Argentina Alejandro Grimson

Alejandro Grimson
Foto: Alejandro Grimson

¿Qué significa para usted el término “refugiado”?

En los caminos para escalar a pie la cordillera de los Andes existen algunos refugios; son casas donde quienes deciden emprender voluntariamente una aventura pueden descansar y recuperar fuerzas, sin importar la nacionalidad a la que pertenezcan. A diferencia de estos lugares, que son hogares pasajeros en un camino de libertad, los refugiados del mundo contemporáneo huyen con desesperación de la muerte, dejan atrás sus hogares amenazados o destruidos, su esperanza queda reducida a lograr algo de solidaridad de otros seres humanos.
 
¿Es menos legítimo huir de la pobreza que huir de la guerra o de la opresión política?

Los refugiados son un modo peculiar de inmigrantes. La inmensa mayoría de los seres humanos que se desplaza de un territorio a otro lo hace por un mismo motivo: la desigualdad. A veces se trata de desigualdad económica, como en el caso de la pobreza. Otras veces es desigualdad por opresión política o por guerras. En los tres casos, la seguridad de su vida y de la vida de su familia se encuentra seriamente comprometida.
 
¿Y qué opina de los que huyen a causa de problemas medioambientales?

La huida por desastres medioambientales es análoga a las otras situaciones. Emprenden un camino triste, muchas veces desolador, por circunstancias que ellos mismos no han elegido. ¿Quién estaría dispuesto a permanecer inmóvil cuando su vida y la de los suyos corre peligro?
 
¿Cuándo se deja de ser refugiado?

Si el refugiado inicia su trayecto por desigualdad e inseguridad, sólo podría dejar de serlo cuando se hayan disipado las causas que dieron origen a su desplazamiento.
 
¿Existe un derecho natural al asilo?

El derecho a la vida debería estar globalmente garantizado para todos los seres humanos. Cuando la vida de alguien está en peligro, debería tener derecho a residir en un país que lo proteja.
 
En caso afirmativo: ¿es un derecho incondicional o se puede perder?

Nunca se debería perder, si no cambian las causas que originaron el derecho. Eso no implica que el refugiado no tenga obligaciones, pero esta discusión no debería perturbar el pleno derecho al asilo.
 
¿Piensa que hay un límite en la cantidad de refugiados que puede absorber una sociedad?

Propongo pensar la pregunta al revés: ¿el número de refugiados que el planeta Tierra puede producir en el siglo XXI es limitado? Creo que todos los países comprometidos con garantizar los derechos humanos deberían absorber a todos los refugiados que el mundo produzca. ¿Quién querría que su hijo muriese por haberse alcanzado el límite de lo que un país “puede” absorber? Ante un problema global debe haber soluciones globales, soluciones planificadas para reducir los daños y los riesgos para las personas.
 
¿Reciben los refugiados en su país un tratamiento justo?

La Argentina tiene una larga tradición como país de inmigración y tiene una ley que apunta a garantizar los derechos humanos de todos los inmigrantes. No ha habido en los últimos años denuncias graves sobre el trato a refugiados. Y en la actualidad creo que la Argentina podría contribuir más a recibir refugiados en esta coyuntura crítica.
 
¿Aceptaría recortes en el sistema de seguridad social de su país para facilitar el ingreso de más refugiados?
Aceptaría un aumento de impuestos para el 10% más pudiente de la sociedad. El sistema de seguridad social es utilizado especialmente por los sectores de menores ingresos y creo que estas coyunturas críticas requieren la solidaridad de aquellos que tienen más ingresos.
 
¿Qué requisitos deberían cumplir los refugiados para lograr una integración satisfactoria? ¿Y los ciudadanos del país anfitrión?

Es conveniente tener programas integrales que consideren la integración lingüística, educativa, laboral, sanitaria. Dependiendo de las cantidades, pueden ser procesos de mayor complejidad. Pero lo más conveniente –tanto para ellos como para la sociedad de acogida– es que se faciliten mecanismos para la integración. La sociedad receptora debe estar bien informada y formada adecuadamente. En el caso argentino, el requisito es despertar la larga tradición de vínculos interculturales, reducir los prejuicios y facilitar la comunicación.
 
¿Conoce personalmente a algún refugiado?

Conozco a muchísimos argentinos que se asilaron en México o en España durante la dictadura militar argentina, así como algunos españoles que se asilaron en la Argentina. Hubo peruanos que vinieron a la Argentina en la época de Fujimori y otros casos similares. Sin embargo, como la región vive ya algunas décadas sin opresión política y sin guerras, es menos habitual que antes el asilo dentro de la región.
 
¿Apoya de forma activa a algún refugiado?

En la actualidad, no.
 
¿Cómo cree que va a evolucionar la situación de los refugiados en su país en los próximos dos años? ¿Y en las próximas dos décadas?

Específicamente en el caso de los refugiados sirios, la Argentina sólo había recibido unos pocos cientos de refugiados a inicios de 2016, y el gobierno prometió elevar a tres mil el número. Recordemos que las migraciones árabes y sirias hacia la Argentina tienen una extensa historia, y se han insertado exitosamente en todo el país. Teniendo en cuenta ese antecedente, quisiera que mi país ampliara bastante esa cifra. Especialmente –y aunque está lejos de tener muchos recursos– aprovechando que la demanda de refugio interna en Latinoamérica en más baja que en otras épocas.
 
¿Es capaz de imaginar un mundo sin refugiados? En caso afirmativo: ¿cómo se conseguiría algo así?

La utopía de un mundo sin desigualdades, sin guerras, sin dictaduras, siempre tiene que ser reimaginada y reinventada. Hoy parece imposible. Sin embargo, debe guiar nuestras acciones actuales para reducir al mínimo la violencia y la opresión política, así como mitigar las desigualdades entre oportunidades reales que tienen los niños, las mujeres y los hombres en nuestros mundos. El refugiado ha perdido la libertad de permanecer en su propio territorio. Sólo cuando todos los seres humanos tengan la libertad de permanecer en sus tierras sin riesgos provocados por seres humanos más poderosos, podremos realmente soñar con un mundo sin refugiados. De todos modos, incluso en ese caso habrá sequías o desastres naturales que requerirán solidaridad entre unas sociedades y otras. Y esa solidaridad a veces podrá resolverse enviando objetos (alimentos, medicamentos, etc.), pero otras veces requerirá hospitalidad. Todos tenemos antepasados que han disfrutado alguna vez de la hospitalidad: quizás hayan brindado hospitalidad, quizás hayan sufrido porque la necesitaron y no pudieron tenerla. Soñemos con un mundo donde ningún ser humano necesite refugiarse y donde todos podamos aprender que ser humano también es ser hospitalario.
 
Usted o su familia, ¿han sido refugiados en alguna ocasión?

Cuando era muy pequeño muchos amigos de mis padres tuvieron que exiliarse de la dictadura que comenzó en la Argentina en 1976. En mi generación, muchos pensamos que nuestros padres, los que no se exilaron, simplemente se equivocaron porque no tenían una idea exacta de la dimensión del riesgo que corrían. Así que mi familia no pidió asilo, pero retrospectivamente deberíamos haberlo hecho. Por otra parte, la abuela y la bisabuela de dos de mis hermanos eran judías que huyeron de Europa en un barco famoso que, después de ser rechazado por dos países, retornó a Europa. Todos los pasajeros, incluidas ellas dos, terminaron en campos de concentración. Cuando fueron liberadas no quisieron regresar a su país natal y vinieron a vivir a la Argentina, donde nació la madre de mis hermanos, y luego ellos.
 
¿Piensa que podría serlo en el futuro? En caso afirmativo: ¿por qué?, ¿cómo se prepararía llegado el caso?, ¿en qué país se refugiaría?

Nosotros siempre tenemos los pasaportes al día, porque la dictadura terminó cuando yo tenía quince años. Si bien hoy parece absurdo pensar en persecución política en América del Sur, no creo que deje nunca de tener el pasaporte al día. Crecí y viví con la certeza de que, si llegara a haber un golpe de Estado en mi país, me iría de aquí al día siguiente. Siempre he pensado así por la simple intolerancia visceral a vivir bajo una dictadura. Hoy, además, al vivir a través de mi libertad de opinión como antropólogo y como intelectual, no tendría ninguna otra posibilidad más que irme.
 
¿Cuánto “hogar” o cuánta “patria” necesita?*

Preciso vitalmente del hogar. No podría vivir plenamente sin él. Es la calidez, el amor, la confianza, el poder caminar en la oscuridad, saber a ciegas dónde están las cosas. Es la certidumbre. Sin hogar se pierden todas las certezas. Y alguna certeza es necesaria como el agua. No sólo debería haber derecho a la vivienda, sino también derecho al hogar, como derecho a la identidad con un lugar que deviene propio.
 
*Esta pregunta ha sido tomada del cuestionario de Max Frisch sobre “Heimat”.