Entrevista con Wolfgang Kohlhaase Buenos diálogos no explican continuamente la situación

Wolfgang Kohlhaase
Wolfgang Kohlhaase | Foto: AAPimages/Panckow

El guionista y director Wolfgang Kohlhaase cuenta sobre sus ídolos, diálogos que salieron bien y sobre lo que constituye una buena historia.

Señor Kohlhaase, ¿se puede acordar todavía en qué momento comenzó su pasión por el cine?

El cine era parte de mi infancia. La entrada valía 40 Pfennig pero solo los recibía cada dos semanas. Debía ser en medio de la guerra que vi la película Romanze in Moll de Helmut Käutner. Una buena película y todavía recuerdo que Marianne Hoppe que tenía el papel principal tuvo un impacto silencioso pero fuerte sobre mí.

Junto con el director Gerhard Klein en los año 50 usted introdujo un nuevo realismo al cine de la Alemania Oriental, el cual se orientaba fuertemente al neorealismo italiano. ¿Qué es lo que le parecía fascinante en “Ladrones de bicicletas” de Vittorio Sica o “Roma, ciudad abierta” de Rossellini?

A mí me ayudó conocer al neorealismo italiano y también me animó. Había recién empezado en la DEFA y trataba de imaginarme, si y de qué manera podía hacer películas. Hasta entonces pensaba que películas eran gente disfrazada y a caballo. Con las películas de los neorealistas pensé por primera vez que eran historias como en nuestra casa. Al mismo tiempo eran zapatos muy grandes que uno no podía llenar.

En 1957 filmó con Gerhard Klein “Berlin – Ecke Schönhauser”. ¿Tenía claro de inmediato que la película debía tener lugar en Berlín, al igual que después muchas de sus películas?

Sí, Klein era de Berlín, yo era de Berlín, Berlín era Berlín. Había esa realidad colorada con este y oeste, había aventura y criminalidad. Y como los neorealistas también filmaban principalmente en ciudades grandes dijimos: “Pues claro, Berlín es igual de buena que Roma”. Los neorealistas también me salvaron de tomar como ejemplo el cine de culto soviético del estalinismo tardío que era muy dogmático. Lo único que sabía entonces era: “No quiero hacer nada como eso”.

Una vez dijo en una entrevista que el director Andreas Dresen y usted provenían de una “provincia poética parecida”. Para usted, ¿eso es una condición para trabajar con otros directores?

Sí es importante tener una poesía en común o a lo mejor descubrirla. Empieza con que opinan mal de películas parecidas porque entonces uno sabe como no quiere hacerlo. Si una cosa consiste en diez puntos habría que convenir mínimo en ocho de ellos. Los dos que quedan ya lo ponen suficientemente difícil.

Sus películas se caracterizan por sus muy buenas bromas en el diálogo. En “Solo Sunny” de 1980 Sunny está acostada con su novio, el filósofo Ralph, en la cama. Sunny contempla sus pies que se salen de la manta y dice: “Tus pies se ven tan contentos”. Él: “¿Cómo pueden verse contentos los pies?” Sunny: “Pero se ven así”. Este momento es al mismo tiempo triste y divertido.

He escuchado esa frase y la memoricé porque es una frase tan enigmática para expresar extrañeza; porque en este momento se aparta de él y se da cuenta: hay algo en mí que no entiendes. Personas cuyos pies se ven contentos no me pueden entender. Si ella dijera: “Siempre manejas bastante bien tu vida”, no sería lo mismo.

Entonces, ¿este diálogo salió de su vida?

Sí. El arte y la artesanía consisten en que uno se acuerda de las frases cuando las necesita.

Esto es muy humilde porque los diálogos también están confeccionados. Cada una de sus figuras tiene una actitud y siempre son más de lo que dicen.

Hay diálogos en que las figuras siempre tienen disponibles sus estados de ánimo y los pueden expresar. En realidad, la lengua también está para esconder a los pensamientos. Buenos diálogos no explican continuamente la situación. El diálogo necesita espaciar algo, decirlo todo sin expresarlo todo.

¿Considera a una de sus películas como favorita?

Las películas que aprecio son también las más conocidas: Ich war neunzehn, Der Aufenthalt, Solo Sunny, Berlin – Ecke Schönhauser, Sommer vorm Balkon. Pero también hay una película no tan conocida pero los pocos que la conocen la aman: Der nacke Mann auf dem Sportplatz. La película no funcionó muy bien en el cine pero lo aprecio de todo corazón – por su forma especial, por el recuerdo del tiempo en el que la hicimos y por la gente que participó entonces. Todas las películas mencionadas no estaban de moda y quizás por eso hoy tampoco han pasado de moda. Se pueden contar historias simples de forma complicada y se pueden contar historias complicadas de forma simple. Lo mejor es, pienso a veces, si se cuenta una historia simple de forma simple.

¿Qué es lo que debe tener una buena historia?

Muchas películas solo relatan lo que literalmente tratan. Miras un tiroteo brutal y después vas a tomar una cerveza porque la película no te pide nada, solo te quiere distraer. Pero una buena historia también te guía. Posiblemente una buena historia en el cine es más inteligente que la gente que hizo la película. Lo que uno siempre sueña: que uno da justo con el ánimo del momento. Por eso uno lo hace en realidad.

“Los grandes temas que siempre vuelven son el amor, la muerte y el tiempo”, eso lo dijo una vez. ¿Se queda con eso?

Igual que antes me siento cercano a un cine que tiene que ver con lo cotidiano, con el brillo y el azar de la vida, con la historia aparentemente pequeña pero que contiene un mensaje más grande. Y con películas que no pierden de vista la historia grande y con eso no me refiero a la película de problemática política. Hacer películas con una actitud política es otra cosa que hacer películas políticas. A mí me interesan películas que se permiten una conciencia del estado de las cosas públicas y que tratan de ello.

Entonces, ¿para cuándo podemos esperar la próxima película Kohlhaase?

Bueno, me he hecho mayor. Eso no cambia la seriedad con la que uno se toma la profesión pero desplaza un poco la urgencia. No me tengo que mantener con el mismo esfuerzo en el negocio como los más jóvenes que tienen que entrar. Si todavía se me ocurre algo o si aún me pregunta alguien, entonces es suerte.
 

El guionista, director y autor Wolfgang Kohlhaase nació en 1931 en Berlín. Una colaboración de muchos años lo une principalmente con los directores Gerhard Klein (Berlin – Ecke Schönhäuser, Der Fall Gleiwitz), Konrad Wolf (Ich war neunzehn, Solo Sunny) y Andreas Dresen, para el cual escribió entre otros los guiones para las películas Sommer vorm Balkon y Als wir träumten. Por su trabajo como guionista recibió un gran número de premios nacionales e internacionales. El 13 de marzo del 2016 Wolfgang Kohlhaase cumplió 85 años.