Argelia / Francia Yasmina Khadra

Yasmina Khadra
Foto: E. Robert-Espalieu

¿Qué significa para usted el término “refugiado”?

Un alma en pena.

¿Es menos legítimo huir de la pobreza que huir de la guerra o de la opresión política?

El que se escapa de la pobreza busca la fortuna; el que se escapa de la guerra sólo busca vivir.

¿Y qué opina de los que huyen a causa de problemas medioambientales?

Jamás nos escapamos de lo que termina invariablemente por alcanzarnos. El mal que se le hace a la naturaleza un día u otro sellará nuestro destino.

¿Cuándo se deja de ser refugiado?

Cuando dejemos de compadecernos o de serle hostil.

¿Existe un derecho natural al asilo?

Si no es un derecho, para aquel que recibe es un deber.

En caso afirmativo: ¿es un derecho incondicional o se puede perder?

Cuando se acude en ayuda de una persona que sufre o que está en peligro, no se plantean condiciones.

¿Piensa que hay un límite en la cantidad de refugiados que puede absorber una sociedad?

La solidaridad sólo tiene los límites de sus medios.

En su país, ¿hay refugiados con privilegios, por ejemplo algunos que sean mejor recibidos que otros? En caso afirmativo: ¿por qué?

Hay muchos refugiados africanos y árabes. Los primeros huyen de la miseria; los segundos, de la guerra que se vive en Irak y Siria. Con raras excepciones, todos están abandonados a su suerte. Un régimen que no se ocupa de sus propios ciudadanos no puede elaborar una política convincente para los refugiados. Estos últimos, en Argelia, le deben la vida únicamente a la generosidad de la población. No creo que haya una ayuda selectiva entre los argelinos. La religión lo prohíbe. Todas las personas en apuros son iguales. No obstante, los refugiados árabes tienen menos problemas que los refugiados africanos que, a veces, son expulsados y devueltos a sus países, lo que no ocurre con los sirios que, en ocasiones, gracias a la lengua y al espíritu fraternal panárabe, se integran más rápido.

¿Reciben los refugiados en su país un tratamiento justo?

En Argelia no existen estructuras adecuadas ni una política gubernamental clara respecto a la manera de ayudar a los refugiados. Ellos viven al día: los buscavidas encuentran trabajo; los desposeídos se dedican a la mendicidad. Saludo al espíritu de solidaridad del pueblo argelino.

¿Aceptaría recortes en el sistema de seguridad social de su país para facilitar el ingreso de más refugiados?

Las restricciones sociales son aberraciones. Un refugiado es una persona de pleno derecho, y hay que tratarla como a cualquier ciudadano. La historia de la humanidad es la historia del éxodo. Los seres humanos no son más que polen que viaja a través de las épocas y los lugares para fecundar a las civilizaciones. Nadie en la Tierra puede pretender ser un autóctono auténtico. Sólo somos nómadas potenciales. Cuando no es la hambruna o las catástrofes naturales lo que nos obliga a buscar otros cielos para reconstruirnos, la guerra, las revoluciones y la locura de los hombres nos fuerzan a optar por otros lugares de asilo. No es casualidad que el exilio se vea como una segunda oportunidad.

¿Qué requisitos deberían cumplir los refugiados para lograr una integración satisfactoria?

Un refugiado generalmente desembarca en tierra desconocida. Lleva consigo una mentalidad y una cultura ancestrales que pueden resultar incompatibles con el país de asilo. Al refugiado le corresponde adaptarse a sus nuevas referencias. No está obligado a renunciar a sus tradiciones pero, por gratitud, debe respetar las leyes de la sociedad de adopción.

¿Y los ciudadanos del país anfitrión?

Es completamente legítimo exigirles a quienes son recibidos el respeto por las leyes y la cultura de los países de asilo. Como dice el refrán: “Haz como si estuvieras en tu casa, sin olvidarte de que estás en la mía”.

¿Conoce personalmente a algún refugiado?

De vez en cuando, en el marco de mi vocación literaria, me encuentro con alguno. Cuando cumplía con el servicio militar, visité los campos de refugiados africanos. Pero eso no significa gran cosa. Carezco tanto de medios como de posibilidades de hacer algo.

¿Apoya de forma activa a algún refugiado?

Aparte de algunas intervenciones mediáticas como palos de ciego, nada concreto. Me gustaría ser útil, pero los organismos implicados no me lo han pedido.

¿Cómo cree que va a evolucionar la situación de los refugiados en su país en los próximos dos años?

Dado que mi país no tiene una política clara respecto a los refugiados, no puedo prever nada.

¿Y en las próximas dos décadas?

Ojalá que hasta entonces el mundo haya comprendido que el único medio para evitar los éxodos masivos es aprender a compartir, a que los Estados se ayuden unos a otros e impedir las guerras. Cuando hayamos comprendido que la paz y la estabilidad son las verdaderas claves para acceder a la madurez y aspirar a la felicidad, en los caminos y carreteras sólo habrá viajantes de comercio, turistas y exploradores fabulosos.

¿Es capaz de imaginar un mundo sin refugiados?

Todos necesitaríamos un mundo así. Sería la prueba de que la humanidad ha alcanzado la edad adulta, de que la vida ha recuperado su valor inapreciable, de que el bien ha triunfado sobre el mal y que, en adelante, la conciencia reemplazará a la estupidez y la incomprensión.

En caso afirmativo: ¿cómo se conseguiría algo así?

Entender que la felicidad sólo es completa cuando se comparte. Ubicar al hombre en el centro de todos los intereses y hacer de la globalización no una trampa financiera, sino un reagrupamiento sano alrededor de un ideal común: la paz.

Usted o su familia, ¿han sido refugiados en alguna ocasión?

El verdadero exilio de un escritor es su texto. En lo personal, me enriquezco con todos los encuentros y con todas las culturas. Mis hijos han vivido en México, Francia y Argelia, y eso los ayuda a adaptarse a todas partes y a instruirse. Mis hijos nunca serán racistas ni hostiles a los demás. Conocen de cada religión un santo y de cada folklore, una danza. Sólo así se saborea plenamente la vida.

¿Piensa que podría serlo en el futuro? En caso afirmativo: ¿por qué?

Cualquiera podría encontrarse en la carretera huyendo de una desgracia o un peligro. Tanto si uno es rey o barrendero, poderoso o frágil, famoso o desconocido; nadie es inmune a los acontecimientos.

¿Cómo se prepararía llegado el caso?

No sé. ¿Qué es un grano de arena en la tormenta? La desgracia es imprevisible.

¿En qué país se refugiaría?

En cualquiera donde no tenga que esconderme como si fuera un apestado.

¿Cuánto “hogar” o cuánta “patria” necesita?*

Me bastaría con una, si para preservarla le diera lo mejor de mí y educara a mis hijos en la justicia y en una ambición sana y hermosa que hiciera de ellos buenos ciudadanos. 

*Esta pregunta ha sido tomada del cuestionario de Max Frisch sobre “Heimat”.