Entrevista con Christoph Hochhäusler Contar cosas del presente

Christoph Hochhäusler
Christoph Hochhäusler | Foto: Holger Albrich

Christoph Hochhäusler trata en sus películas el tema de las estructuras de poder existentes en los sectores financiero y de los medios de comunicación. En esta entrevista habla sobre su interés por el tema, el atractivo del cine de género y la fascinación por los espacios urbanos.

Señor Hochhäusler, en 2015 estrenó la película "Las mentiras de los vencedores" ("Die Lügen der Sieger"), que la crítica alemana suele calificar de cine de género. ¿Está usted de acuerdo con ello? Y ¿cuál es para usted la situación del cine alemán de género?

Si algo me interesa en el género, es la colaboración del espectador. El espectador aquí tiene, llamémoslo así, conocimientos especiales, unas expectativas con las que podemos jugar y que, por supuesto, podemos romper. Suele calificarse Las mentiras de los vencedores de thriller político, un género de límites muy flexibles y sin ninguna tradición en el cine alemán. En esa medida, no me sentí obligado a corresponder a expectativas determinadas; disfruté de mucha libertad al respecto.

Todo esto que se habla acerca del cine de género en Alemania me resulta un poco agotador, pues la queja es siempre que no hay cine de género. Creo que es un planteamiento equivocado. Me encantan las buenas películas de género, pero antes que nada me encantan las buenas películas. Que se trate o no de películas de género, eso me es indiferente.

"¿Somos autores de nuestra propia vida?"

El guión de "Las mentiras de los vencedores" lo hizo usted en colaboración con el escritor alemán Ulrich Peltzer. También escribieron juntos el guión para su película de 2010 "Bajo la ciudad" ("Unter dir die Stadt"). ¿Que los llevó a colaborar?

Somos amigos y queríamos volver a hacer algo juntos. Y también estábamos de acuerdo en que sería estupendo contar algo sobre un periodista. Porque el periodista, no puede negarse, es un personaje cinematográfico ya entrado en años, mientras que al mismo tiempo el periodismo va cambiando a un ritmo muy acelerado. Pensamos que se podía sacar algo interesante acerca de cómo se forma hoy la opinión pública y qué papel desempeñan en ello los medios de comunicación. Tengo alguna experiencia en redacciones, estuve en la de Spiegel, también en la de Berliner Zeitung, y por otro lado participo en la revista de cine Revolver, así que tenía ya distintos puntos de contacto con el periodismo. Nos reunimos con periodistas y los entrevistamos, también con lobbistas y expertos en RR. PP., y es un material con el que a continuación puede hacerse una película.

En ambas películas trata usted el tema de unas estructuras de poder en apariencia impenetrables a las que están expuestos los individuos. ¿Qué interés personal lo vincula a usted con este tema?

No hay duda de que la manipulación es algo que me interesa. En último término, el asunto remite a la cuestión de qué es lo que mantiene la cohesión de una sociedad, dicho en términos aún más generales: ¿somos autores de nuestra propia vida, en qué medida escribimos nuestro destino o lo están escribiendo otros, dónde se produce el choque, qué ilusiones es imprescindible que nos hagamos? Son cuestiones que me interesan mucho. El protagonista de Las mentiras de los vencedores es un periodista que se cree más listo que los demás, que se sobreestima. Es algo que he visto a menudo precisamente en el periodismo de actualidad: gente que piensa que va por delante de los demás, pero luego comprueban que no son más que una rueda en el engranaje.

La ciudad, un andamiaje en el que se desarrolla nuestra vida

"Bajo la ciudad" está ambientada en Fráncfort y "Las mentiras de los vencedores" en Berlín. ¿Planea usted sus películas pensando en una ciudad determinada?

En Las mentiras de los vencedores, Berlín era una opción natural porque allí está establecida todo el "sector de las influencias", el poder político, todos los medios de comunicación importantes tienen corresponsalías en Berlín. Creo que es una ciudad sobre la que falta aún bastante metraje. Hay, por supuesto, innumerables películas ambientadas en Berlín, pero pocas en las que yo reconozca también a la ciudad. Aunque luego me resultó más difícil de lo esperado hacer que la ciudad apareciese también en escena en la película. La hilazón narrativa es muy absorbente, y no tan permeable como yo en realidad me lo había propuesto.

¿Resultó más fácil la tarea en "Bajo la ciudad"? Por el motivo de que Fráncfort tiene una imagen muy específica con sus torres de oficinas y fachadas de cristal?

Fráncfort lo considero un caso particular. Aunque en el fondo es una pequeña de ciudad, desde fuera se ve igual que muchas grandes metrópolis. Es una ciudad que tiene también su verdadera alma, pero por fuera está cubierta con el sueño de ser una ciudad global. Por eso tiene tanto de no-lugar, me parece interesantísimo.

La cámara no tiene otro remedio que orientarse a objetos físicos. Cierto es que podemos rodar también a gente viva, pero primordialmente rodamos sus objetos, sus viviendas, su ropa, y en todo ello el espectador tiene que leer qué es lo que está pasando. En ese contexto, la ciudad es un organismo fantástico, una especie de andamiaje en que se desarrolla la vida. Es algo que me fascina enormemente. Me gustaría hacer muchas más películas sobre ciudades.

Dejarse guiar por la pasión

Usted estudió en la Escuela Superior de Cine y Televisión de Múnich, y junto con compañeros de estudios fundó la revista de cine "Revolver". ¿Qué papel desempeñó "Revolver" en la formación del término "Escuela de Berlín", empleado para denominar una orientación estilística del cine alemán a partir de la década de 1990?

Como suelo decir, fundamos Revolver en defensa propia... En defensa propia ante el asombroso yermo que llegaba a ser, precisamente, la universidad. La experiencia de poder dejarse guiar sin más por la propia pasión, de poder decir: ahora nos vamos de viaje para ver a Lars von Trier y entrevistarlo, fue para mí algo estupendo que me ha marcado profundamente.

El término "Escuela de Berlín", sin embargo, no lo inventamos nosotros, fue cosa de periodistas. Y nosotros no somos periodistas, sino cineastas. Sí es correcto que en la revista y en torno a ella se formaron pronto amistades guiadas por intereses comunes que en parte eran idénticos a lo que luego se llamaría Escuela de Berlín, es decir, un interés por el cine de Angela Schanelec, Christian Petzold, Thomas Arslan, Valeska Grisebach o Ulrich Köhler. Al mismo tiempo, me parece injusto decir que somos el órgano oficial de la Escuela de Berlín. Y es injusto porque siempre hemos sido muy receptivos, Revolver ha mantenido siempre posiciones diversas. Es mucho más polifónica de como se ve desde fuera.

¿Cuál es el siguiente proyecto en que trabajará?

Aquí volvemos a hablar del cine de género, porque estoy escribiendo con Ulrich Peltzer una película de gánsters. Quizá esta va a ser de verdad una película que podría denominarse cine de género, ya que el género de gánsters tiene de hecho límites un poco más estrechos. Pero también en este caso mi objetivo no es tanto cumplir los criterios del género como utilizar las posibilidades de la historias de gánsters para revestir la película con ellas, es decir: con cierta dureza y con trazos existenciales, y mediante ello contar cosas del presente.