Holanda Hans van den Brink

Hans van den Brink
Foto: Annaleen Louwes

¿Qué significa para usted el término “refugiado”?

Los ciudadanos acomodados de hoy son los refugiados del mañana, y a la inversa. Esto significa que siempre hay miedo, pero también hay esperanza. Ser refugiado es, por definición, un estatus temporal, pero también lo es la condición de ciudadano.

¿Es menos legítimo huir de la pobreza que huir de la guerra o de la opresión política?

En absoluto. Las grandes corrientes migratorias de Europa a América, África y Asia en los siglos pasados estuvieron motivadas económicamente. Las potencias coloniales no están hoy en posición de oponerse a los refugiados económicos.

¿Y qué opina de los que huyen a causa de problemas medioambientales?

En este punto la responsabilidad colectiva de la humanidad es aún mayor que en el caso de la economía. A fortiori, los problemas ecológicos, como por ejemplo el cambio climático, están causados por la acción humana.

¿Cuándo se deja de ser refugiado?

Como mucho, una generación. Los hijos de refugiados ya no lo son y, por lo tanto, no tienen por qué dar muestras de agradecimiento al país que recibió a sus padres.

¿Existe un derecho natural al asilo?

Por supuesto. Está establecido en la Declaración de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, pero también puede remontarse a la Biblia y a otras tradiciones más allá de las cristianas.

En caso afirmativo: ¿es un derecho incondicional o se puede perder?

Los Derechos Humanos son irrenunciables, aun cuando uno pretenda impugnar los propios.

¿Piensa que hay un límite en la cantidad de refugiados que puede absorber una sociedad?

Ilimitado es un concepto peligroso, sobre todo cuando se utiliza retóricamente, es decir, para indicar que algo se está yendo de las manos y que, por lo tanto, deberían establecerse límites sólidos. Compárese al respecto la utilización del concepto “crisis de los refugiados”. Con ello se trata de hacer penetrar en el mundo occidental la idea de que existe una crisis en nuestra sociedad, mientras que la verdadera crisis de los refugiados ocurre en el Tercer Mundo, en las cabezas y los corazones de los mismos refugiados.

En caso afirmativo: ¿dónde pondría ese límite y por qué?

Un límite es un acuerdo y, en este caso, el acuerdo depende de un consenso más o menos fortuito en el país donde se pide asilo. El Líbano alberga más de un millón de refugiados políticos sobre una población de cuatro millones, así que podría decirse que esto es posible. En la Edad de Oro de Ámsterdam, el porcentaje de la primera generación de “refugiados económicos” (principalmente alemanes) era aún mayor, lo que quiere decir que antes también se podía. Hoy se habla de “crisis” con porcentajes mucho más bajos (ver arriba). Por lo tanto, no se puede establecer un límite cuantitativo. Excepto cuando se parte de la base de que una sociedad no debe cambiar cualitativamente por la llegada de refugiados; en esos casos, el límite es cero.

En su país, ¿hay refugiados con privilegios, por ejemplo algunos que sean mejor recibidos que otros? En caso afirmativo: ¿por qué?

Quien es conocido y/o tiene dinero es siempre bienvenido en casi cualquier parte. Pero no nos referimos habitualmente a estas personas como “refugiados económicos“, sino que los llamamos “expats”, lo que implica que los eximimos de la obligación de integrarse.

¿Reciben los refugiados en su país un tratamiento justo?

El sistema holandés es humanitario, en principio, pero adquiere algunos rasgos que no lo son cuando los procedimientos que en sí son apropiados se demoran tanto que su aplicación deja de ser justa. Quien ha de esperar ocho años para un permiso de residencia, debería obtenerla de inmediato. Los niños que se han criado aquí son holandeses.

¿Aceptaría recortes en el sistema de seguridad social de su país para facilitar el ingreso de más refugiados?

Sí.

¿Qué requisitos deberían cumplir los refugiados para lograr una integración satisfactoria?

La disposición a trabajar y hacer todo lo posible para que ese trabajo prospere, como tomar cursos de capacitación y aprender el idioma. La voluntad de conocer la cultura de la nueva patria, sin la obligación de adoptarla. El respeto por las leyes del país.

¿Y los ciudadanos del país anfitrión?

Adoptar una posición de apertura hacia los refugiados, reconociendo que inevitablemente los recién llegados influirán en la cultura del país, transformándola. La disposición a ser claros respecto de las leyes vigentes y de la conducta conforme a ellas, sin exigirles que se adapten a los sentimientos y pensamientos de los nuevos conciudadanos. El espíritu es siempre libre.

¿Conoce personalmente a algún refugiado?

Sí.

¿Apoya de forma activa a algún refugiado?

Sí.

¿Cómo cree que va a evolucionar la situación de los refugiados en su país en los próximos dos años?

Espero que la afluencia de migrantes disminuya, pero no por el cierre de las fronteras, sino gracias a una mejora de la situación, especialmente en Oriente Medio y África del Norte.

¿Y en las próximas dos décadas?

Espero que los nuevos holandeses se integren y que disminuya la agresividad cuando se trata de maneras de pensar que posiblemente consideremos retrógradas, pero que hace cincuenta años también eran dominantes en nuestra sociedad.

¿Es capaz de imaginar un mundo sin refugiados?

No. No creo en el fin de la Historia.

En caso afirmativo: ¿cómo se conseguiría algo así?

Una catástrofe natural global que signifique el fin del antropoceno.

Usted o su familia, ¿han sido refugiados en alguna ocasión?

No.

¿Piensa que podría serlo en el futuro? En caso afirmativo: ¿por qué?

Si Holanda se separara de la Unión Europea, buscaría un exilio lujoso.

¿Cómo se prepararía llegado el caso?

Con una chequera y un atlas.

¿En qué país se refugiaría?

Seguramente consideraría Alemania, pero también España y Argentina.

¿Cuánto “hogar” o cuánta “patria” necesita?*

Mucho. Estoy siempre buscándola, pero sé que se encuentra en diferentes lugares, tanto en el tiempo como en el espacio. Por otra parte, también puedo imaginármelo muy bien sin patrias.

*Esta pregunta ha sido tomada del cuestionario de Max Frisch sobre “Heimat”.