Retos para una España rural sostenible
¿Existe un futuro para el campo en España?

Vistas sobre el Valle de Monachil desde la casa del escritor Rafael Navarro.
Vistas sobre el Valle de Monachil desde la casa del escritor Rafael Navarro. | © Antonio Criado

Rafael Navarro autor de la novela “La tierra desnuda” (2019, Ed. Alfaguara) llega a la conclusión de que rescatar los valores de la agricultura y la ganadería tradicional es el único camino para que la España rural pueda seguir adelante.

De Rosa Marqués

Rafael Navarro llegó al Valle de Monachil, Granada, en 2001. Construyó una casa de madera y convirtió el valle en el escenario de su novela, en la que relata la vida de los últimos agricultores y ganaderos tradicionales del Valle de Monachil, una obra que se ha convertido en un espejo para todas las comunidades rurales de España. Durante la promoción del libro recorrió pueblos de la España deshabitada, con problemáticas similares al Valle de Monachil, de norte a sur. Lo entrevistamos para que nos contara cuáles son los retos para lograr una España rural sostenible.

¿Existe un futuro para el campo y la España despoblada?

“¿Cómo es posible que un modo de vida rural, el de la España despoblada, que ha durado 10.000 años nos lo hayamos cargado en los 100 últimos años?”, reflexiona el autor. “Ahora resulta que no sabemos qué hacer con el campo. Está abandonado. La gente no puede vivir de él y se marcha de los pueblos”. Es el germen de la España vacía de la que todos hablan.

1. La España rural no solo es una postal
Para el autor, en todos los análisis siempre falta la óptica del campo, de lo rural. “Desde la ciudad se preocupan por llevar internet, por que haya colegios cerca, centros de salud y actividades culturales… Pero el campo es el campo, no se soluciona con más polígonos industriales vacíos ni más turismo rural. Tampoco la solución es que la gente vaya al campo a teletrabajar. El campo seguirá abandonado”. Para Navarro el problema de fondo es “la imposibilidad de vivir de la agricultura y la ganadería, el posterior abandono y, de ahí, la obligación de tener que emigrar a la ciudad”.

2. Un trabajo digno para los agricultores y ganaderos tradicionales
“Siempre se habla de precios justos”, comenta Navarro, pero “hay un debate más de fondo, que va más allá de la simple economía: exigir unas condiciones de trabajo dignas, razonables para el siglo XXI, que les permitan a estos pequeños agricultores y ganaderos tradicionales no tener que trabajar 12 horas de lunes a domingo”.

3. Un precio justo para los alimentos que proceden de la España rural
Según el autor, al campo se le presiona desde la ciudad. Se bajan los precios a sus productos, se traen otros más baratos de otras partes del mundo… “Para subsistir, para producir más y más barato, el agricultor o el ganadero tiene que hacerlo mal: usar pesticidas, químicos, contaminar, maltratar a sus animales… Los pequeños agricultores y ganaderos no quieren hacer eso. Pero es la única opción que les queda”.
 

¿Soluciones para asegurar el futuro del campo y de los pueblos?

La única respuesta efectiva, según el escritor, vendrá finalmente de la mano de los consumidores conscientes, de los ciudadanos y de su poder de voto. Solo por cuestiones de rentabilidad electoral estas exigencias se convertirán en una realidad.

1. Valorar los alimentos que consumimos y el papel crucial del mundo rural
“Si el campo se muere la ciudad no come. Habrá problemas de abastecimiento. Pero también el campo es naturaleza. Es crucial en la lucha contra el cambio climático. Hay que acabar con la agricultura industrial que está provocando una contaminación brutal y conservar el campo, el sumidero de CO2 de España”. Para Navarro, los únicos guardianes del campo, de la España rural, siempre han sido los agricultores y ganaderos tradicionales. Esta es otra de sus funciones importantes infravaloradas.

2. Rescatar los valores del campesino tradicional
“El mundo que vino después de la agricultura y ganadería tradicionales fue la agricultura y la ganadería industrial. Y ya no funciona este mecanismo mercantil. El campo tampoco es rentable con este sistema”. Para él la única esperanza son los movimientos por la agroecología que recuperan los valores de la agricultura y la ganadería tradicional: producir menos, de forma más sostenible, recuperar el espíritu cooperativo, el sentido del amor por la tierra que te une a un territorio, y que permite que la gente se pueda quedar a vivir en sus pueblos. Los llamados grupos de consumo, que tienen cada vez más fuerza en las ciudades, han encontrado vías alternativas para cuidar al agricultor y al ganadero tradicional: saltarse a los intermediarios. Van directamente al campo a comprar sus alimentos, asegurándose que existe un respeto por la naturaleza y por el trabajo de las personas.

En resumidas cuentas, según el autor –que se muestra poco optimista en cuanto al futuro de la España rural– el campo y la ciudad terminarán entendiéndose cuando la situación sea verdaderamente alarmante, cuando como él dice “nos achicharremos todos de calor”. Sobre todo, porque de momento “la ciudad es la que manda y las relaciones no son igualitarias. Y esto lo hace aún más difícil encontrar una solución”.

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