Hungría Noémi Kiss

Noémi Kiss
Foto: Valuska Gábor

¿Qué significa para usted el término “refugiado”?

Puedo huir de muchas situaciones malas –supongo que nuestras vidas están llenas de momentos así, donde nos sentimos oprimidos (esto puede ser algo privado, incluso íntimo)–. Con frecuencia, es invisible: un momento, un sentimiento… insidioso. No puedo defenderme, por ejemplo, en un matrimonio violento. Y eso puede ocurrir en la guerra. Allí donde una pensaría que la presión es obvia. Pero no lo es. El sol sale y vuelve a ponerse. El día tiene un ritmo… y sin embargo ya nada es lo mismo, hay una guerra, voy a morir. En cualquier momento me puedo morir. Es obvio, es mucho más que eso, y es terrible, y sin embargo es difícil de creer. La gente huye de las guerras. Todas las guerras son brutales para el alma. Y todo matrimonio donde hay violencia, donde me siento bajo presión, es una guerra contra el alma. La huida por razones políticas obviamente está justificada. En una sociedad patriarcal, la guerra es doblemente mala para las mujeres.

¿Es menos legítimo huir de la pobreza que huir de la guerra o de la opresión política?

Sí. La pregunta genera una polarización. La guerra y la pobreza están muy relacionadas. También puede haber una guerra interior: la gente sufre en las dictaduras. Yo viví en la pobreza, y también mi familia; se puede sobrevivir con poco dinero. A una guerra real con armas, casi nunca se sobrevive. Existe la pobreza sin esperanza; y hay esperanza en la pobreza. Depende de cómo se perciba. La pobreza tiene muchas facetas, incluso religiosas, y no puede ser condenada; incluso puede ser una forma de humildad, de fe, de esperanza. Pero la guerra, para mí, sí debe ser condenada, tenga la forma que tenga. Es el último asalto de un mundo feudal y patriarcal. Siempre dirigido contra la gente.

¿Y qué opina de los que huyen a causa de problemas medioambientales?

Tiene una justificación pero no colabora con la solución del problema en sí. Pueblos enteros, padres de familia, hombres jóvenes están huyendo hacia el oeste, ¿y con qué resultado? ¿Qué será del Líbano, Eritrea, Burkina Faso, Albania, Croacia, Hungría, Polonia, cuando toda la fuerza de trabajo desaparezca? ¿Cuando los niños y los abuelos se queden solos? Parejas de recién casados que dejan a sus hijos para cuidar a extraños mientras su propia gente se queda en el pueblo. Hijos sin madre: así es hoy Europa del Este, así son Ucrania, Moldavia, Albania. Individualmente, este estado de cosas está justificado. Pero no hay ninguna política para el futuro en Europa y tampoco en el mundo. Salvo huir… ¿y después, qué? Aspectos oscuros del alma; para mí, abandonar un hogar debido al sufrimiento y la violencia es muy problemático.

¿Cuándo se deja de ser refugiado?

Cuando se llega. Es decir: nunca. Cuando el trauma ha sido grande, las generaciones siguientes –la segunda, la tercera– continuarán llevando la historia consigo. Los sajones de Transilvania, los rumanos, los refugiados de la antigua Yugoslavia… ¿son felices? Mejor no preguntarles. Mejor no preguntarles tampoco a los refugiados sirios; y todo eso está controlado políticamente, nadie presta atención a sus biografías.

¿Existe un derecho natural al asilo?

Por supuesto.

En caso afirmativo: ¿es un derecho incondicional o se puede perder?

No. Cada refugiado tiene su propia biografía. Pero no podemos examinarla. Y eso genera problemas.

¿Piensa que hay un límite en la cantidad de refugiados que puede absorber una sociedad?

A pesar de que suena bien, la pregunta no está correctamente planteada. ¿De verdad se puede? No. Está mal porque lo ilimitado no existe. En teoría uno puede implementar una política muy humana a partir de esto. Pero no se aceptará una cantidad ilimitada de refugiados. La realidad sobrescribe un eslogan como ése. Y con una pregunta tan mal planteada se elude hablar sobre los problemas reales y el destino de la gente.

En caso afirmativo: ¿dónde pondría ese límite y por qué?

No debería haber fronteras: pero ya las hay en Europa, donde acababan de desaparecer. Nuevas fronteras, ideas completamente nuevas sobre las fronteras. Limitar, excluir, definir: se construyen vallas, ya nada puede permanecer sin fronteras. Estigmatizaciones, xenofobia, el deseo de fronteras: esas son las nuevas ideas. Veinte años sin fronteras, pero ya se acabó. Para mí, las fronteras invisibles son incluso más importantes que las visibles. Y estoy completamente a favor de una Europa sin fronteras. Sólo puedo reunir argumentos a favor de eso. Pero ya nadie escucha: se terminó. Y es triste.

En su país, ¿hay refugiados con privilegios, por ejemplo algunos que sean mejor recibidos que otros? En caso afirmativo: ¿por qué?

Sí. Las minorías húngaras de Rumanía, Ucrania, Voivodina (Serbia). Los “refugiados económicos” como los rusos, los ucranianos, los chinos… como en todas partes en Europa.

¿Reciben los refugiados en su país un tratamiento justo?

No. En absoluto. El gobierno húngaro trata de presentar una imagen negativa de los refugiados. Xenófoba e inhumana. Durante un año o más, ha difundido en carteles la imagen de los refugiados como enemigos: hoy –siguiendo al Brexit— el gobierno incluso lleva adelante una campaña claramente hostil contra la Unión Europea. Y mientras tanto, también los húngaros se han transformado en “refugiados económicos” en todas partes de Europa. Empleados como enfermeras, maestros, médicos, obreros de la construcción, camareros, expertos en informática, mujeres de la limpieza, prostitutas. La mayor parte de las familias cría a sus hijos según las máximas: “vete de aquí”, “vete al extranjero”, “huye”. Cuando las cosas son así, no hay futuro en Europa.

¿Aceptaría recortes en el sistema de seguridad social de su país para facilitar el ingreso de más refugiados?

Estaría completamente a favor. Pero sé que eso es imposible aquí, en un país “pobre”. La implementación de una política de solidaridad humana es posible cuando se puede convencer a la gente. Pero no se puede. En Hungría el sufrimiento y la pobreza son muy grandes. Hoy el egoísmo capitalista es predominante aquí, y también el egoísmo político. Como país exsocialista, los esfuerzos por un estado de bienestar son muy pocos. La solidaridad sólo existe en la esfera privada. Hoy la política tan sólo dicta: se despreocupa del bienestar y se basa en el miedo - como la xenofobia, por ejemplo. Y además está el nuevo problema: el Islam y el terrorismo en Europa. Algo que conocemos muy poco aquí, en el este de Europa.

¿Qué requisitos deberían cumplir los refugiados para lograr una integración satisfactoria? ¿Y los ciudadanos del país anfitrión?

La ley, el Estado, los valores básicos. Por mi parte, pienso que la emancipación de las mujeres también es muy importante.

¿Conoce personalmente a algún refugiado?

Sí, por supuesto. Y es algo que me propongo hacer, es mi obligación como escritora. Hoy todos somos refugiados. Mi familia huyó a Trianón. Desde Máramaros (hoy Ucrania). Una parte de Europa muy afectada por el Holocausto. He escrito sobre las prostitutas húngaras en Suiza. Hoy las mujeres y los cuerpos de las mujeres migran desde el este hacia el oeste. Hablamos poco sobre este tema. Ellas también están huyendo: de la violencia, la pobreza, el miedo…

¿Apoya de forma activa a algún refugiado?

Por supuesto.

¿Cómo cree que va a evolucionar la situación de los refugiados en su país en los próximos dos años? ¿Y en las próximas dos décadas?

Cada vez llegarán más y más refugiados a Europa central. Desde los Balcanes, desde Albania, Macedonia, Serbia. Desde Ucrania, Armenia, el Cáucaso, Rusia. Estoy segura. Y también desde los países de Oriente Medio.

¿Es capaz de imaginar un mundo sin refugiados?

No podría y tampoco deseo hacerlo: siempre tiene que existir la posibilidad de escapar de una situación violenta. No ha existido nunca un mundo sin refugiados. Pero se puede y debemos aspirar a reducir la violencia y la pobreza.

Usted o su familia, ¿han sido refugiados en alguna ocasión?

Sí, mi familia proviene de Armenia. En el siglo XVIII llegaron a Transilvania. Y a Máramaros. Luego huyeron hacia Trianón, tras la Primera Guerra Mundial, después de la plaga.

¿Piensa que podría serlo en el futuro? En caso afirmativo: ¿por qué?

Sí, lamentablemente. No me es difícil imaginarlo. Lo pienso todos los días… por razones políticas.

¿Cuánto “hogar” o cuánta “patria” necesita?*

Sólo uno: una casa, niños, mis familiares cercanos, no importa dónde sea… pero si fuera posible, si pudiera elegir, bueno, entonces aquí en Budapest, o cerca del Danubio en Kisoroszi.

*Esta pregunta ha sido tomada del cuestionario de Max Frisch sobre “Heimat”.