Colaboradores voluntarios Momentos de felicidad en el trabajo con refugiados

La siria Hend y la voluntaria alemana Heike se hicieron amigas aquí.
La siria Hend y la voluntaria alemana Heike se hicieron amigas aquí. | © Andrea Marshall

Para finales de 2015, Alemania va a haber recibido a casi un millón de refugiados. Una gran parte del trabajo que esto implica es hecho por colaboradores voluntarios no remunerados. ¿Cómo funciona este encuentro de culturas? Tuvimos una cita en uno de los lugares donde sucede esto en Berlín.

En el ex ayuntamiento de Wilmersdorf se escucha música oriental a todo volumen. En las oficinas que el gobierno local dejó en 2014 por cuestiones económicas, viven aproximadamente 1000 refugiados en diciembre de 2015. Aproximadamente un millón de personas que huyen de zonas en crisis y en guerra habrán sido recibidas en Alemania para finales del 2015.

En el cuarto de mujeres del tercer piso, al que sólo pueden entrar las habitantes y las colaboradoras honorarias pero ningún hombre, están todas de muy buen humor esa tarde. Refugiadas procedentes de Siria, Afganistán, Irak y otros países acaban de terminar su curso de alemán. Mientras que los hombres hacen trámites oficiales para solicitar el permiso de residencia o pedir asilo en Alemania, las mujeres bailan, divertidas, en la alfombra, sacudiendo las caderas como en la danza del vientre. De pronto, una de las mujeres emite una secuencia de agudos gorjeos: una expresión de la mayor alegría.

La suerte de haber sobrevivido

“Se alegran de estar vivas. Eso no es algo que se pueda dar por sentado“, dice la voluntaria alemana Heike, que asiste al albergue de manera regular. Una de las mujeres le contó acerca de la peligrosa huida en un bote inflable por el Mar Mediterráneo para llegar a Europa. Otra, la siria Hend, le enseñó en su teléfono móvil las fotos de su moderna casa en Damasco, que tuvo que dejar cuando salió de esa ciudad, destruida por las bombas.

Heike y Hend se han hecho muy buenas amigas. La siria estudiaba y daba clases de inglés en Damasco. También la alemana, fotógrafa independiente, habla muy bien inglés. Por el contrario, entre otros refugiados y colaboradores honorarios hay masivas barreras lingüísticas que obstaculizan la comprensión. A veces ayudan traductoras de árabe o de farsi. Pero cuando hay que hacerle frente a traumas, también ellas se topan con límites.

200 colaboradoras y colaboradores al día

Fueron las y los colaboradores voluntarios no remunerados quienes montaron el cuarto de mujeres y quienes ahora lo gestionan, igual que el cuarto de juegos para los casi 300 niños, el guardarropa, los cuartos de las medicinas y la recepción de donaciones. Todos se hablan de “tú” y se llaman por su nombre de pila, lo cual no es tan usual en Alemania. Más de 200 de estos colaboradores voluntarios trabajan diariamente y por turnos en la casa, entre ellos hay médicos, psicólogos, maestros e intérpretes, dice el director del albergue, Thomas de Vachroi. Los empleados fijos son minoría. Los colaboradores voluntarios se organizan ellos mismos a través de internet, el grupo de Facebook tiene más de 5.000 miembros.

A los colaboradores voluntarios se les “paga” en una moneda especial: se siente una gran alegría cuando se compromete uno con otras personas para hacer algo bueno, dicen muchos. “Helper’s High” le llaman los sociólogos a esta sensación. “Lo que importa es el corazón”, dice Patricia, y los ojos de la enfermera casi se llenan de lágrimas. Durante un viaje a Siria que hizo en 2010, antes de la guerra civil, disfrutó de una enorme hospitalidad en ese país. Ahora quiere retribuir un poco de lo que recibió.

Tender puentes culturales

También quieren retribuir algo muchas berlinesas y berlineses de ascendencia extranjera: en la planta baja Wambui, keniana de nacimiento, clasifica donaciones de todo tipo, en el comedor la sueca Madeleine y la estadunidense Lynn reparten frijoles con arroz en salsa de curry. Se alegran de poder hacer algo. En otras partes se escucha acerca de colaboradores extenuados, que han sobrepasado sus propios límites. Aquí no se ve nada de eso.

También se tiende aquí otro tipo de puentes culturales. En sentido riguroso, por ejemplo, cuando la orquesta de la Ópera de Berlín dio un concierto en el albergue para refugiados, pero también en la vida diaria: “Nunca miro a una refugiada directamente a los ojos. Eso podría malinterpretarse en su cultura”, explica el colaborador Jens, enfermero de oficio y especialista en computación, quien está instalando el nuevo cuarto para los médicos. Cuando una de las habitantes de la casa se cayó en la escalera, Jens primero le preguntó a su acompañante masculino si estaba bien que le ayudara a la mujer a levantarse. La consideración de Jens con frecuencia se ve recompensada con agradecimiento, a veces también con pequeños regalos: cuando él mismo se resfrió, uno de los habitantes le llevó una naranja para que se curara más rápido. “Son esos pequeños momentos los que me hacen feliz”, dice.

Los conflictos también son parte de la cotidianidad

Claro que también hay conflictos. Pero a diferencia de lo que pasa en otros alojamientos, en Berlín-Wilmersdorf nunca se ha llegado a grandes pendencias entre personas de diferentes nacionalidades. Una razón para esto podría ser que las y los habitantes viven en cuartos individuales, y no todos juntos en un galerón.

Sin embargo, tanto los refugiados como los colaboradores hablan de tensiones, sobre todo entre los hombres jóvenes. Muchos, dicen, están bajo la enorme presión de tener que salir adelante en Alemania. Pero aunque la violencia es cosa de todos los días en muchos de los países de origen, en el albergue se establecen límites claros, explica Philipp Bertram, quien empezó también como voluntario y ahora es subdirector del albergue. Eso sí, los prejuicios son normales, dice, los hay en todas partes donde conviven seres humanos.

Navidad para diferentes religiones

¿Y qué hacen los refugiados musulmanes cuando en Berlín se festeja la Navidad cristiana? Entonces asisten al albergue voluntarios de religión judía –igual que en el Mitzvah Day judío, el día de las buenas acciones–, para sustituir a los voluntarios cristianos. Pues, en última instancia, la Navidad no tiene un significado religioso ni para los musulmanes ni para los judíos. Que los fieles de ambas religiones sean enemigos en otras partes aquí no ha sido relevante hasta ahora. También la voluntaria Heike ha tenido buenas experiencias con estos encuentros. En su fiesta de cumpleaños, su nueva amiga siria Hend conoció a una israelí. Aunque las dos mujeres son oriundas de países vecinos, no fue sino hasta ese día, en Berlín, que Hend tuvo por primera vez contacto con una judía. “Sostuvieron una charla de lo más animada”, dice Heike.
 
  • Un alojamiento de emergencia en el antiguo ayuntamiento © Andrea Marshall
    Un alojamiento de emergencia en el antiguo ayuntamiento

    El ex ayuntamiento del distrito berlinés de Wilmersdorf se utiliza desde agosto de 2015 como alojamiento de emergencia para refugiados. Por razones económicas el gobierno del distrito había dejado el edificio a fines de 2015, y se supone que éste iba a ser vendido. Los empleados de la ciudad se mudaron a otro espacio menos costoso. Después de eso, el edificio antiguo, clasificado como monumento histórico, estuvo vacío por varios meses.
  • Medidas de seguridad © Andrea Marshall
    Medidas de seguridad

    Personal de seguridad controla quién ingresa y quién sale del edificio. Esta medida de seguridad es necesaria, pues junto con el número de inmigrantes ha aumentado también en Alemania el número de ataques a los alojamientos de refugiados. La mayor parte de los guardianes es también de ascendencia extranjera, y puede conversar con los refugiados en árabe y en otros idiomas.
  • En el patio © Andrea Marshall
    En el patio

    Es difícil de creer que en el antiguo edificio administrativo vivan ahora casi 1.000 personas. Entre semana muchas y muchos habitantes de la casa están ocupados en la ciudad, pues tienen que encargarse de formalidades como solicitar un permiso de residencia o pedir asilo político en Alemania. A veces se necesitan semanas enteras tan sólo para obtener una cita con las autoridades correspondientes.
  • Niños jugando en el patio © Andrea Marshall
    Niños jugando en el patio

    Muchos niños y jóvenes asisten ya a una de las llamadas clases de bienvenida en una escuela de Berlín, para aprender alemán. Otros todavía tienen que esperar a que haya lugares libres en las escuelas. Todos los hijos de los refugiados tienen el derecho de ir a la escuela en Alemania, aunque todavía no esté claro si podrán permanecer en el país.
  • El vestíbulo © Andrea Marshall
    El vestíbulo

    En el imponente vestíbulo del antiguo ayuntamiento las alumnas de preparatoria berlinesas Clara (izquierda) y Zaina esperan a que llegue alguien que quiera refrescarse. Las chicas están haciendo sus prácticas escolares en el albergue para refugiados.
  • El comedor © Andrea Marshall
    El comedor

    El comedor en el último piso está abierto de 7 a 22 hrs. El proveedor de comida trabaja con cocineras y cocineros turcos y árabes. Se entregan exclusivamente alimentos permitidos en la cultura gastronómica musulmana (“halal”).
  • Colaboradoras voluntarias © Andrea Marshall
    Colaboradoras voluntarias

    Madeleine (izquierda) viene de Suecia. La contadora pública trabaja como voluntaria en el comedor. Está buscando un empleo, y por eso tiene ahora tiempo suficiente para ayudar. También la maestra pensionada Lynn, de Estados Unidos, asiste de manera regular como voluntaria al alojamiento de emergencia en Wilmersdorf.
  • Amistad © Andrea Marshall
    Amistad

    La fotógrafa alemana Heike y la maestra de inglés Hend, de Siria, se conocieron en el cuarto de mujeres del alojamiento para refugiados en Wilmersdorf. Los hombres no tienen permitido entrar al cuarto de mujeres, aquí las refugiadas y sus visitantes femeninas tienen un espacio propio. Muchas mujeres también se quitan los velos en esa atmósfera protegida. Sin embargo, no quisieron que se les fotografiara con la cabeza descubierta.
  • Las antiguas oficinas ahora son cuartos particulares © Andrea Marshall
    Las antiguas oficinas ahora son cuartos particulares

    Pasillos aparentemente infinitos cruzan el antiguo ayuntamiento. En las oficinas trabajaban antes empleados administrativos. Ahora viven ahí familias y personas solas. Los refugiados no quisieron ser fotografiados en sus cuartos.
  • Clases de alemán © Andrea Marshall
    Clases de alemán

    En estas habitaciones estaba antes la Oficina Topográfica de Berlín. Hoy aquí se dan clases de alemán para refugiados cuya lengua materna es el urdu. Algunos refugiados que trabajaban como maestras o maestros en su país ofrecen cursos de alfabetización para sus compatriotas.
  • Donaciones médicas © Andrea Marshall
    Donaciones médicas

    "Cada uno de los medicamentos, cada camilla y cada botiquín de emergencia que tenemos aquí han sido donados, incluso el aparato de ultrasonido, explica Jens, quien trabajó como enfermero y experto en computación en un hospital. En el refugio ha ayudado, entre otras cosas, a instalar los consultorios de ginecología y de asistencia psiquiátrica.
  • La lavandería © Andrea Marshall
    La lavandería

    En la lavandería la empleada Lidia se ocupa de las lavadoras y de la secadora. En la casa pronto se abrirán también una peluquería y la segunda sastrería. Ya se recibieron las máquinas de coser, que fueron también una donación.
  • Planchar © Andrea Marshall
    Planchar

    Evidentemente planchar no sólo es un trabajo de mujeres en esta lavandería.
  • Clasificando ropa © Andrea Marshall
    Clasificando ropa

    El voluntario Uli ayuda a clasificar la ropa que se ha recibido como donación, la “avalancha de donaciones”, como él dice. Pocas veces se necesita ropa en tallas grandes. Los refugiados casi siempre son más pequeños y delgados que los alemanes.
  • Una caja con tapetes de oración © Andrea Marshall
    Una caja con tapetes de oración

    En el albergue para refugiados también se dispone de tapetes de oración, igualmente recibidos en donación.
  • El cuarto de juegos © Andrea Marshall
    El cuarto de juegos

    Para los más pequeños hay un cuarto de juegos. Quien quiera trabajar como voluntario con los niños, necesita un certificado especial de buena conducta, expedido por la Policía.
  • Gracias © Andrea Marshall
    Gracias

    El agradecimiento de los niños refugiados es uno de los regalos más hermosos que pueden recibir los voluntarios.