Brasil Luiz Ruffato

Luiz Ruffato
Foto: Tadeu Vilani

¿Qué significa para usted el término “refugiado”?

El refugiado es una persona que debe dejar la tierra donde nació, acosada por guerras, por persecución ideológica, étnica o religiosa, o incluso por motivos de conciencia. Creo que este concepto debería ampliarse a todo aquel que huye de la miseria y del hambre en su lugar de origen.

¿Es menos legítimo huir de la pobreza que huir de la guerra o de la opresión política?

La pobreza es el resultado de la desorganización económica, provocada en general por la corrupción y la concentración de la riqueza. Cuanto más pobre es la población de un país, menos acceso tiene a la educación, la salud, el transporte público y el ocio, y queda más expuesta a la violencia. En algunos países, la violencia urbana y rural mata más que muchas guerras, y mantener los niveles de miseria y de ignorancia actúa como un mecanismo de opresión política. Brasil, por ejemplo, tuvo más de sesenta mil homicidios en 2014, un número equivalente al promedio anual de muertos en la guerra civil de Siria. La tasa brasileña es de 32,4 asesinatos cada cien mil habitantes, un porcentaje considerado como epidemia por la Organización Mundial de la Salud, y la mayoría de las víctimas son hombres (92%), jóvenes de entre quince y veintinueve años (54%) y negros (77%). Una investigación con el título “Mapa de la desigualdad” mostró que la expectativa de vida de un habitante de la parte rica de la ciudad de São Paulo es veinticinco años más alta, de promedio, que la de un habitante de la periferia de la misma ciudad.

¿Y qué opina de los que huyen a causa de problemas medioambientales?

Los problemas medioambientales son el resultado de la ambición desmedida. Los países llamados “desarrollados” incitan a los países llamados “en vías de desarrollo” a producir para exportar más y más alimentos (por medio de la expansión de la agricultura y de la ganadería) y a extraer más y más materias primas vegetales y minerales, destruyendo amplias áreas de superficie natural. También los incitan a importar productos industrializados muy contaminantes, como los automóviles. Brasil, controlado por una élite depredadora, está destruyendo sistemáticamente sus bosques nativos (y no sólo la selva amazónica, que es lo más visible) y la región de Cerrado con el fin de producir soja, implantar la ganadería para producción cárnica y la extracción de maderas nobles. Aparte de esto, nuestro proceso de industrialización tiene lugar al mismo tiempo que el crecimiento descontrolado de las ciudades, y el resultado son ríos contaminados, complejos ecológicos destruidos, favelas inhabitables y violencia urbana. La degradación de la naturaleza está directamente relacionada con la mala administración de los recursos naturales, debido al afán consumista de los países ricos, que alimentan la corrupción y la concentración de riqueza en los países pobres.

¿Cuándo se deja de ser refugiado?

El trauma de romper con las raíces es extremadamente doloroso. El refugiado carga consigo todo el tiempo la sensación de no pertenecer, por lo que su historia tiene que ser refundada constantemente. Partir no es solamente dejar atrás un paisaje, una lengua, cierto tipo de comida, una forma de vivir, en suma. Partir es, sobre todo, cortar los lazos con los antepasados, es quebrar la continuidad de la historia. Cierta vez, conversando con una señora judía en Zúrich, con ese humor típico me dijo que superar el dolor de la emigración (o del desplazamiento, no hay diferencia) no resulta tan difícil, pues es algo que sólo se sufre los primeros cincuenta años.

¿Existe un derecho natural al asilo?

Sí. Y aunque no fuese por otros motivos, debería serlo por el simple hecho de que todos somos, en nuestro origen, refugiados. Europa, por ejemplo, tal como la conocemos hoy, es el resultado de varios desplazamientos de poblaciones enteras a lo largo de la historia, provocadas por guerras, por epidemias, por pobreza, por desastres naturales, por persecuciones étnicas, políticas, religiosas y culturales. Es un deber ético de todo ser humano proteger a un semejante que está en peligro, sea por la razón que sea. Incluso por el hecho de que los países así llamados desarrollados, en especial Europa y Estados Unidos, son responsables directos de la existencia de buena parte de los refugiados del mundo, debido a la desorganización económica que han promovido y promueven con sus acciones tendientes a la hegemonía geopolítica.

En caso afirmativo: ¿es un derecho incondicional o se puede perder?

El derecho al asilo debe ser lo más amplio posible, aunque pueda haber algunas condiciones, pero en tal caso estas han de ser siempre individuales, nunca colectivas. Por ejemplo, puede rechazarse la solicitud de asilo de un individuo que incite al odio (sea ideológico, religioso o étnico), pero nunca negárselo a las comunidades que pertenezcan a esa ideología, religión o etnia.

¿Piensa que hay un límite en la cantidad de refugiados que puede absorber una sociedad?

Sí, deben respetarse las realidades económicas y sociales de cada país.

En caso afirmativo: ¿dónde pondría ese límite y por qué?

A los refugiados hay que ampararlos proporcionándoles por lo menos las condiciones mínimas de dignidad. Esto significa acceso al alojamiento, la alimentación, la asistencia social y psicológica, la enseñanza de la lengua y de la cultura, y principalmente una perspectiva de inserción en la sociedad. De lo contrario, en vez de estar resolviendo o intentando resolver la situación del refugiado, podríamos estar empujándolo hacia la marginalización, empeorando su vida y creando un problema más para la propia sociedad que lo acogió.

En su país, ¿hay refugiados con privilegios, por ejemplo algunos que sean mejor recibidos que otros? En caso afirmativo: ¿por qué?

A pesar de haber firmado los principales tratados internaciones de Derechos Humanos, Brasil recibe pocos refugiados. Según el Consejo Nacional de Refugiados, órgano del gobierno federal, Brasil registra 8.863 refugiados de 79 nacionalidades distintas, de los cuales el 70% son hombres. La mayoría viene de Siria (2.298), Angola (1.420), Colombia (1.100), República Democrática del Congo (968) y Palestina (376). Pero si tomamos en cuenta los inmigrantes (pobres que huyen de la miseria en sus países de origen), el perfil cambia bastante: los dos grupos principales están formados por bolivianos (entre treinta mil, oficialmente, y sesenta mil, según los datos de la Pastoral del Inmigrante, ligada a la Iglesia Católica) y haitianos (cerca de cuarenta y cuatro mil, que llegaron después del terremoto que destruyó el país en 2010).

¿Reciben los refugiados en su país un tratamiento justo?

Si sólo pensamos en el refugiado tipo (es decir, sin tomar en cuenta a los inmigrantes), el trato es correcto, aun cuando tiene características específicas según el origen de cada uno. Por ejemplo, los ciudadanos sirios y palestinos tienen por lo general parientes en las respectivas comunidades que ya se han establecido aquí y practican actividades comerciales, por lo que son rápidamente incorporados a la sociedad; también por el hecho de que son blancos, ya sean cristianos o musulmanes. Brasil es un país racista, por lo que los refugiados negros (angoleños, congoleses) y los inmigrantes negros (haitianos) e indígenas (bolivianos) se ven tremendamente discriminados a la hora de buscar trabajo y están marginados en el día a día.

¿Aceptaría recortes en el sistema de seguridad social de su país para facilitar el ingreso de más refugiados?

Brasil posee un pésimo sistema de seguridad social para sus ciudadanos. No habría forma de empeorarlo.

¿Qué requisitos deberían cumplir los refugiados para lograr una integración satisfactoria? ¿Y los ciudadanos del país anfitrión?

Los refugiados pueden conservar sus características religiosas, lingüísticas y culturales, pero deben tratar de comprender y aceptar los hábitos y las costumbres del nuevo país. Y los ciudadanos del país que acoge a los refugiados deben respetar las particularidades de estos grupos y tratar de aprender cosas nuevas de ellos. De este modo, ambas partes salen enriquecidas, pues como escribió Danilo Kiš, la lectura de una gran cantidad de libros lleva a la sabiduría, y la lectura de uno solo a la ignorancia repleta de locura y odio.

¿Conoce personalmente a algún refugiado?

No. Son poquísimos en este enorme Brasil.

¿Apoya de forma activa a algún refugiado?

No.

¿Cómo cree que va a evolucionar la situación de los refugiados en su país en los próximos dos años? ¿Y en las próximas dos décadas?

No sabría responder a esta pregunta, porque se trata de políticas públicas, decisiones que se toman en las altas esferas gubernamentales, pero creo que no se distinguirá mucho de lo que se practica en la actualidad, que es no hacer casi nada en relación con el problema.

¿Es capaz de imaginar un mundo sin refugiados?

Desgraciadamente, no. Parece que las guerras y sus consecuencias, la desorganización política, económica y social son inherentes a la historia de la humanidad.

Usted o su familia, ¿han sido refugiados en alguna ocasión?

Si incluimos en el concepto de refugiado –y yo lo incluyo– al inmigrante que busca escapar de la pobreza, la respuesta es sí. Mis abuelos maternos huyeron de la miseria del norte de Italia (región del Véneto), y mis abuelos paternos de la miseria en el interior de Portugal; todos ellos desembarcaron en Brasil a finales del siglo XIX. Aquí se enfrentaron a las dificultades del clima, con la prepotencia de una sociedad esclavista, con hábitos y costumbres diferentes y, en el caso de los italianos, con una lengua y una cocina completamente desconocidas.

¿Piensa que podría serlo en el futuro? En caso afirmativo: ¿por qué?, ¿cómo se prepararía llegado el caso?, ¿en qué país se refugiaría?

No creo que ninguno de nosotros pueda afirmar de manera categórica que nunca será un refugiado. El mundo es extraño y todo cambia muy rápido, sobre todo si se vive en un país del Tercer Mundo. En Brasil lo más preocupante son las cuestiones políticas. Vivimos a un paso de la ruptura del estado de derecho: grupos ideológicos enfrentados y lo que queda de manifiesto es la intolerancia. La intolerancia es también la marca de los fundamentalistas cristianos, denominados pentecostales, que están ampliando en demasía su espacio dentro de la sociedad. Nuestra democracia es joven, por lo tanto frágil, y la élite brasileña tiene un apego inmenso por los privilegios de los que disfruta desde siempre. Por lo tanto, no se puede descartar la posibilidad de que, en caso de un retroceso político, yo me vea obligado a buscar refugio en otro país. Pero la cuestión, como decía al principio de esta entrevista, es que el refugiado nunca lo es por opción, sino siempre por falta de opciones. Por lo tanto, no hay forma de prever absolutamente nada, y lo que urge es vivir y luchar por un mundo mejor, en el que la idea de mudarse de lugar sea tan sólo una expresión de deseo por conocer otras culturas y no surja de la obligación de romper con la propia.

¿Cuánto “hogar” o cuánta “patria” necesita?*

La casa es para mí un lugar de refugio, y el refugio es amparo, protección. Necesito saber que existe un pequeño lugar en el mundo donde yo existo plenamente, ligado al mundo exterior, pero apartado de él. Como en un útero materno.

*Esta pregunta ha sido tomada del cuestionario de Max Frisch sobre “Heimat”.