Aproximación a una idea del proyecto “Streaming Egos” Streaming Ecos

Imagen: Monoperro dibujando en las paredes de la burbuja de Plastique Fantastique
Monoperro dibujando en las paredes de la burbuja de Plastique Fantastique | © Goethe-Institut Madrid

¿Cómo han cambiado internet y las redes sociales nuestra idea de identidad y nuestras maneras de interactuar? 365 días de creación artística y reflexión sobre el tema, culminaron en el interior de una enorme burbuja de plástico que acabó fue cortada en trozos. Unas palabras para cerrar el ciclo.

Empecemos con una cita. Una bien conocida. De Plutarco: “El mundo entero representa una comedia.” Que el mundo es un teatro, ya lo sabemos, es un tópico empleado desde la Antigüedad. Vale, somos máscaras, acaso, un mero nombre tras el que se esconde alguien, pero ¿quién? ¿Quién se esconde tras Monoperro?, ¿quién tras el Dr. Kurogo?, ¿Sonia Gómez? ¿Vic Snake? ¿Anto Lloveras? ¿Mateo Feijóo? ¿Marco Canevacci? ¿Angélica Beckett? Y acaso la máscara más inquietante de todas: ¿quién o qué hay tras el Goethe-Institut? Nombres y más nombres, siempre nombres, de los cuales varios son pseudónimos o bien heterónimos, y si son auténticos también podrían ser inventados: ¿Sonia Gómez? Y en nombre de los cuales dice escribir alguien, pintar alguien, bailar alguien, tatuar alguien, construir alguien, coordinar alguien, presupuestar y pagar alguien. O dicho de otra forma: ¿quiénes son los que se representan tras cada una de estas denominaciones de origen?

¿Cómo somos en la red y cómo nos unimos para formar nuevas comunidades en la era digital?

Acaso esté aquí el meollo de Streaming Egos, una iniciativa que nació como un proyecto colectivo a partir de una serie de individualidades escogidas por Mateo Feijóo, el comisario de la parte española del proyecto. Ahí, en ese momento, ya se forjó un primer gesto, una voluntad inicial de hacer confluir a creadores procedentes de distintas artes. Una coctelera de nombres e identidades que a partir de agosto de 2015 estaban llamados a convivir e interactuar, principalmente, a través de un blog albergado en la web del Goethe-Institut: “El ser humano moderno intenta proyectar la imagen que tiene de sí mismo a través de las redes sociales. ¿Cómo somos en la red y cómo nos unimos para formar nuevas comunidades en la era digital?” Streaming Egos, por tanto, nace de una pregunta: ¿es posible casar una imagen propia con la formación de una imagen colectiva? La pregunta se complica si, cada cual desde su vértice, participan artistas y pensadores de diferentes países: Bélgica, Alemania, Francia, Italia, Portugal, España…

“Nuestra identidad está en el ano”, dijo Monoperro en una conversación.

En la sección del blog dedicada a España, el dibujante Monoperro fue quien, por así decir, rompió el hielo con un simple dibujo. Y lo rompió con tal contundencia que marcó el tono y el carácter de un viaje que recién empezaba a gestarse en septiembre de 2015. Y no sólo eso: propició que desde Alemania se bloqueara el blog porque se sospechó que ese dibujo podía ser obra de un hacker. La ilustración muestra a un hombre enseñando al espectador su ano. Para Monoperro, en cambio, no era más que su manera de entender el concepto de identidad. “Nuestra identidad está en el ano”, dijo Monoperro en una conversación que tuvo lugar el 8 de junio de 2016 en la construcción neumática, en forma de burbuja, que el colectivo berlinés Plastique Fantastique levantó en el jardín de la sede del Goethe-Institut en Madrid antes de ser destruida el 9 de junio y poner así –tras una serie de acciones, diálogos y proyecciones protagonizadas por miembros del proyecto– el punto final a Streaming Egos. De todo aquello, no en balde, sólo se salvaron los dibujos de Monoperro. Y si la identidad está ahí, en ese agujero minúsculo, tan íntimo como homogéneo, parecería que Monoperro pretendía hacer coincidir “indentidad” con “idéntico”. Tras lo cual, cabría preguntarse hasta qué punto la identidad de los miembros de este proyecto no sería intercambiable. Algo así parecía querer decir Angélica Beckett – un alter ego del autor con el que interactuaba con los otros integrantes del proyecto en Facebook – cuando, según puede leerse en el blog del proyecto, empezó a apropiarse de los dibujos de Monoperro al tiempo que los subía a su muro de Facebook. Visto así, en qué medida ¿ la bailarina Sonia Gómez podría firmar las piezas sonoras del Dr. Kurogo? y ¿el músico Dr. Kurogo hacerse cargo de los tatuajes –un punto o una cruz– que se practicaron esos dos días de junio dentro de la “burbuja” bajo el nombre de Vic Snake?

Las redes sociales son medios narcisistas

Escribe el filósofo Byung-Chul en su libro En el enjambre  que “Nuestra sociedad se hace hoy cada vez más narcisista”. Y más adelante: “Redes Sociales como Twitter o Facebook agudizan esta evolución, pues son medios narcisistas”. Ovidio, en su Libro III de Las metamorfosis, vincula el mito de Narciso a otro personaje no menos interesante, la ninfa Eco. Curiosamente, Eco y Narciso encarnan la búsqueda de una voz y el hallazgo de un sujeto. La necesidad ineludible de comunicarnos con nosotros y con los demás. Descubrimos a Eco siempre detrás de Narciso. Estaríamos entonces frente a un cuadro en el que Narciso duplica la tentativa de una reapropiación del yo. Donde se vincula de una manera inextricable la búsqueda de un sujeto y la de una expresión auténtica. Ambas figuras son presas de un reflejo, y se manifiestan en tanto que se produce ese reflejo: mientras Eco se alimenta del reflejo ajeno; Narciso vive de observar el suyo propio, pero en realidad ajeno a él, alienado, pues no puede ni abrazar ni besar la imagen que tiene delante.

Eco y Narciso. Narciso y Eco. Dos figuras escindidas que podrían protagonizar una pieza titulada “Streaming Ecos”. O “Egos”.