Ontología y Política del Dato El Cuerpo Digital

Microsexos: proyecto de Jaime del Val, cámaras de vigilancia colocadas en la piel que movilizan un cuerpo amorfo.
Microsexos: proyecto de Jaime del Val, cámaras de vigilancia colocadas en la piel que movilizan un cuerpo amorfo. | © Jaime del Val

Es urgente poner de relieve los aspectos corpóreos y materiales del universo digital para proponer alternativas a una sociedad del control que opera reduciendo cuerpos y comportamientos a elementos calculables y predecibles.

Una de las metáforas más engañosas que articulan la sociedad actual es la idea de que el universo digital es inmaterial e incorpóreo. Cada vez que enviamos un email, este transita por centros de datos, naves industriales que son infraestructuras secretas de las que hay varios millones que consumen más del dos por ciento de la electricidad planetaria. Cada vez que interactuamos conscientemente o inconscientemente con el universo digital es a través de sensores, de los que hay billones en todo el planeta, que están capturando continuamente señales físicas de movimiento y traduciéndolas a señales eléctricas codificadas y coreografiadas por billones de algoritmos.

En el universo digital todo es corpóreo: la digitalización consiste en la captura de movimientos humanos y no humanos en todas las escalas y su traducción en elementos numéricos calculables.

La cibernética a mediados del siglo XX y el Big Data a principio del XXI introducen una nueva ontología -un nuevo tipo de realidad que precisa nuevos esquemas conceptuales para pensarla- y una nueva política en la que el poder opera, no ya imponiendo  patrones fijos de comportamiento, sino movilizando patrones radicalmente dinámicos. Siguiendo a Brian Massumi, (Ontopower, Duke, 2015) especialmente desde el 11S la política estatal y corporativa, desde el frente duro de la guerra al frente blando de la vigilancia ubicua, se orienta a lo potencial: anticipar y modular los comportamientos y deseos emergentes y potenciales de ciudadanos y consumidores. Cuando recibimos publicidad personalizada los algoritmos quieren capturar al vuelo no solo nuestros deseos conocidos, sino los emergentes, y redirigirlos en infrainstantes que exceden la percepción consciente.

El control hecho deseable

En semejantes redes toda producción de identidad se ha vuelto instrumental. El nuevo capitalismo afectivo de Facebook y el selfie instrumentaliza el egocentrismo heredado de anteriores modelos sociales para generar un nueva economía del dato donde lo privado (y lo público) hace tiempo que dejó de existir tal como lo conocemos y nuestras huellas digitales alimentan una nueva sociedad del control. Es urgente estudiar en qué manera estos sistemas de control constituyen nuevos modos sin precedentes de imperialismo y de gobernanza global.

Si la pasada década estaba marcada por la googlelización, ahora vivimos en la doble pinza de la facebookización y la uberización del mundo. Tanto los egos como lo comunitario se capitalizan en las redes digitales.

El sentido común, los sistemas jurídicos y la política tradicional son profundamente obsoletas frente a esta nueva realidad basada en algoritmos y procesamientos dinámicos de datos, y deben ser revisadas desde sus cimientos. Por ejemplo, la ley de protección de datos europea requiere que se conozca la finalidad del procesamiento de datos, pero esto es contradictorio con la naturaleza emergente del Big Data. Hace falta redefinir los marcos de regulación en sus cimientos para empezar a entender el cambio profundo que se está produciendo en el cuerpo social y generar posibles respuestas.

Alemania es quizás el país del mundo que más planta cara a este nuevo orden digital: son famosos los casos del gobierno alemán contra el Google Street View, que registra datos de las redes wifi además de fotografiar las calles, y contra la nueva política de Facebook de propiedad sobre todo lo que se publica en su red, que hace que los ciudadanos alemanes sean acaso los únicos que están protegidos ante esta agresiva práctica. Recientemente el gobierno alemán cuestionaba el secretismo de los algoritmos de Google y Facebook en su gestión de la información.

El cuerpo indeterminado frente al cuerpo calculable

En este sustrato corpóreo de lo digital tenemos también la posibilidad de generar nuevas formas de resistencia, abordando de forma crítica y creativa la manera en que nuestros cuerpos y movimientos son digitalizados a través de procesos de reducción de su complejidad.

Frente a la tendencia a la cuantificación total, al perfilado y clasificación de todo cuerpo y movimiento en redes de digitalización hiperconectadas y emergentes, se trata de movilizar un cuerpo irreductible, no cuantificable, poniendo en valor la fuerza creativa de la indeterminación, reintroduciendo en los sistemas de información la complejidad, como un factor esencial en la creatividad de un ecosistema.

El proyecto Streaming Egos ha sido un interesante exponente de tales prácticas de resistencia, al haber elaborado, en torno a la cuestión de las identidades digitales unos modos de acción difícilmente asimilables por el sistema de la predicción y el control, generando intervenciones online y presenciales que movilizaban corporalidades difícilmente reductibles a los patrones identitarios propios de la cultura del selfie.

Igualmente el proyecto europeo Metabody  se ha propuesto desde sus inicios, no solo reflexionar y generar nuevas herramientas críticas ante los formidables desafíos de la cultura del Big Data, sino dar respuestas creativas que redefinan los propios paradigmas tecnológicos. Metabody  cuestiona los modos de articular la percepción que se orientan a la cuantificación de toda realidad y favorece en su lugar otros modos de percepción, y con ello de cuerpo y de arquitectura, que favorezcan la indeterminación, lo amorfo, no como negatividad sino como pluralidad en movimiento y devenir.