Jazz 2015 Agitación creativa

El baterista Christian Lillinger con Frank Möbus en la formación KUU!
El baterista Christian Lillinger con Frank Möbus en la formación KUU! | © Ralf Dombrowski

En el año 2015 el jazz alemán se presentó con el regreso fulminante de la big band y con una exuberante diversidad en el género. „Rico a través del Jazz“ llama el clarinetista Rudi Mahal a un quinteto berlinés. La expresión es un comentario conscientemente irónico, que sobresalta sarcásticamente la situación predominantemente precaria de los artistas del jazz en Alemania.

Pero, ¿cómo vive y trabaja la mayoría de los jazzistas en ese país en realidad? Un estudio iniciado en el año 2015 sobre las condiciones laborales y de vida de estos músicos en Alemania se ha propuesto averiguarlo. Se trata de un formulario en internet hecho por la Unión de los Músicos del Jazz alemanes junto con el instituto del jazz de la ciudad de Darmstadt y el sindicato IG Jazz Berlin. Además, el estudio cuenta con la asesoría científica del instituto de política cultural de la universidad de Hildesheim. Según el instituto del jazz, el estudio contó con la participación de alrededor de 2100 artistas del género. Los resultados finales serán presentados en marzo del 2016.

El estudio se propone responder por primera vez con datos empíricos seguros preguntas como: si los músicos del jazz en realidad provienen de familias de alto nivel educativo, como se suele asumir, o qué tan alto es el sueldo promedio por cada presentación. Está claro que este sondeo no cambiará rápidamente las condiciones de vida y trabajo de los artistas, sin embargo puede transmitir descubrimientos importantes para los diferentes protagonistas, tanto en el campo de la producción musical y su promoción, como en la prensa y los medios especializados.

Homenajes para un archimelódico

El 2015 fue el año de Eberhard Weber. El legendario bajista de Esslingen celebró su cumpleaños número 75 y recibió en Stuttgart el premio de honor del jazz, expedido por primera vez por el estado federado de Baden-Wurtemberg, en reconocimiento a su obra. A los pocos meses llegaría una celebración más, un premio Echo Jazz, de igual forma en honor a su obra completa.

En el concierto Great Jubilee de Stuttgart (en el cual el autor participó como redactor de la transmisión radial), se le rindió homenaje a Weber por parte de conocidos compañeros como Jan Garbarek, Gary Burton y Paul McCandless, quienes tocaron composiciones de éste junto a la Big Band de la transmisora estatal SWR. En la velada fue evidente la fuerte influencia de los conceptos americanos y europeos del jazz en el estilo eléctrico del contrabajo y en la estética sonora de Weber, lo que se notó particularmente en el estilo de la guitarra y la composición de Pat Metheny. Metheny confiesa que Weber es una sus más importantes influencias y le agradeció a su ídolo con una intervención de 31 minutos de duración.

El primer trabajo de Metheny para un homenaje Big Band integra samples de presentaciones de Weber en solitario y toma este material como base para una composición orquestal de jazz que resulta única en su arquitectura melódica y armónica. A propósito comenta Eberhard Weber de manera lacónica: „No puedo tocar el bajo, pero sé cómo se hace.“

Hablando alemán en el mundo del oo-bla-dee

El 2015 también fue el año de los grandes nuevos talentos. Uno de ellos es Erik Leuthäuser, originario de Freital en el estado de Sajonia. Este transfirió el idioma alemán al mundo del Bebop, de la tierra del Oo-Bla-Dee. Leuthäuser, nacido en 1996, es un maestro del vocalese, es decir, la técnica jazzística de incorporarle textos a piezas originalmente instrumentales. “Me inquietaba que no existiera esta técnica usando el idioma alemán. Hasta ahora sólo se practicaba en inglés por parte de Eddie Jefferson o Jon Hendricks, por ejemplo. Ellos desde siempre me han impresionado.“

El desarrollo de un „Third Stream“

El jazz joven alemán se presentó en el año 2015 tan diverso como radicalmente multiestilístico. Al mismo tiempo se nota una tendencia hacia la transcendencia creativa de las diferencias entre las variedades del género. Dicha tendencia se puede experimentar en los proyectos de Sebastian Stern como Symphonic Society o en los trabajos de Roger Hanschel con el quarteto Auryn. Estas propuestas mezclan elementos del mundo del jazz con aquellos de la música de cámara clásica. Se forma así un exitoso encuentro del jazz con el cuarteto de cuerdas que implica retos mutuos; al mismo tiempo surge una suerte de nuevo “third stream” o tercera corriente, aderezada con los aportes de ambos géneros, el jazz y la música clásica.

Hablando de jazz y música clásica, la gira triunfal de Michael Wollny por las salas de concierto continuó en el 2015. El pianista de Leipzig presenta con su exitoso álbum Nachtfahrten-Viajes Nocturnos- un viaje romántico a un mundo de sueños obscuros, con música tácita y una consciente reducción de sonidos.

Promover, reclamar, investigar

Sin embargo, todos estos logros no consiguen solapar el hecho que los jazzistas alemanes luchan cotidianamente con condiciones adversas. Cada vez más los improvisadores jóvenes, estudiantes de jazz en academias de música del país, deben competir por oportunidades artísticas en clubs cuya cantidad no crece en proporción a la cantidad de nuevos talentos.

En medio de esta situación menos que ideal surgió en el 2015 una sorpresa: el estado de Baden Württemberg decidió aumentar sus fondos anuales para la promoción del jazz en un 120 (sic) por ciento. De esta forma, se contaba con 338.000 euros más que en el 2014. Con este monto adicional se planean esfuerzos que se centren en la promoción de los jóvenes, en el apoyo a músicos profesionales, así como en el financiamiento de festivales y equipos de promoción y clubs de artistas.

Se trata de un apoyo estatal con el cual los músicos de otros estados sólo pueden soñar, pero que podría sentar un precedente. Además de apoyar presentaciones de jazz más allá de las fronteras de Baden-Wurtemberg, se toma en cuenta la promoción de proyectos interculturales como la iniciativa para la música de jazz joven de la zona del Danubio, con sede en la ciudad de Ulm. Esta organiza un nuevo festival de jazz e improvisación, el cual se convierte en punto de encuentro y reunión para jóvenes talentos de los países por los que fluye el famoso río. El JazzFest de Berlín, a su vez, se presentó en su 51. edición con un nuevo director artístico: con el periodista británico Richard Williams se apostó por un programa marcadamente cosmopolita. La reanudación, que contó entre otros con Cecile McLorin Salvant y la orquesta Diwan der Kontinente con 22 músicos residentes en Berlín y originarios de diferentes países y culturas, fue recibida positivamente por el público asistente.

Los agitadores creativos

Toca como una catarata. Sus ritmos tienen toques centelleantes y despabilantemente densos. Se trata de Christian Lillinger, un baterista original y llamativo de música de improvisación experimental. En el año 2015 impresionó con dos proyectos: en su sexteto Grund colaboran técnicas de la nueva música con improvisaciones libres para lograr un sonido que puede parecer caótico y salvaje inicialmente, pero que en realidad es tan compuesto como estructurado espontáneamente. En contraposición, Amok Amor, con el bajista Petter Eldh y el saxofonista Wanja Slavin, es un proyecto exclusivamente de improvisación con un impacto y una fuerza deslumbrantes; una banda que crea energía pura del vaivén entre unión y contiendas musicales.

Los proyectos de Christian Lillinger, Julia Hülsmann, Kalle Kalima y muchos otros reflejan el atractivo de Berlín como centro del jazz, una escena que despierta interés mucho más allá de las fronteras alemanas. Por otro lado, los impulsos surgidos del círculo de Colonia en el 2015 no fueron menos intensos. El alto nivel de autoorganización y de creatividad de esta ciudad y de todo el estado de Renania del Norte-Westfalia se constatan en hechos como el Klaeng Festival del Klaeng Kollektiv, el trabajo hecho por el Club Subway, el Winter Festival así como los trabajos en individual de artistas como Jonas Burgwinkel, Angelika Niescier y Christian Lorenzen.

Sangre nueva para el fósil

Otra tendencia del jazz alemán en el 2015 es la notable efervescencia de orquestas jóvenes. Un fósil despierta; la Big Band, considerada largo tiempo como un modelo obsoleto debido a lo difícil de su financiamiento, está de regreso de manera fulminante. Se trata en su mayoría de jóvenes entusiastas, estudiantes ambiciosos y músicos profesionales, quienes animan este renacimiento: en Hanover la orquesta Fette Hupe con Jörn Marcussen-Wulff y Timo Warnecke, en Hamburgo/Leipzig Lars Seniuk y la New German Art Orchestra, en Colonia la Subway Jazz Orchestra con Tobias Wember, en Berlín Malte Schiller con Red Balloon. Ellos y muchos otros conjuntos representan el deseo de los músicos por expresar las diversas experiencias que acumulan en sus vidas con la paleta emocional de una orquesta jazzística, para transformarlas en un nuevo lenguaje musical de Big Band europeo.

Es conveniente entonces que independientemente de este desarrollo se haya anunciado a finales del año que la prestigiosa Big Band de la transmisora pública WDR, con su proyecto de Colonia con el arreglista y trombonista estadounidense Marshall Gilkes, haya sido nominada a dos premios Grammy. Los artistas fueron tomados en cuenta en las categorias Best Large Jazz Ensemble Album y Best Instrumental Composition, por la obra Vesper.

De tal manera que, a pesar de cuanta adversidad pueda aún existir, el panorama es muy alentador: hoy en día, el jazz Made in Germany es degustado y disfrutado incluso en la cuna mundial del género.