Gregor Sander De mares y personas

Gregor Sander
Gregor Sander | Foto: Sintje Sander

Las novelas y narraciones de Gregor Sander parecen cotidianas. Pero en sus breves historias se despliegan vidas y relaciones conmovedoras.

Un hombre abandonado viaja hacia el norte, a Kiel, y visita a un viejo amante de su madre. Un director de teatro busca a su hermano gemelo en Finlandia. Una mujer vuela a la isla de Hiddensee para cocinar un asado de rabo de res. Éstas son tres de las historias del volumen de cuentos En otro mundo (título en alemán "Winterfisch") de Gregor Sander.

Las cortas narraciones y novelas que Gregor Sander escribe parecen incidentales, a primera vista. Se actúa poco y se habla menos. Quizá, dice Gregor Sander, quizá eso tenga que ver con el mar.

Gregor Sander nació en 1968 en el Este de la Alemania dividida, en Schwerin. Desde ahí  el mar más cercano, el Báltico, queda a media hora en coche. Empezó a escribir siendo todavía un niño, bien pronto sintió el deseo de contar historias.  Historias sobre animales, por ejemplo. Después las pasaba en limpio en una vieja máquina de escribir, pero no se las enseñaba a nadie.

Hoy Sander escribe sobre personas. Breves y complejas narraciones sobre sus relaciones y su pasado. Sus protagonistas son parejas y familias, extraños y amigos. En las situaciones cotidianas se revelan lentamente los rasgos de su carácter y su vida, se despliegan sus  propias historias. Así uno se acerca cada vez más a los personajes de Sander. Personajes como Christoph, quien en su primera novela, Ausente, debe cuidar a su padre, en estado vegetativo desde hace algunos meses. O Astrid, de cuyas historias de amor antes y después de la caída del Muro de Berlín trata su libro más reciente, Lo que hubiera sido ("Was gewesen wäre").

Haciendo equilibrios entre las épocas

Su forma de narrar Gregor Sander la ha ido desarrollando y refinando al paso de los años. Todo el tiempo está saltando y haciendo equilibrios entre los distintos planos del tiempo, incluso en las historias más breves. Es sólo gracias al pasado que el presente resulta comprensible. Gracias a la felicidad desvanecida u olvidada de la que nos cuenta, a los golpes del destino, a los fragmentos de historia alemana del siglo XX. Destierro y pérdida, vigilancia y fuga.

Sander no tiene  modelos. Dice que su estilo se fue dando mientras escribía. El juego con los tiempos le gustó y lo conservó. “A veces me siento casi maniático, cuando poco antes del final de una historia vuelvo a saltar al pasado de un personaje”, dice Sander.

Al hacerse mayor Sander dejó de escribir durante algunos años, pero se hizo de muchas experiencias. Alemania todavía está dividida cuando hizo una formación como cerrajero. Y también cuando completó una segunda formación, esta vez como enfermero. Entonces cayó el Muro que había dividido Alemania durante toda su vida. Gregor Sander tenía veintiún años. “Todo era como un gigantesco parque de diversiones”, dice hoy. Entonces no tiene un plan fijo, estudia medicina, vuelve a escribir, se muda a Berlín, estudia Germanística, asiste a una escuela de periodismo, y cumple 30 años. Y le sucede lo que a los personajes de sus libros. Algo pasa, y Sander permite que eso cambie su vida. Sander se postula, “con un poco de delirio de grandeza” a una beca del Senado de Berlín para escritores berlineses. El jurado lo elige y Sander acepta la aventura. Se convierte en escritor.

Historias que son como mirar el mar

Desde entonces ha publicado dos volúmenes de narraciones, un diario del año 2013 y dos novelas. Por el momento está escribiendo un guión, su novela Lo que hubiera sido va a ser filmada. No importa qué esté escribiendo, a Gregor Sander le resulta importante que sus textos apelen a los sentidos. Quien lea sus libros debe poder mirar a las aguamalas en la dársena, saborear el rabo de res, pasar frío en el invierno finlandés. Sus lectoras y lectores deben poder ponerse en el lugar de los personajes, quedarse enganchados con sus historias y en su época, estar con ellos. 

Un entorno determinante de las historias de Gregor Sander es el mar Báltico. Un mar oscuro, rodeado de tierra, que siempre está frío y a veces se congela. Parco, peligroso e imposible de ser explorado. Muchas de sus historias suceden a orillas de este mar, que lo fascinó desde que era un niño. Con el libro En otro mundo le dedicó un libro entero. Ocho narraciones están escritas alrededor del Báltico, se desarrollan en Finlandia, Suecia, Lituania y en la costa alemana, la novena  sucede directamente en el mar. Sus historias, que son como mirar el mar: lo ponen a uno pensativo y melancólico,  cada frase incidental puede llevar los pensamientos a otra parte. Aunque no todo es sombrío, hay también momentos alegres, absurdos, románticos. El libro ha recibido varios premios, entre ellos el Premio para Narradores Alemanes, por el mejor volumen de narraciones.