Cambio climático
Vidas de activistas

Retratos de izquierda a derecha: Nabelle, Sendo Elota, Juliette Rousseau, Marie-Alexandra Perron
Retratos de izquierda a derecha: Nabelle, Sendo Elota, Juliette Rousseau, Marie-Alexandra Perron | Fotomontaje: Victoria Berni

Para frenar el calentamiento del planeta, hay activistas que dedican su tiempo a la lucha por el clima y al movimiento alternativo. ¿Qué consecuencias tiene esto para su vida?

De Victoria Berni

Francia está inmersa en una disputa ideológica acerca de la protección del medio ambiente. En una parte se encuentra la ecología liberal, que propugna su “green washing” y forma parte de un modelo económico destructivo; en la otra, la ecología radical, que pretende revolucionar todo nuestro modo de vivir. Busca hacerse escuchar mediante acciones de desobediencia civil, manifestaciones, peticiones a autoridades y procedimientos judiciales.
Tras este compromiso se encuentran personas, algunas de las cuales dedican todo su tiempo a la lucha por el clima y al movimiento alternativo. Su implicación personal transforma sus relaciones, sus sueños, su camino en la vida. ¿Qué cambio de rumbo han experimentado en sus vidas las y los activistas? Y ¿cómo logran aguantar el maratón del compromiso?

Cuatro activistas hablan sobre su trayectoria en el campo combativo.

  • Retrato de Nabelle Montaje fotográfico: Victoria Berni
    Nabelle (25 años)

    Nabelle trabajó durante tres años de voluntaria en obras en las que todas las personas participantes aprenden mutuamente y no se rechaza a nadie. Esta experiencia le “dio confianza en la colectividad”. Ya no cree en “el esfuerzo por el éxito personal”, sino que se concentra “en la lucha y en la victoria de la comunidad”. Afirma ser “feliz con humildad y agradecimiento”. Son en su opinión valores irrenunciables para “luchar contra la deshumanización de nuestras sociedades actuales”.
  • Retrato de Sendo Elota Montaje fotográfico: Victoria Berni
    Sendo Elota (23 años)

    De adolescente, Sendo encontró inspiración en su hermana mayor, que fundó en Congo-Brazzaville una asociación para seguir educando a la población local en los temas del medio ambiente y la sociedad. Ya durante sus últimos cursos de bachillerato organizó en la periferia de París reuniones de tema ecológico. Como es contrario a las enseñanzas capitalistas de la escuela de comercio en que estudia, su objetivo es estimular en las zonas periféricas un ecologismo descolonizador accesible a todas las personas. Sendo rechaza “oportunidades” de trabajo sin dudarlo, y en vez de eso se ocupa de proyectos que consiguen algo, lo cual hace “aunque algunos amigos no lo entienden y trae consigo riesgos económicos.”
  • Retrato de Juliette Rousseau Montaje fotográfico: Victoria Berni
    Juliette Rousseau (34 años)

    Juliette Rousseau, de 34 años, explica que “ renunció al ascenso social, pese a haber tenido oportunidades de llegar más lejos” que sus padres, que trabajan de cuidadores: “Supe que no iba a encontrar satisfacción ni ningún sentido trabajando en lo que había estudiado en la universidad. En 2016 renuncié a hacer carrera profesional, a una tener una familia heteronormativa y a la ciudad, y me fui a vivir en un campamento-protesta de la ZAD de Notre-Dame-des-Landes”.
  • Retrato de Marie-Alexandra Perron Montaje fotográfico: Victoria Berni
    Marie-Alexandra Perron (29 años)

    Marie-Alexandra empezó con un ecologismo en pequeña escala, orientado por el denominado Movimiento Colibrí. Pero ese ecologismo personal ha dejado de bastarle: “Me sentía abrumada por el sistema orientado a la competitividad y explotador aplicado en mi escuela de arquitectura y en el mercado laboral. Hoy tengo claro que el cambio climático es consecuencia de la hegemonía de occidente y el capitalismo. Ya no quiero seguir participando ahí. Todo lo que soy y hago se orienta ahora a un ecologismo radical.”
 

El pesar: una sanación personal y colectiva

 “Me siento triste todos los días al ver este paisaje destruido”, dice Juliette, que hoy ha vuelto a vivir donde se crió. “Me acuerdo de la diversidad biológica que llegué a conocer de niña y que ha dejado de existir. ¿Qué otra cosa puedo transmitir a mi propia hija si no es la voluntad férrea de defender este paraje?”
Para Juliette, sin embargo, su activismo no solo significa tristeza y renuncia, sino que también le ha servido para desarrollar empatía: “Luchar significaba abrir mi corazón. El compromiso es la alegría de ir más allá de lo que se nos ha ordenado. Abrirse al sufrimiento ajeno y aceptar que su dolor sea también el mío. Vivir con otras personas historias de agresiones sexuales o de amenazas de deportación. La ira está ahí todo el día. La pregunta es: ¿dónde la pongo para que no me arrastre?”
Nabelle cuenta de la cultura de la sanación en Extinction Rebellion: “Intentamos llevar conjuntamente las cargas, hablamos de nuestros sentimientos y miedos antes o después de una acción”. Sendo, al contrario, practica el activismo. Escribe, hace “slam”, baila y habla sobre ecologismo y temas sociales: “El arte no reduce la violencia de la realidad, pero le da otra apariencia. Para mí es importante no dejar que la injusticia me abrume. Antes, me rebelaba lleno de tristeza, y eso me costaba mucha energía. Pero decidí que no quería ya una reacción, sino acción, llevar a cabo algo que fuese realizable a largo plazo”.

La colectividad: una nueva base de la relación interpersonal

Marie-Alexandra explica que ha encontrado un nuevo círculo de amistades: “Mi entorno más próximo está compuesto casi solamente por activistas que se plantean las mismas preguntas. Mucha de nuestra gente se ve a sí misma al margen de la sociedad”.
Juliette ha encontrado una nueva familia en el mundo activista: “Vivo en una comuna con gente de distintas culturas, y conjuntamente intentamos volver a dar espacio en nuestra vida a la espiritualidad. Hemos celebrado una Janucá revolucionaria, festividades celtas y el solsticio de invierno. Eso echa por tierra mi herencia cultural. Mis visitas a sitios queer han cambiado mi forma de ver la familia. Nos hemos decidido por educar a mi hija en común con otras personas adultas”.
Surge una pregunta: cómo influye la pandemia en estas relaciones y en el maratón que están corriendo tantas y tantos activistas. Desde Bélgica, Lola tendrá algo que decirnos al respecto en la próxima entrada.

Top