Feminismo y arte multimedia
De la vida real al ciberespacio

Eva Grubinger | Netbikini, 1995
Eva Grubinger | Netzbikini, 1995 | Foto: Jens Ziehe © VG Bild-Kunst 2004

El arte multimedia, en cuanto nuevo género, pareció que permitiría a las mujeres artistas romper con los roles de género predeterminados de la industria del arte. Sin embargo, no tardaron en comprobar que una reorientación del arte no tiene por qué renovar las estructuras sociales de modo automático. En Internet, las mujeres artistas también brillan por su ausencia; es raro que se las invite y se exhiben menos sus trabajos.
 

De Valie Djordjevic

Muchos de los últimos trabajos del arte multimedia feminista se remiten directa o indirectamente al videoarte tradicional y al arte performático de los años sesenta y setenta. Otros se valen justamente de sus procedimientos y estructuras para cuestionar la asignación de género. También hay muchas obras que tratan de desarrollar la discusión, en tanto que abordan la corporalidad y la descorporización como tema en el mundo digital.

Del ver al sentir

La artista austríaca Valie Export es una de las madres del arte multimedia feminista. En su trabajo Tapp- und Tastkino (Cine para tantear y palpar), de 1968, Export desplaza la atención del ver al sentir. Para Tapp- und Tastkino la artista se ató delante del pecho una caja e invitó a los peatones de Múnich a meter las manos y palpar sus senos. Como en el cine, el cuerpo femenino sirve como espacio de proyección de las fantasías masculinas, hecho que Valie Export comenta de forma irónica con su performance.

El cortometraje Rotron de Rotraut Papes retoma en 1982 la crítica de las representaciones masculinas en los discursos digitales con la misma ironía. En Tron (1982), película estadounidense sobre la realidad virtual, un hombre inmerso en un sistema informático lucha contra los programas. Esto inspiró a Pape para hacer su corto Rotron, en el que ella misma, con herramientas muy simples (una cama, una garrafa de helio y un teléfono) parodia las narraciones heroicas sobre hackers y expertos informáticos.
 

Con voz chillona, Papes simula un programa informático para hackear el Pentágono: “Ahí se encuentra el mundo de las tres dimensiones. El mundo en el que las leyes de la física tienen validez. Ese mundo es un microcosmos electrónico que respira y vive justo al lado de nosotros”.

Contra la descorporización

Eva Grubinger | Netbikini, 1995
Eva Grubinger | Netzbikini, 1995 | Foto: Jens Ziehe © VG Bild-Kunst 2004
Netzbikini (Bikini en red) de Eva Grubinger (1995) trata del potencial participativo de internet. En una página web, Grubinger cuelga patrones e instrucciones y anima a los usuarios y las usuarias a coser un bikini. Quien envíe a la artista una foto de su obra, recibe una etiqueta que puede añadir al bikini y lo acredita como un Grubinger auténtico. De este modo, Grubinger no solo opone al discurso de la descorporización digital el trabajo físico de la costura y del vestir, sino que además convierte al artista en marca.

El año 1997 fue un importante punto de inflexión para el arte que surge y se basa en internet. Por primera vez se exhibieron diez trabajos de la red en Documenta 10, es decir, dentro del circuito artístico establecido. La presencia de mujeres artistas fue realmente escasa. Las únicas participantes mujeres, Eva Wohlgemuth y Joan Heemskerk, expusieron con sus respectivos compañeros artísticos en vez de en forma individual.
 
Eva Grubinger | Netzbikini (Bikini en red), 1995 |
Eva Grubinger | Netzbikini (Bikini en red), 1995 | | Foto: Jens Ziehe © VG Bild-Kunst 2004
Documenta 10 fue también el lugar de la “Primera Internacional Ciberfeminista”, organizada por el grupo Old Boys Network. Alrededor de cuarenta mujeres –artistas, activistas y hackers y teóricas– de Europa oriental, Europa occidental, Australia y los Estados Unidos, se reunieron para debatir cómo los nuevos medios transforman las construcciones de género. Las participantes tematizaron también la escasa representación de las mujeres en el mundo del arte. Para muchas mujeres significó una posibilidad de autoafirmación: ¡Estamos aquí y tenemos algo para decir!

Mejor ser un cyborg que una diosa

Entre las pioneras del ciberfeminismo se contaba principalmente el grupo de artistas australianas VNS Matrix. Ya a inicios de los noventa el colectivo utilizaba metáforas digitales y virtuales para introducir un factor perturbador en la lisa superficie tecnológica del mundo digital. “We are the future cunt” (“Somos el coño del futuro”), afirmaban, y también: “The clitoris is a direct line to the matrix” (“El clítoris es una línea directa a la matriz”). La intención era celebrar la corporalidad en un medio que se había construido como acorporal. El grupo VNS se inspiraba en la teórica Donna Haraway, que prefería ser un cyborg a una diosa y que abogaba por una ampliación de lo humano, en la que se disolvieran las diferencias de género binarias.

Cornelia Sollfrank | Captura del sitio web documental Female Extension (1997): http://artwarez.org/femext/
Cornelia Sollfrank | Captura del sitio web documental Female Extension (1997): | © Cortesía de Cornelia Sollfrank
En 1997, el trabajo de la alemana Cornelia Sollfrank Female Extension puso en evidencia de modo original la invisibilidad de las mujeres en el arte de la red. Sollfrank, que fue iniciadora de Old Boys Network, aprovechó un concurso de la Hamburger Kunsthalle para crear doscientas ochenta y ocho artistas mujeres virtuales (con sus nombres, correos electrónicos y sus obras generadas de modo automatizado) y presentar sus trabajos. La Kunsthalle quedó muy satisfecha con la alta participación femenina. Los premios, sin embargo, se otorgaron a varones. Con su hackeo, Sollfrank mostró la homogeneidad de la escena de arte digital, una situación que hasta hoy sólo se ha ido modificando de forma gradual.

Labora Cuboniks Xenofeminismo | Captura de pantalla (01.06.2017) |
Labora Cuboniks Xenofeminismo | Captura de pantalla (01.06.2017) | | © Laboria Cuboniks Xenofenismo
El colectivo Laboria Cuboniks podría considerarse como heredera de las ciberfeministas. El grupo, integrado por artistas femeninas de cinco países, publicó a mediados de 2015 el Manifiesto xenofeminista, donde las artistas se pronuncian –en perfecta concordancia con Donna Haraway– a favor de una nueva valoración del concepto de alienación: “Todas estamos alienadas”. En su radical construcción de cuerpos y pensamiento, eso significa una posibilidad de libertad.

Uno de los aspectos más significativos en el trabajo de las artistas virtuales ha sido la pregunta sobre la significación política del género. Desde finales de los años ochenta, las artistas han venido dando diferentes respuestas. Mientras tanto, los cambios en las estructuras sociales han sido bastante escasos.

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