidos los contactos en firme con Nueva York se incluyó el objetivo cultural, el acceso de los ciudadanos a las obras de la vanguardia y la mejora del tejido artístico vasco.

Los más de 16.500 miembros de la Asociación de Amigos del Museo, la segunda mayor en España después de la del Prado, demuestran que el apoyo ciudadano ha sido nítido. Más allá de este nivel surgen tendencias de signo contrario. Había expectativas de que las galerías de arte se beneficiarían del Guggenheim por la elevación de la educación artística de los locales y por la demanda de los visitantes. Pero salas históricas como Windsor han cerrado después de casi medio siglo de vida. El relevo generacional en el coleccionismo vasco no acaba de llegar y los turistas no vienen a comprar la obra de artistas que no conocen.

Galeristas e iniciativas al margen

No obstante, a los galeristas que ya tenían contactos en el extranjero, el efecto de imagen del Guggenheim sobre la ciudad les ha ayudado a mejorar su posición. “Los coleccionistas sólo conocían la ciudad por su industria o por el terrorismo. Con el Guggenheim abierto, el cambio fue radical. Empezaron a hacer planes para visitarnos.”, explica Nacho Múgica, socio de CarrerasMugica, la galería más fuerte de Bilbao y del País Vasco.

Por otro lado, en la zona de Bilbao La Vieja, en la que todavía quedan focos de marginación, se han asentado un nuevo sector creativo, con estudios y viviendas de artistas, además de bares y restaurantes. Oihane Sánchez Duro, artista e investigadora, ha publicado un exhaustivo catálogo de espacios y prácticas artístico-culturales de la ciudad, titulado Bilbao Dé-Tour-Nement. “Hay muchas propuestas surgidas con independencia del Guggenheim. Algunas avaladas por las propias instituciones; otras en o desde los márgenes, bajo formatos cercanos a lo micro, lo asociativo, lo colaborativo, y fórmulas de autogestión, a menudo en condiciones de precariedad”, explica. Los objetivos del museo y los de estas iniciativas son muy distintos, reconoce la autora. Ni está claro el beneficio del museo ni tampoco el perjuicio.

Veinte años después de su apertura, el Guggenheim simboliza el cambio de la ciudad, con matices en el plano cultural. Sin el consenso político y un plan urbano de mayor alcance, sin la buena coyuntura económica a nivel global y la singularidad de un edificio en una época en la que no había tantos edificios singulares, nada habría sido lo mismo. El “Efecto Bilbao” es producto de estos factores en un tiempo y lugar muy determinados. Por eso se hace tan difícil replicarlo.