Eslovaquia Zuzana Števulová

Zuzana Števulová
Foto: Zuzana Števulová

¿Qué significa para usted el término “refugiado”?

Para mí, un “refugiado” es siempre –en primer lugar– un ser humano como yo. Son personas que se ven forzadas a tolerar cosas insoportables, que tienen dignidad y merecen nuestro respeto. Hoy en día tengo la sensación de que a menudo lo olvidamos. Usamos definiciones legales, hablamos de derechos y deberes, empleando un lenguaje inhumano para referirnos a los refugiados con términos como “mareas”, “enjambres”, “tornados”, etc. Esto es muy peligroso, pues este tipo de terminología crea en la mente de la gente la impresión de que se trata de masas deshumanizadas. Y cuando dejamos de ver que detrás de la definición de “refugiado” hay personas, estamos predispuestos a aplicar políticas deshumanizadoras que jamás toleraríamos si nos las aplicaran a nosotros mismos o a nuestros seres queridos.

¿Es menos legítimo huir de la pobreza que huir de la guerra o de la opresión política?

Huir de la pobreza no ha sido declarado razón legítima para pedir asilo. Por otro lado, si profundizamos un poco en las raíces de la pobreza, en muchos países también es consecuencia del colonialismo, del agotamiento de los recursos nacionales por parte de empresas extranjeras, de la existencia de regímenes no democráticos, etc. En estos casos debemos hacer frente y responder a preguntas difíciles acerca de nuestra propia responsabilidad en dichas acciones y a las consecuencias que conllevan para la vida de otras personas. La responsabilidad puede tener varias formas: ayuda para el desarrollo, creación de oportunidades reales para que la gente pueda quedarse en su país de origen, respaldo a la democracia y a los derechos humanos, pero también facilitación de vías legales accesibles y flexibles de llegada segura y relativamente económica para aquellos que puedan encontrar trabajo y oportunidades en otros países.

¿Y qué opina de los que huyen a causa de problemas medioambientales?

Ofrecer asilo por razones ambientales es una de las mayores discusiones en curso entre académicos y profesionales. Cuando en 1951 se adoptó en Ginebra la Convención de los Refugiados, se trataba de una reacción a ciertas situaciones que estaban teniendo lugar en el mundo. Hoy, en 2016, somos testigos de que el cambio climático causado por el hombre ha transformado partes del mundo de tal modo que se han vuelto o se volverán inhabitables, forzando a las personas a migrar hacia otras tierras y otros países. Por eso debemos cambiar nuestro modo de pensar sobre la migración y sobre las fronteras, ampliando el espectro de razones legítimas para dar asilo o para una protección equivalente, respondiendo así a situaciones nuevas como el cambio climático.

¿Cuándo se deja de ser refugiado?

El cese del estatus de refugiado tiene dos grandes niveles: el legal y el social. Dicho en términos técnicos, uno deja de ser refugiado cuando dejan de existir las razones de persecución o de miedo bien fundamentado, o cuando uno se ha convertido en ciudadano del país anfitrión. De todos modos, el cese real ocurre en la mente de las personas, cuando dejan de sentirse refugiados y empiezan a sentirse incluidos, y cuando los otros empiezan a aceptarlos como personas, como conciudadanos, como parte de la comunidad y de la sociedad. Ahí es cuando se deja de ser un refugiado.

¿Existe un derecho natural al asilo?

Sí. Al reconocer y respetar la universalidad de los derechos humanos, también reconocemos y respetamos el derecho a recibir protección de las personas perseguidas cuyos derechos están siendo amenazados o violados. Y reconocemos también la obligación de brindar protección por estas mismas razones. Dar asilo es parte de nuestra cultura y de nuestros valores. Y es una forma de poner a prueba si realmente nos tomamos la cultura de los derechos humanos en serio y de manera honesta.

En caso afirmativo: ¿es un derecho incondicional o se puede perder?

Según el derecho internacional, los Estados tienen la obligación de proporcionar asilo a los refugiados. Si hay un refugiado en su territorio, están obligados a reconocerlo como refugiado y a otorgarle los derechos consagrados en la Convención de Ginebra de 1951. Esto es importante, ya que los refugiados no gozan de la protección de sus propios Estados. Si la comunidad internacional no tuviera ninguna obligación hacia estas personas, no tendrían a quién recurrir. Pero también existen razones específicas para no conceder asilo. Estas razones están estipuladas de manera clara y exhaustiva en la Convención de Ginebra de 1951, e incluyen a las personas que han cometido crímenes graves como genocidios, crímenes contra la humanidad y otros delitos igualmente graves contra los derechos humanos. Darles asilo y protección a esas personas debilitaría la noción misma de asilo, que es salvaguardar a aquellos cuyos derechos humanos han sido violados.

¿Piensa que hay un límite en la cantidad de refugiados que puede absorber una sociedad?

No. Creo que cuando se suministra protección de buena fe, con honestidad y dignidad, y si la buena fe y la honestidad también prevalecen del lado de la gente que recibe esa protección, no hay límites para la cantidad de personas a las que podemos proteger. También existe, no obstante, la responsabilidad global de la comunidad internacional de los Estados. A ningún Estado y sus ciudadanos se les debe exigir que afronten en soledad los costes de ofrecer protección a grandes contingentes de refugiados. Eso no sería justo. Los países deben actuar con verdadero espíritu de cooperación y deben ayudarse los unos a los otros y a la gente que se ve forzada a huir. De ahí que la obligación de proveer asilo y protección debe ser compartida por los países mediante programas de reasentamiento y reubicación, a fin de aliviar la presión sobre un país y distribuir las responsabilidades.

En su país, ¿hay refugiados con privilegios, por ejemplo algunos que sean mejor recibidos que otros? En caso afirmativo: ¿por qué?

En la historia moderna, mi país (Eslovaquia) no ha recibido refugiados de manera amplia. El número de refugiados que hemos admitido en veinte años ronda los seiscientos, y un número equivalente ha obtenido protección complementaria. En general, mi país era más abierto en los años noventa, cuando recibimos refugiados de la antigua Yugoslavia y de Afganistán. Además, los refugiados cubanos solían recibir protección con mayor frecuencia y facilidad que los refugiados de otros países. Hoy en día la acogida de refugiados está fuertemente amenazada por la creciente islamofobia, y los políticos han declarado en numerosas ocasiones que Eslovaquia dará la bienvenida sólo a refugiados católicos. Esto es muy peligroso, ya que seleccionar refugiados según su credo es pura y simple discriminación, por lo que corremos el riesgo de que las personas que más lo necesitan permanezcan en una situación de riesgo, peligro y maltrato, sin que haya nadie que les dé protección.

¿Reciben los refugiados en su país un tratamiento justo?

Durante el año pasado, los refugiados fueron condenados al ostracismo hasta tal punto que ellos mismos se negaron a ser etiquetados con el término “refugiado”. En ese sentido, si uno cuenta que es refugiado en nuestra sociedad o tiene aspecto de extranjero, es probable que tenga que enfrentarse a sospechas, discriminación y exclusión. De modo que, si bien la ley garantiza un trato justo –y en muchos aspectos también lo dispensa–, en la práctica se han levantado barreras altas e invisibles en los últimos dos años.

¿Aceptaría recortes en el sistema de seguridad social de su país para facilitar el ingreso de más refugiados?

No, porque provocaría profundas tensiones en la sociedad y haría que la mayor parte de la gente no aceptara a los refugiados. Creo que con una buena administración y un buen gobierno, usando los recursos públicos de manera adecuada y atrayendo a donantes privados, nuestros países tendrán suficientes recursos para cubrir apropiadamente las necesidades de los refugiados.

¿Qué requisitos deberían cumplir los refugiados para lograr una integración satisfactoria? ¿Y los ciudadanos del país anfitrión?

En primer lugar, el término “integración satisfactoria” es muy vago y engañoso. ¿Qué es lo que consideramos una integración satisfactoria? ¿Es conocer y respetar las leyes vigentes, o cambiar la propia cultura por completo, aceptando plenamente las costumbres culturales, sociales y religiosas del país anfitrión? ¿O algo intermedio? ¿Qué significa exactamente integración satisfactoria? ¿Esperamos de cada refugiado que se convierta en un empresario rico y un modelo ejemplar de contribución positiva al progreso de la sociedad? Para mí, este tipo de expectativas sonaría demasiado insensata y engañosa. La mayoría de las personas sólo quiere establecerse y vivir su vida normal en paz, sin discriminación ni exclusión. Quiere tener trabajo, mandar a sus hijos a la escuela, tener acceso a los servicios públicos. Algunos quieren regresar y ayudar a desarrollar sus países una vez que acabe la guerra, otros encuentran un nuevo hogar en el país anfitrión. La integración es un proceso muy individual y difícil de generalizar. A fin de tener éxito como sociedad, creo que debemos desarrollar expectativas realistas y legítimas, reglas y objetivos sobre el mutuo entendimiento de lo que es una “integración satisfactoria” que sirvan como base para un amplio acuerdo social. Y también los refugiados deben ser parte de ese acuerdo. Deben saber lo que se espera de ellos, y las reglas deben ser claras, accesibles y realizables. Y la sociedad anfitriona también debe aceptar estas reglas y expectativas, haciendo espacio para los que llegan sin crear más barreras invisibles. Una vez que se alcance dicho acuerdo y las mayorías de ambos lados lo mantengan, podremos lograr algo parecido a una comunidad.

¿Conoce personalmente a algún refugiado?

Sí, a muchos.

¿Apoya de forma activa a algún refugiado?

Sí.

¿Cómo cree que va a evolucionar la situación de los refugiados en su país en los próximos dos años?

Creo que en algún momento mi país tendrá que aprender a recibir refugiados y a otorgarles un hogar nuevo y seguro. Debemos ser parte de una responsabilidad global; somos un país rico ahora y debemos ayudar a los países más pobres y a la gente que huye de la guerra y de la persecución. Antes éramos nosotros los que recibíamos esa ayuda, ahora nos toca el turno de darla. Así funciona el mundo.

¿Y en las próximas dos décadas?

Espero que en veinte años Eslovaquia no viva otra vez una situación en la que sus ciudadanos vuelvan a ser refugiados. Espero que seamos un país que dé protección a los refugiados.

¿Es capaz de imaginar un mundo sin refugiados?

Sí, puedo, pero no creo que llegue a vivirlo.

En caso afirmativo: ¿cómo se conseguiría algo así?

Se necesitará la voluntad real de todos los líderes políticos para actuar según el verdadero espíritu de la cooperación internacional, con el reconocimiento incondicional de la universalidad de los derechos humanos y el reconocimiento incondicional de la responsabilidad por los crímenes graves.

Usted o su familia, ¿han sido refugiados en alguna ocasión?

Sí, mi pareja y su familia tuvieron que huir desde Afganistán hacia Europa hace casi veinte años.

¿Piensa que podría serlo en el futuro? En caso afirmativo: ¿por qué?, ¿cómo se prepararía llegado el caso?, ¿en qué país se refugiaría?

Espero no ser jamás una refugiada, pero nunca se sabe cómo van a desarrollarse los acontecimientos. Me temo que la fuerte retórica política y el creciente populismo nacionalista que pueden observarse en muchos países, tanto de Occidente como de Oriente, en algún momento acaben generando una guerra abierta si no les ponemos freno a tiempo. En tal caso, emigraría y buscaría refugio en Canadá o Latinoamérica.

¿Cuánto “hogar” o cuánta “patria” necesita?*

Por ser una profesional expuesta a situaciones que implican a refugiados, con los años he descubierto cuánto significa para una persona tener una patria y perderla. De pronto resulta imposible regresar a los lugares de la niñez, como la casa de los padres y de los abuelos, o la escuela; se vuelve imposible encontrarse con viejos amigos, porque muchos de ellos han muerto, o mirar viejos videos o repasar fotos familiares. Todas estas cosas están conectadas con la “patria”, y la existencia de todas esas personas y cosas es muy importante para la psique del individuo y para su sensación de seguridad. Perder la sensación de la patria es un trauma que puede ser muy difícil de superar. Y en cierto sentido es algo que me asusta, puesto que yo crecí en un mundo seguro; tengo un hogar, familia y amigos a mi alrededor, y puedo muy bien imaginarme y entender lo trágico y difícil que es perder todo eso. Ninguna persona debería quedar expuesta a esas sensaciones y verse privada de su patria por la fuerza y la violencia.

*Esta pregunta ha sido tomada del cuestionario de Max Frisch sobre “Heimat”.